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Con un deseo y un llamado a la calma y la paz, el Instituto de Color Pantone anunció recientemente el color del año 2026. Bajo el nombre de “Cloud dancer” (Bailarín de nubes, en español) revelaron que el tono estrella del año entrante será un “blanco elevado”, según lo definió el instituto. A este asociaron conceptos como la serenidad y la reflexión silenciosa. “Cloud Dancer fomenta la verdadera relajación y concentración, permitiendo que la mente divague y la creatividad respire, dejando espacio para la innovación”, mencionaron en el anuncio.
Lauire Pressman, vicepresidenta de Pantone, dijo sobre la intención detrás de la elección: “Al deshacernos de las capas de pensamiento anticuado, abrimos la puerta a nuevos enfoques. Un blanco diáfano, PANTONE 11-4201 Cloud Dancer, abre espacio a la creatividad, permitiendo que nuestra imaginación vuele para que surjan y tomen forma nuevas perspectivas e ideas audaces”.
A pesar de estas declaraciones, una vez el anuncio llegó a redes sociales se encendieron múltiples conversaciones con voces que apoyaban la decisión, viéndola como una herramienta de mercadeo para marcar tendencias, mientras que otros, como la periodista Callie Holtermann, hicieron públicas sus críticas. “Sin duda, es una elección notable después de un año en el que se desmantelaron los programas de D.E.I. y el partido en el poder ha estado debatiendo cuán amigable sería con un nacionalista blanco”, dijo. Otras personas con opiniones similares apuntaron a esta elección como un “signo de recesión” y “conservadurismo”, mientras que otros señalaron que este color ha tenido una connotación de pureza, neutralidad, divinidad y riqueza a lo largo de la historia.
El blanco, una historia milenaria
La relación de la humanidad con este color no es reciente. Se remonta a milenios y ha sido catalogado como uno de los primeros tonos utilizados por la humanidad en sus representaciones pictóricas. Con el paso del tiempo, ha sido utilizado para representar nubes, nieve, telas, rayos de divinidad emanando de las manos de Cristo, flores y mucho más.
El blanco, para algunos, no existe, como dijo Beatriz González en 2022: “Decidí que el blanco no existía, que uno no debía usar el blanco, que el blanco no es un color ni nada”. Este color es lo que nuestros ojos y cerebros registran cuando convergen todas las longitudes de onda de luz y se reflejan en un objeto. Para crear un pigmento blanco es imposible partir de algo que tenga otro tono que no sea este mismo, pues cualquier adición de otro color lo llevará inevitablemente hacia el negro. “Esto se debe a la forma en la que nuestro cerebro procesa la luz. Mientras más pigmentos haya en una mezcla, menos luz será reflejada hacia nuestros ojos y el color se oscurece”, escribió Kassia St. Clair en su libro “Las vidas secretas del color”.

El primer uso del blanco como un color fue durante la prehistoria. “Nuestros antepasados usaban tiza para sus trazos, también conocida como carbonato de calcio, una piedra caliza blanda. Este compuesto químico resulta invaluable en la pintura al fresco, donde el artista aplicaba el color directamente sobre el yeso húmedo. Como resultado, el carbonato de calcio se formaba al combinarse el dióxido de carbono del aire con el hidrato de calcio del yeso húmedo”, escribió Lilly Middleton para la National Gallery de Londres.
Tan bello como letal
Sin embargo, el carbonato de calcio y el color que daba dio paso a otros materiales utilizados para crear más tonos de blanco. El siguiente elemento protagonista en la creación de estos pigmentos fue el plomo. De acuerdo con St. Clair, el resultado de la creación de este tipo de blanco era una mezcla opaca y gruesa que, además, era tóxica. Se cree que este pigmento comenzó a fabricarse en Anatolia hacia el 2300 a.C.
“Se colocaban tiras de plomo en un compartimento dentro de una olla de barro especialmente diseñada, dividida en dos. Se vertía vinagre en la otra mitad; luego, las ollas se rodeaban con estiércol animal y se guardaban en un cobertizo con una puerta hermética durante treinta días”, escribió la autora del libro. Tras una serie de procesos químicos que sucedían al interior de esa habitación, se recogían las tiras que habrían estado cubiertas con una sustancia de textura hojaldrada, la cual era convertida en polvo y luego vendida.
Durante siglos se registraron los síntomas que padecían los encargados de su producción y, además, es bien conocido que este pigmento fue ampliamente utilizado en productos cosméticos, como en la corte de la reina Isabel I. De acuerdo con Middelton, artistas como Van Gogh y Goya sufrieron de envenenamiento con plomo. La manufactura de este pigmento fue prohibida finalmente en el siglo XIX.
