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La novela de un fabricante de cartón

Por cuarenta años trabajó como obrero, sin embargo su vida transcurrió también entre novelas calladas que nadie publicó. El más reciente descubrimiento del editor Jaume Vallcorba conquista la crítica con su novela ‘Fin’.

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David Monteagudo vio pasar cuarenta años de su vida en una fábrica de cartones en Vilafranca del Penedès, Barcelona. No sabe si por un talento heredado de su padre —siempre un gran lector— o como una forma de sobrevivir a la rutina del trabajador, cada tarde, cuando marcaba la tarjeta justo a las 5 y todos los obreros dejaban la fábrica, su destino era siempre el mismo: encerrarse en el silencio de su habitación, abrir el cuaderno sin renglones y escribir por horas interminables novelas.

Escribió ocho y ocho envió a las editoriales más reputadas de España. Claro, como era de esperarse, nunca recibió siquiera una llamada, la historia de un manuscrito de un desconocido que toca las puertas de una importante editorial y luego se convierte en un gran libro parecía mostrarse una vez más como una fantasía.

Pero fue gracias a que un coterráneo escribió una columna en La Vanguardia de Cataluña, indignado por la poca visión de las editoriales que estaban lejos de arriesgarse a descubrir y publicar nuevos talentos como el de Monteagudo, que la suerte del obrero de cartones cambió.

La columna de La Vanguardia fue leída por Jaume Vallcorba, el respetado editor de Acantilado, quien tomó el teléfono y le explicó al periodista que por los desordenes propios de las oficinas habían recibido un manuscrito de un autor Monteagudo, pero habían perdido los contactos para hablar con él. Hoy, una novela de 350 páginas impecablemente editada  y titulada Fin circula ya no sólo por España, en donde ha vendido más de 50 mil copias,  sino que arriba a las librerías latinoamericanas.

“Cuando uno escribe algo es porque hay una necesidad de contar cosas que en tu vida cotidiana no puedes expresar, en el caso mío siempre tuve, desde mi infancia, un gran gusto por la lectura. Pero además fui conocido en mi pueblo siempre por actividades físicas, era atleta y participaba en las pirámides humanas típicas de Cataluña, así que ha sido una gran sorpresa para todo mi entorno, para los compañeros de la fábrica verme convertido en un escritor”, confiesa Monteagudo, quien deliberadamente escondió todos estos años su faceta de escritor. “No quería tener esa etiqueta entre los trabajadores, la de artistilla, y no quería tener que explicar mis posibles fracasos”.

Como quizás operan muchos escritores, David Monteagudo echó mano de situaciones que le habían sido cercanas. Así, después de una reunión con viejos amigos de su colegio, con los que las cercanías al parecer se habían diluido y con quienes no encontró más temas de conversación que el último auto de moda o los partidos de fútbol, supo que tenía en sus manos el germen de una historia.

Fin, una novela con la que Vallcorba y mucha crítica se ha entusiasmado, cuenta justamente la historia de una pandilla, un grupo de amigos que después de 25 años se vuelven a reunir en un campamento. La reunión, que en principio es una divertida idea, cobra luego visos de experimento social cuando Monteagudo introduce elementos excepcionales, casi sobrenaturales, que terminan por develar el carácter real de ese grupo de personas. “El elemento fantástico es muy útil para expresar lo inefable, cosas sutiles del alma humana, los temores atávicos, los fantasmas de la mente, que sería muy difícil ponerlos de manifiesto en unas circunstancias completamente normales”, explica el escritor.

Esa cosa íntima y siniestra de la condición humana que parece ensartar con habilidad este escritor está narrada con una abundancia de diálogos —que a veces es más propia del cine que de la literatura—. Monteagudo consigue con esto no sólo desarrollar un estilo en el que sus personajes se toman la palabra, sino que logra cumplir con un propio reto escritural. “Quería crear un narrador completamente externo que jamás pudiera meterse en la cabeza de los personajes, que no simpatizara con ellos, o supiera sus pensamientos”, concluye Monteagudo, quien de viaje ahora por España presentando su nueva novela, Marcos Montes, sorprende a su audiencia y sus lectores hablando con la propiedad de un versado escritor, pero por fortuna con la desprevención de un fabricante de cartón.

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