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La pasión de un debut bendito

Con su primer protagónico Andrés Parra obtuvo un reconocimiento en el Festival de Cine de Guadalajara.

29 de marzo de 2009 – 04:00 p. m.

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Llegó el sábado a Bogotá, a las 8:30 de la noche, aún con el pecho inflado de emoción. Miró su celular y encontró más de 30 llamadas perdidas. Seguramente le marcaron personas que estaban anciosas por hablar con él tras su éxito en el Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

Pero este actor no solamente fue a México a participar en una de las muestras audiovisuales más importantes de América Latina, sino que fue a ganar y ratificar su vocación profesional, porque allí obtuvo el máximo galardón en la categoría a Mejor Actor, gracias a su papel protagónico en la película La pasión de Gabriel. En esta cinta, dirigida por Luis Alberto Restrepo, el hombre que se encargó de inmortalizar a Anestesia, en El Cartel, y a Pacheco, en Muñoz vale por dos, interpreta a un carismático sacerdote en un pueblo asediado por la violencia.

A pocas horas de su arribo al país El Espectador habló con él.

¿Usted esperaba obtener el galardón como mejor actor en el Festival de Guadalajara?

Uno siempre tiene la ilusión cuando está nominado, pero la verdad lo veía muy difícil, porque este Festival es muy importante y, además, competía conmigo el actor chileno Alfredo Castro, de la cinta Tony Mareno, quien hizo un trabajo realmente espléndido, y siendo este mi primer protagónico en cine y mi primer festival internacional en competencia, las posibilidades eran remotas. Pero gané y estoy feliz.

¿Cómo era el ambiente previo a la entrega del premio?

En Guadalajara se hace una rueda de prensa en la tarde para anunciar a los ganadores en cada categoría, de ahí para delante todo fue emoción. Periodistas, directores y jurados se acercaban a felicitarme.  Todo el equipo de trabajo estaba orgulloso y feliz porque este premio le conviene mucho a La pasión de Gabriel.

¿Qué fue lo primero que hizo después de recibir el premio?

Abrazar a Peto (Luis Alberto Restrepo, el director de la película) y a todos los que nos acompañaron. Después llamé a mi novia y a mis papás a Bogotá a contarles la buena nueva. Claro que lo primero que hice cuando volví a Colombia fue correr a la entrega de los Premios TVyNovelas donde estaba nominado en la categoría de Actor Revelación del Año… pero no me lo gané.

¿Cómo llegó Andrés a formar parte de ‘La pasión de Gabriel’?

Por medio de Juan Pablo Félix, el director de casting de la película. Juan y yo nos conocemos desde el rodaje de Satanás. Me presenté a hacer una escena y terminamos jugando sobre siete distintas, salí muy achantado y le dije a Juan Pablo: “Bendito el actor que se lleve este personaje”, y al final contra todo pronóstico me lo llevé yo.

¿Qué significó para usted participar en esta película y trabajar con todos esos talentos?

Significó para mí muchas horas de trabajo duro, de investigación, de lectura, de muy poco sueño, días muy largos y noches muy cortas. ‘Peto’ es un director muy honesto, no es pretencioso, ni efectista, ni mentiroso. A él lo único que le interesa es la verdad.

¿Cuál fue el mayor reto a la hora de representar a Gabriel?

La responsabilidad, la presión y la carga emocional que tiene Gabriel no tienen comparación con ninguno de mis personajes anteriores, ni siquiera con Marco Antonio, de la obra Julio César, de William Shakespeare, que fue mi gran reto como actor con el Teatro Libre.

¿Tiene alguna anécdota que le gustaría  contar?

Lo más extraño que me sucedió durante el rodaje fue tener que aconsejar a un muchacho recolector de café de unos 16 años que acudió a mí, pensando que yo era un sacerdote de verdad. Él me pedía auxilio porque creía que  estaba poseído. Me mostró unas marcas en su cuello y en su espalda, y estaba realmente desesperado. Se me arrodilló a implorarme que lo exorcizara, que se estaba enloqueciendo. No me dio tiempo de explicarle nada, lo único que atiné a decirle fue que yo no podía ayudarle porque pertenecía a una arquidiócesis distinta, que hablara con el cura de la región. El chico se fue corriendo y nunca más lo volví a ver.

Además del premio… ¿qué satisfacción le ha dejado esta película?

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Me siento un privilegiado, es el reto más serio, intenso e importante que he asumido durante toda mi carrera. Si Gabriel no conmueve o no se le cree, simplemente no hay película, y eso significa tener el honor y la responsabilidad de cargar con todo el peso de la cinta.

En el ámbito cinematográfico nacional… ¿qué papel cree que desempeña esta película?

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La pasión de Gabriel desempeña un papel muy importante en cuanto a la temática. La película habla de verdades, es el reflejo casi documental de la guerra que vive un país a través de la mirada de un sacerdote enamorado de la vida y de la justicia, que se cree Cristo y como Cristo acaba. Es una crítica sincera al papel de la Iglesia y a lo absurdo de los poderes que administran esta guerra.

¿Qué proyectos tiene?

Vuelvo al teatro, que es mi ambiente natural, con tres funciones de medianoche de la obra Sin mente, en la sala R101. Y muerto de ganas de volver al cine. Pronto se estrena mi penúltima película, Doctor Alemán, de Tom Schriber.

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