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La faceta oscura de la comedia

‘Pillowman, el hombre almohada’, basado en un texto del escritor anglo-irlandés Martin McDonagh, es el más reciente montaje teatral de La Compañía Estable.

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Katurian Katurian, nombre y apellido, padeció el penoso proceso de la estimulación temprana. Sus padres lo obligaban a escuchar los gritos de pavor provenientes del cuarto contiguo y a él sólo le quedaba imaginarse lo que estaba sucediendo detrás de la pared. Esa manera poco adecuada de fomentar la ficción en la cabeza de un niño tuvo el resultado esperado: un adulto con serios problemas personales. Todas esas imágenes que se creó para solucionar sus interrogantes fueron plasmados en cuentos literarios de cuestionada calidad, en los que el común denominador es un niño maltratado, abusado, torturado y con pocas esperanzas de tener una vida dentro de parámetros normales.

Así de cruda es la trama del montaje Pillowman, el hombre almohada, que está en temporada en el Teatro Libre de Chapinero y que por sus condiciones está catalogada como una obra del género de la comedia negra. El humor, el sarcasmo y la ironía acompañan el desarrollo de cada una de las escenas de esta propuesta, basada en un texto del escritor anglo-irlandés Martin McDonagh, considerado uno de los dramaturgos y cineastas más importantes del Reino Unido en la actualidad.

Gran parte del ingenio de esta creación gira en torno a Katurian, interpretado por Andrés Parra, un escritor inédito que en una dictadura es detenido y torturado por las autoridades debido a las coincidencias existentes entre el desarrollo de sus cuentos y algunos asesinatos ocurridos en la ciudad. Las escenas generadas por la imaginación del personaje son reproducidas en las calles, los maltratos a los niños protagonistas de sus escritos son idénticos a los que se reportan y eso hace que la policía piense que Katurian tiene algo que ver en esta serie de crímenes infantiles. Lo sacan de su casa en pijama, atuendo con el que permanece a lo largo de la obra; le tapan los ojos, lo torturan, lo presionan diciendo que su hermano menor corre peligro y casi que lo obligan a decir que él es el responsable de que la crónica roja tenga con qué llenar sus páginas.

El policía bueno, Tupolski (Orlando Valenzuela), y el malo, Ariel (Felipe Botero), son también parte fundamental de la puesta en escena, pues son ellos los que interactúan la mayor parte del tiempo con el protagonista.

De la mano de Pedro Salazar, director de muchas de las iniciativas de La Compañía Estable, los actores Andrés Parra, Orlando Valenzuela, Felipe Botero, Nicolás Cancino, Marcela Bustamante, Álvaro Franco, Elina Fernández y Daniel Calderón se encargan de explorar los recursos de la comedia negra y lo hacen con mucho acierto, porque el desarrollo de la obra es coherente, la idea es novedosa y las actuaciones convincentes.

Pillowman, el hombre almohada dura dos horas con intermedio. Sin embargo, la obra permanece en la cabeza mucho más tiempo, porque sus discursos invitan a la reflexión. El humor negro en este caso tiene un propósito, el de pensar en la realidad.

 En temporada hasta el 31 de julio con funciones de jueves a sábado a las 8 p.m. en el Teatro Libre de Chapinero, carrera 11 Nº 61-80. Informes y reservas: 217 1988.

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