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La Corporación Rural Laboratorio del Espíritu es una organización privada, sin ánimo de lucro, que tiene por objeto promover el desarrollo local mediante un proyecto educativo orientado a reconocer, valorar y fortalecer el mundo rural. Allí se entiende el desarrollo como la ampliación de las oportunidades y capacidades para construir un proyecto de vida con dignidad y bienestar. Hace aproximadamente tres años nació la iniciativa de una biblioteca rural donde haya espacio para la recreación y el aprendizaje; los gestores de esta idea fueron la bibliotecóloga Gloria Bermúdez y el escritor Javier Naranjo.
El sitio recibe a más de 3000 personas entre niños, adolescentes y adultos cada mes. Se imparten talleres de lectura, escritura, cuento, cerámica, gastronomía, tecnología, cine guitarra, entre otros. Javier naranjo, quien fue coordinador de la biblioteca cuenta el proceso del proyecto.
¿Cómo fueron los comienzos de la Corporación?
El laboratorio del espíritu empezó hace siete años, la fundadora fue Gloria Bermúdez que lleva 16 años trabajando con comunidades rurales de la zona de El Retiro, Antioquia, estuvo en Correcaminos, otra corporación parecida, y hubo un momento donde todas las circunstancias se dieron para crear El laboratorio del espíritu, muy poco después entro yo y acogimos la idea y la manera de entender la vida y trabajar con la comunidad, de crear un laboratorio donde se trabaja con el espíritu.
¿Por qué le pusieron ese nombre a la biblioteca?
Cuando Gloria estudiaba en la Universidad de Antioquia un profesor tenía en su oficina un letrero que decía: “Esto no es una oficina es un laboratorio del espíritu”, creo que eso la inspiró. Muchas veces el nombre suele ser ambiguo e invita a equívocos, porqué parece que a la gente le habla de religión, del Espíritu Santo, sobre todo cuando estamos inmersos en una sociedad católica y siempre que se mencione espíritu inmediatamente evocamos al mismo espíritu, al santo; pero desde la época de los griegos y desde antes el espíritu tiene otro sentido. Un niño dice que el “espíritu es lo que lo anima a uno a hacer las cosas”, otro niño dice que “es el ambiente que hay dentro de uno”. Entonces digamos que sin que sea nada religioso o sectario, nos gusta pensar que en el hombre hay algo que, como dice el niño, lo anima para hacer las cosas con mayor dosis de transparencia, honestidad, verdad, de limpieza y a eso lo queremos llamar espíritu.
Ustedes afirman que todo tiene un espíritu, un motor que se esconde en las cosas más cotidianas y, también, en las más sublimes; entonces ¿cuál es el espíritu de la corporación?
Aparte de las técnicas que se le enseñan a las personas en diferentes artes y oficios, el espíritu que anima esto es que todos nos sentimos felices acá y que es difícil pensar que estamos en un trabajo desagradable. Este es un trabajo amoroso con la gente, y así la palabra cariño o amor no tengan mucho prestigio hoy en día, cuando vienen los niños del colegio, los campesinos, las señoras y te saludan con firmeza, con verdad y con limpieza: el pico que viene y va de los chicos, hay un afecto entrañable que circula. Yo creo que nuestra mayor fortaleza ha sido hacerlo todo por el cariño de la gente y que tratamos de escucharlos y sobre todo escucharnos en ellos. Nosotros no somos quienes proponemos que es lo que hay que hacer, sino que somos nosotros quienes vamos de la mano de ellos para poder hacer cosas con ellos y para ellos.
Javier Naranjo ha publicado Casa de las estrellas y Los niños piensan la paz, dos publicaciones que reunen definiciones de niños acerca de términos que tienen que ver con la paz
¿Cómo se logra que sean ellos quienes tomen la iniciativa?
Normalmente siempre estamos tratando de preguntarles mucho: qué quieren, qué necesitan. Hay talleres que nosotros hemos propuesto pero que se han ido al vacío porqué la comunidad no se ha apropiado de ellos, hay otros, en cambio, a los que han respondido de manera muy completa. Digamos que vamos tanteando, escuchando lo que dicen, entendiendo sus gestos, tratando de ver lo que necesitan.
No solo estamos haciendo talleres de artes y oficios, sino que la escritura y la lectura son un centro para nosotros. No solo es el afecto y el cariño que podría definir la manera con la que pretendemos todos acercamos a la comunidad, y siento que ellos también nos devuelven eso y nos alimentan con cariño y afecto, sino que la escritura y la lectura la tenemos en todos los talleres, en todos los espacios. Estamos escribiendo todos, los niños, los señores que vienen al taller de tecnología, están escribiendo las señoras que vienen a hacer bolsos o cerámica; estamos tratando que por medio de esas palabras nos encontremos todos, no es escribir para inventar cuentos o poemas solamente, aunque también y lo valoramos muchísimo, sino escribir de la cotidianidad que en ese sentido cuando lo compartimos entre todos vamos creando lazos, tejiendo. Entonces la señora que escribe de lo que vive en su casa con su esposo, le preguntamos ¿Usted quiere leerlo? Porqué entendemos que es sobre su vida, una pelea, un abrazo; siempre con la pregunta, con el respeto y cuando compartimos ese tipo de cosas ellos se sienten valorados, respetados, sienten dignificada su vida y creo que así vamos conectándonos.
