La congregación de las artes

Congregación Teatro es una compañía dirigida por el actor Johan Velandia y que lleva las problemáticas sociales a un campo donde caben el sarcasmo y la reflexión. A través de las artes, este grupo nos muestra apartes de la realidad colombiana.

Congregación Teatro es un proyecto cuyos artistas se establecen de manera itinerante, con pocos actores permanentes. /  Cortesía
Congregación Teatro es un proyecto cuyos artistas se establecen de manera itinerante, con pocos actores permanentes. / Cortesía

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No se trata de una hermandad religiosa, ni de una cofradía devota que la Iglesia católica denomina congregación para darle nombre a la comunidad que se dedica a los ejercicios eclesiásticos. Sí, es una comunidad ferviente de la divinidad, pero de la perfecta complejidad de develar a través de las disciplinas artísticas los acontecimientos sociales que sucumben a una realidad actual. Una congregación que alude de manera sarcástica, pero cuestionando, criticando y reflexionando a través del teatro, la manera más sencilla de iniciar un cambio social.

Es así que se construye entonces una comunidad de artistas de distintas disciplinas, un grupo conectado con la idea de hacer arte y que lleva más de diez años creando historias teatrales, combinando la literatura, la danza y la música en un solo acto. La Congregación Teatro, entonces, es una compañía que, además de reunir estas cuatro disciplinas, se convierte en un espacio en el que sus integrantes transitan en medio de la camaradería.

“Creo que si el teatro no aborda o no se da a la tarea de indagar lo que nos pasa en nuestro momento histórico, no tiene validez. Creo que el teatro tiene un poder de transformación impresionante y la única forma de abordarlo de manera directa es con esas temáticas sociales, políticas y religiosas”, afirma Johan Velandia, actor, director, dramaturgo y creador de la compañía, un proyecto al que dio inicio cuando realizaba sus estudios de actuación en la Facultad de Artes de la ASAB.

Durante el Festival Casabierta, organizado por la ASAB, este dramaturgo presentó El club de los corazones despistados, con seis músicos, seis bailarines y seis actores, un proyecto que le dio origen a la compañía teatral que se llamó Cuarto Vagón en el año 2004, la misma que después se llamaría Congregación Teatro. “Cuarto Vagón era realmente porque reunía esas cuatro artes o disciplinas: la literatura, el teatro, la danza y la música”, explica Velandia.

Obras como El infinito sin estrellas (2005), Capítulo Doce (2007) y La correspondencia (2008), entre otras, eran desarrolladas por este grupo de artistas, siendo Velandia el director y dramaturgo. Para el año 2010, la compañía empieza a tomar otro rumbo y es en el año 2012 cuando este dramaturgo colombiano regresa de España para reconstruir este proyecto con nuevas propuestas, incluyendo la comedia, el suspenso y hasta el clown entre los géneros teatrales.

La parábola del insulto (2013) tendría mucho que ver con la variación en el nombre de este proyecto. Es una historia sobre un grupo de monjas que buscan que los feligreses regresen a la iglesia a través de parábolas de una manera totalmente distinta, una obra que realiza una fuerte crítica a la religión.

“De ahí salió el nombre de la Congregación Teatro, porque esto era una congregación de monjas y digamos que en todo el tema religioso de las obras, casualmente —no por nada planeado—, siempre ha existido una crítica a los sistemas religiosos, al judeocristianismo, a la influencia tan nefasta que ha tenido en nuestra cultura. Congregación me pareció entonces una manera muy cómica de reírme de esta situación, que nos pasa a todos los colombianos. De ahí surgió el tema de tener una congregación de actores que iban y venían, de armar una familia con la que hemos empezado a trabajar y a crear”.

Congregación Teatro se convierte en un proyecto cuyos artistas se establecen de manera itinerante, manteniendo solamente a dos actores de manera permanente: la actriz Diana Belmonte y el dramaturgo Johan Velandia. Sin olvidar nunca el diálogo constante entre estas cuatro artes, sus obras empiezan a desglosarse entre las temáticas que se fundamentan en la historia, la memoria, las problemáticas políticas y sociales, arrancando precisamente con La parábola del insulto, una clara y contundente crítica a la religión.

Camargo llega en el 2015 con una propuesta que torna la historia de un asesino de una manera distinta a la que se suele presentar, esta vez vista desde la razón. Daniel Camargo Barbosa fue un colombiano que entre 1984 y 1986 logró causar terror en Ecuador, un hombre que violaba y asesinaba a mujeres entre los ocho y veinte años de edad. La historia de aquel hombre siniestro que operó no sólo en Ecuador sino también en Colombia y otros países de Latinoamérica, hizo que esta compañía teatral escudriñara en la memoria de nuestro país para sacar a la luz la vida de un asesino: “¿Qué le pasa a un hombre para convertirse en un asesino en serie? Qué malo fue, qué criminal, la pena de muerte, todo lo que nosotros juzgamos alrededor de una persona que le ha hecho tanto daño a la sociedad. Pero luego en la investigación biográfica encontramos en un libro muy importante de Esteban Cruz, Los monstruos en Colombia sí existen, y en un libro del psiquiatra Óscar Bonilla, quien trató a Camargo cuando lo atraparon en Ecuador, a un niño también violentado. Vemos a un adolescente maltratado por la familia, por la pobreza, y vemos a un ser humano muy frágil que se endurece a partir del odio”, explica Velandia. Y es que la obra de suspenso se desarrolla alrededor de una mesa, en donde el público tiene la oportunidad de convivir con esa intimidad del asesino, haciendo cómplice al mismo espectador.

Siendo esta una de las obras más reconocidas a nivel internacional de Congregación Teatro, la versatilidad los llevó a tornar su trabajo en algo más crítico y de reflexión para la sociedad. En el mismo año nace Trío payaso, que trata sobre un grupo de músicos que a través de sus canciones le cantan (en primera instancia) a la situación del teatro en Colombia. “Ojalá que la industria entendiera por fin que el artista merece más que aplausos y flores”, dice la canción de este trío, titulada La canción del oficio. Diana Belmonte, Milton Lópezarrubla y Emmanuel Contreras conforman este grupo que a través del clown, además de divertir, de manera sarcástica da a entender situaciones sociales de alto cuestionamiento.

“La industria nos está comiendo nuestras posibilidades. En este mismo momento tenemos una significativa reducción de los Estímulos del Ministerio de Cultura, y frente a las artes de Idartes tenemos una política naranja que no está contribuyendo para nada ni al proceso de paz, ni a nuestros lineamientos como artistas colombianos. Trío habla de eso. Es una crítica absoluta al medio y a la industria en relación con la televisión y al teatro”, dice el director de Congregación Teatro.

El clown aparece entre las múltiples facetas de esta compañía, el mismo género que logró reunir a Diana Belmonte (actriz de clown) y a Johan Velandia, quien manifiesta su constante interés por la comedia y la farsa. Es así como nace Momo, una obra inspirada en la novela del escritor alemán Michael Ende. Con tintes infantiles, se trata de una fábula inteligente sobre el consumismo, sobre los hombres grises que nos exigen que el tiempo es oro y que hay que aprovechar cada minuto de tiempo trabajando y produciendo dinero. “Lo vemos en nuestro país con todo este tema de la paz, de los detractores de la paz, de los que quieren la guerra para justificar sus intereses económicos personales o familiares… ¿Cómo hablarles de la situación de nuestro país a los niños? Encontré en Momo una excusa y una excusa del teatro musical”.

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