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Ai Weiwei es un hombre que no se rinde, ni aunque su vida esté en riesgo. Parece tener un impulso incontrolable de resistencia, así como un temple que se fortalece cada vez que alguien lo ataca. Cree en la franqueza y la importancia de poder expresarse, como equivalente a la necesidad de respirar. Uno no puede vivir su vida plenamente si no se expresa o no puede hacerlo.
Tuve acceso ilimitado a filmar su vida, lo cual creo que es resultado de que él aceptara mi método, mi paciencia y persistencia, así como de su voluntad de mostrar que no tenía nada que esconder.
Desde mi primer viaje a China en 2010 me impuse una sola regla: estar con Ai Weiwei tanto tiempo como fuera posible y grabar sólo cuando él estuviera presente. Mi intención no era presentar una imagen vasta de China, ni tampoco que muchas personas expresaran sus opiniones sobre Ai Weiwei. Dejaría que el público se hiciera su propio juicio al ver la China que él vive: como artista privilegiado y, a la vez, como humano vigilado y oprimido. Además tenía la ambición de presentar mi punto de vista de la forma más “pura” posible, al compartir la visión de Ai Weiwei sobre cómo veo China.
La película comenzó como el retrato de un artista, pero ha evolucionado para convertirse en una historia universal sobre un hombre y su lucha. Se ha convertido en una historia épica, en la que Ai Weiwei es una metáfora de la existencia dentro de una sociedad cerrada, opaca y manipuladora.
“China no puede darse el lujo de no cambiar”
¿Cómo le gustaría que reaccionara la gente al ver la película?
Creo que, al verla, el público me conocerá un poco mejor y sabrá qué asuntos me preocupan como artista. Me gustaría que pensaran acerca de la libertad de expresión, que sean conscientes de que es un derecho muy valioso que hay que atesorar. En muchos lugares del mundo uno puede perder por completo su libertad simplemente por reclamarla, sin tan siquiera tener la oportunidad de expresarse. En muchas sociedades desarrolladas las personas dan por sentada la libertad de expresión, pero sería un crimen ignorar los esfuerzos que otros hacen por salvaguardar este derecho. Las personas comparten los valores como una propiedad común. Uno no puede fingir que no sabe ni decir que estos temas no lo afectan. Hacerlo nos convertiría en personas muy egoístas e imprudentes.
¿Qué imagen de China muestra el documental?
El documental habla de la realidad que ha existido en esta tierra durante décadas. China se está desarrollando, pero en algunos casos, por ejemplo en lo relativo al sistema de justicia y la libertad de expresión, casi no lo ha hecho. Todavía está bajo un control muy estricto, pero China no puede darse el lujo de no cambiar. El cambio toma tiempo, y sólo ocurre cuando hay presión, cuando se exige.
¿Qué cree que pensará el público chino de la película?
Sólo un público muy reducido verá está película en China, en Youtube o en línea, y serán muy pocos, menos de 0,1% de aquellos que cuentan con la tecnología necesaria para saltarse los impedimentos de la red nacional para verlo. Pero incluso a esa pequeña escala es muy importante: el esfuerzo es importante sólo porque es muy difícil. Aunque, en realidad, todos deberían poder verlo: el Gobierno, los oficiales y la policía deberían ver el documental. Deberían comprender y enfrentar la realidad, entender la razón de la lucha. De otro modo nunca podrán evaluarse a sí mismos. Ellos creen que Occidente odia a China o que intenta derrocar al Gobierno, pero en realidad no examinan cada caso individualmente para conocer cuál es su intención y así poder mejorar. Esta película ayudará a que las cosas mejoren y a que se comprenda cuál es la situación actual.
Traducción: Yul López.
*Director de Ai Weiwei: The Fake Case.