Como el blanco plomo, hay una gran cantidad de tonos de blanco conocidos, que varían sutilmente entre sí. Beige, blanco titanio, “whitewash”, marfil, blanco leche, entre otros, son algunos de los colores que hacen parte de esta familia.
La cercanía a “Cloud dancer”
Las diferencias entre cada tono de blanco suelen ser mínimas y, por lo tanto, hay colores que pueden llegar a ser muy cercanos entre sí. Este es el caso de blanco isabelino con el color de 2026 elegido por Pantone.
El nombre otorgado a este color surgió de dos miembros de la realeza en el siglo XVII. Según una leyenda popular, cuando el archiduque Alberto VII de Austria, esposo de la Infanta Clara Eugenia de España, comenzó el asedio de Ostend en 1601, ella juró no cambiar su ropa interior blanca hasta que él regresara. Al final de los tres años que duró la campaña militar, el color de sus prendas fue el que dio origen al blanco isabelino. Sin embargo, de acuerdo con St. Clair, este es un mito fácil de desmentir, pues el rumor apareció por primera vez en el siglo XIX.

Además, el blanco isabelino fue, de hecho, asociado a la reina Isabel I. En el inventario del guardarropa de la reina de Inglaterra, del año 1600, un año antes del asedio de Osten, se encuentran dos prendas de “color isabelino”. Sin embargo, este blanco con tintes de amarillo pálido no fue muy popular y su fama duró muy poco tiempo, pues se ensuciaba con facilidad.
A pesar de las leyendas y verdades asociadas a su origen, este color, de acuerdo con la escritora, también ha sido asociado a las mutaciones genéticas que se observan en animales como pájaros y caballos, donde sus plumas o pelaje que deberían ser oscuros, en vez presentan un tono mucho más claro.
El simbolismo controvertido del blanco
Más allá de los orígenes de este color y la fabricación de pigmentos en este tono, el blanco ha sido asociado con múltiples conceptos e ideas a lo largo de la historia. Este color comenzó a ser asociado con una vida lejos del sol, pues la piel de quienes podían darse el lujo de no estar al aire libre a diario tendía a ser más blanca y pálida, a comparación de lo que sucedía con quienes, por ejemplo, se dedicaban a la agricultura.
“Durante gran parte de la historia de la humanidad, el blanco ha sido símbolo de pureza. Lo usaban las sacerdotisas del antiguo Egipto y Roma, mientras que los templos antiguos estaban revestidos de mármol blanco. El Papa viste de blanco desde 1566, como símbolo de pureza y sacrificio, y lo usan los peregrinos del islam y del sintoísmo japonés”, escribió Rachel Holmes para The Guardian. Parte de esta asociación con la pureza se cruza con la moda, pues el blanco en vestidos de novia fue una tendencia que se impuso hacia el siglo XIX, con la boda de la reina Victoria en 1840.
Más allá de la pureza, la divinidad y la religión también dieron paso a otros simbolismos asociados al blanco. Por ello es que en las pinturas europeas se ve a ángeles portando el color en sus prendas, como signo de bondad. Asimismo, sucedía con la vestimenta de la Virgen María o en situaciones como la Inmaculada Concepción. En otras culturas, este color fue asociado a lo divino. Por ejemplo, en el hinduismo, el blanco representaba la verdad divina, mientras que en el budismo significaba la iluminación y alcanzar el Nirvana.
“El simbolismo del blanco trasciende el significado religioso. La mitología antigua también le otorgaba un lugar especial. En la mitología griega, se asociaba con la curación, la protección y la fertilidad. En la mitología nórdica, se consideraba símbolo de prosperidad, suerte y victoria”, escribió el artista Adrian Reynolds.
De acuerdo con Danny Lewis, de la revista Smithsonian, la dicotomía entre el blanco y el negro, como colores, en las cortes europeas comenzó con la colonización, cimentando las creencias racistas que se han perpetrado. “Como la suciedad se notaba con mayor facilidad en la ropa blanca, escribe Humphries, pronto se convirtió en un símbolo de la moda europea, pero no porque los ricos no se ensuciaran la ropa. De hecho, se creía que la ropa blanca limpiaba el cuerpo, eliminando la suciedad y la mugre al usarla. Con el tiempo, la idea de que la ropa blanca tenía beneficios especiales para la salud desapareció, pero el prestigio del color se mantuvo debido a lo difícil que era limpiar las prendas. Por eso, la frase “cuello blanco” se asoció con trabajos de alto nivel”, escribió Lewis.