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La música y su sacro deber

La directora y fundadora del Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, que celebra su quinta edición, relata en detalle cómo ha sido la consolidación de este extenso encuentro cultural.

07 de septiembre de 2016 – 09:00 p. m.
El Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá ofrece presentaciones en las que se incluyen diversos formatos instrumentales. / Cortesía
El Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá ofrece presentaciones en las que se incluyen diversos formatos instrumentales. / Cortesía

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Cumplimos ya cinco años. Han sido hasta el momento un poco más de 6.000 noches dedicadas, una a una, a soñar Festival, a reflexionar Festival, a construir Festival. Puedo confesar que algunas de ellas han sido amargas, otras, por el contrario, dulces y alentadoras. De cualquier forma, cada noche que pasa trae consigo nuevas lecciones de vida, novedosos campos de conocimiento, otras relaciones humanas y retos por desarrollar.

No ha sido fácil. Al contrario, ha sido tremendamente difícil. Abrir un espacio en la agenda cultural de una ciudad como Bogotá de 8 millones de habitantes; abrir un espacio en el corazón de los bogotanos, de los colombianos, de los extranjeros; despertar la conciencia, el interés y conseguir el respaldo de las instituciones y las empresas ha sido un trabajo arduo y de mucha constancia. Una lucha, de tiempo, de consagración, de hablar con hechos, y de paciencia.

Como comunicadora social y periodista, pero además con formación en violín desde temprana edad, quise dedicar mi profesión a la gestión cultural, especialmente en el área de la música. Y fue así como, a través de InterColombia, una entidad fundada por mi familia hace 19 años para promover la cultura en Colombia, comencé este proyecto.

El Festival, que desde el primer momento recibió el apoyo del cardenal Rubén Salazar Gómez, de la Arquidiócesis de Bogotá, de la Conferencia Episcopal y de su Comité Ecuménico, integrado por los líderes religiosos de Colombia, lo dedicamos al aniversario número 50 del Concilio Vaticano II, como respuesta ante la necesidad de ofrecer un espacio de unión, diálogo, respeto a la diversidad de creencias, comprensión mutua y una cultura de paz. Músicas sagradas, religiosas, espirituales, de diferentes credos, de todos los estilos y tiempos, fue una propuesta única, novedosa, rara y que llamó el interés de diferentes esferas de la sociedad.

Este proyecto de Bogotá, en Bogotá, para Bogotá y de la capital colombiana hacia el mundo y viceversa, se ha venido desarrollando por toda la ciudad. Se quiso hacer de esta manera para que sus habitantes y turistas tuvieran la oportunidad de conocer los espacios que con su arquitectura y paisajismo caracterizan la capital.

El Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá es un proyecto que, aparte de proponer un panorama artístico-musical, ofrece un espacio para la reconciliación. En estos tiempos de escepticismo, de individualismo, de consumismo, no dejan de ser factores generadores de agotamiento en la vida cotidiana. Y cuando no hay tiempo sino para las labores diarias e inmediatas, abrir espacios para lo trascendental, para la reflexión, para la contemplación, es cada vez más complicado, aunque no imposible.

Cada concierto, a través de sus músicas sagradas, bien sea de tradición occidental o de otras latitudes, invita a la profunda reflexión sobre el sentido de la existencia humana y un delineamiento de los objetivos de nuestras vidas. Esta particularidad de la búsqueda del contacto del hombre con Dios y las fuerzas sobrenaturales tiene una dimensión antropológica particular, rodeada del misterio. ¿Acaso no conocemos en nuestras experiencias esos inquietantes roces del misterio que sentimos en algunos momentos y que muchas veces, hasta por miedo, queremos olvidarlos? Es precisamente esta razón la que despierta en nosotros aún más inquietudes porque, a pesar de que queramos ser muy racionales y muy racionalistas, lo inexplicable se hace encontrar con alguna frecuencia. Estas señales están también relacionadas con nuestras emociones y nuestros sentimientos, toda una infraestructura bastante descuidada por el hombre contemporáneo.

Recordemos que la condición metafísica de la belleza une esta característica con la verdad y la bondad. Por eso, desde la antigüedad, el bien se refugia en la belleza. Creo que tenemos que divulgar más la belleza y el amor que están en el mundo desde su creación y nos hacen más personas, nos hacen crecer. La música que suena en el Festival ayuda a comprender las dimensiones del amor y a vivirlo en un ambiente pacífico, de respeto y amistad.

Es interesante ver cómo en cada tradición de cada país se puede enfocar la celebración de hitos históricos reflejados en la música sacra y es así como a través de las cuatro semanas de Festival podemos hacer un recorrido por la historia universal, por los siglos y milenios. Dar a conocer las tradiciones culturales del mundo y las propias de Colombia a través de la espiritualidad de la música, desde las más familiares hasta las más extrañas, ofrecer la posibilidad de traer expresiones musicales poco comunes en el país, ofrecer la oportunidad para promover artistas nacionales de primer nivel, pero también dar un espacio para los nuevos talentos, e invitar a los grandes intérpretes de la música sacra en el mundo, fue una propuesta ambiciosa, al comienzo muy cuestionable, pero acertada en estos tiempos.

Estas fueron las razones por las cuales surgió la creación del Festival Internacional de Música Sacra de Bogotá, viendo la necesidad de ahondar en este gran campo humano y las manifestaciones de lo divino.

Confieso que me siento respaldada por Dios. Y una demostración de la Divina Providencia fue rodearme de personas con tanta sensibilidad artística y humana como los son los miembros de mi Patronato, los miembros del Comité Artístico, mis aliados y patrocinadores, mi familia y el equipo de trabajo de InterColombia. Sin ellos, esto sería imposible. Sus aportes han sido decisivos para la consecución del proyecto.

Siento una grata satisfacción de ver cómo año tras año se ha ido creado un tejido de sueños y se ha ido consolidando este Festival. Día a día son más las personas que nos acompañan, que valoran los esfuerzos realizados, que se ofrecen a colaborar, que lo disfrutan y esperan una nueva edición con mucha ilusión. Sólo me queda decir que ¡Hay festival para largo!

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