¿Cómo una organización puede lograr el conocimiento propio por medio del de los demás?
En esas estamos. Nosotros estamos en ese proceso de lograr entender que es eso de formar comunidad porqué acá hay particularidades hay gente que viene, de Bello, desplazados de Medellín, mayordomos. Esa conformación de comunidad debe hacerse a partir de esa heterogeneidad. Apenas estamos entendiendo, logrando saber cómo por medio de lo que estamos haciendo ese tejido se fortalece, o se arma o se construye y la gente, entonces, puede decir soy de la comunidad de Pantanillo y se conversan, se miran, se hablan, se entienden.
¿Cuál es la importancia de los talleres de arte y humanidades?
El arte tiene una potencialidad enorme porqué las carreras humanas se han olvidado. Este mundo privilegia lo pragmático sobre lo ensueño. No sé por qué este mundo definió que soñar, imaginar y crear era demasiado abstracto, demasiado “sollado” para lo que debería ser.
Hay un nivel totalmente pragmático de las cosas. Yo sigo creyendo y defendiendo el arte de explorar y tocar otra realidad humana, esa que nos enseña, de una manera insospechada, lo que estamos olvidando cuando sentimos que tenemos que ser especialistas en algo. La literatura nos pone frente a frente, la literatura no es una evasión del mundo, nos enseña el ser, nos confronta con nuestra propia condición, nos pregunta nos inquieta. Al igual que todas las artes.
La exploración del arte en el hombre es una condición que no queremos dejar olvidar. Nos parece que la vida del matemático o cualquier carrera de esas que llamamos prácticas se enriquecen y se potencian con una mirada acerca de lo que el arte cuenta del hombre. Nos gusta pensar que eso todavía puede coexistir en los sujetos.
El profesor Alfonso Gumucio, uno de los teóricos de la comunicación, cuando visitó la biblioteca la definió en su como un oasis, ¿Por qué creen que la define así?
Porqué todos acá nos sentimos tranquilos, sin agobios o presiones. Descansamos de preocupaciones, del estrés o la obligación, aquí todo transcurre de una manera muy tranquila. Yo diría que es un oasis en donde encontramos las risas, la alegría, el afecto, el buen trato; donde tratamos de mantener bien las cosas y nadie lo tiene programado, nadie dice acá hay que reírse, o aquí hay que ser muy serios. Eso ha permitido que en los talleres que se dictan llegue el perro o el gato de la señora que tiene que venirse de su finca que a recibir un curso de computadores, o viene su bebé y la profesora debe, a veces, cargar el bebé mientras dictan la clase y que, lejos de distraer, se comprende. Sentimos que es un oasis por qué es un lugar de tranquilidad y de aprendizaje en comunión.
¿Cómo se contratan a los docentes?
Muchos se han ofrecido como voluntarios; pero nosotros no funcionamos así, no porqué no nos guste los voluntarios, sino porque a la mayoría de docentes, por no decir que a todos, se les paga y se les trata de pagar muy bien. Es gente muy buena que han llegado de diversas maneras se contactan con Gloria o conmigo; pero más que el trabajo cuenta más el ser… ¿Cómo mide uno eso? Éste es buen ser o no… o éste es malo o bueno: intuición y uno se deja guiar para sentir que las personas que están son las que pueden acompañar esos procesos con la gente, de darles una instrucción en diferentes áreas pero sobre todo acompañar siendo ellos mismos y poder ver al otro, poder entablar con él otro una conversación, una mirada a los ojos, un abrazo, una atención a ese otro que está ahí; entonces así funcionamos, muy pocos voluntarios; pero eso no quiere decir que no admitamos a alguien que diga que quiere donar su tiempo y a veces nos ayudan; pero deben encajar en la mirada que tenemos sobre las cosas; porqué esto no es ni un negocio ni una empresa.
¿Cómo se sostiene la biblioteca?
Recibimos apoyo de empresas y fundaciones. Hay que decir que a ninguno se le cobra un peso, nadie paga por los talleres y solo en este año optamos por que en la venta de sus mochilas, el material reciclado y la cerámica dejen solo un pequeño porcentaje de 10% ó 20%, que no se acerca ni remotamente al pago del profesor o los materiales; es casi que simbólico. Entendimos que algo tenía que costar, un poquitico, para que muchas personas que sienten que lo que se les da no lo valoren, lo valoraran un poco. Es más una estrategia que una búsqueda de recursos.
Una de sus consignas es que se aprende haciendo y viviendo, ¿Cómo se aprende haciendo y viviendo?
Estamos en un momento en donde nos estamos preguntando muchas de las bases que tenemos, re direccionándonos, cuestionándonos. Por un lado está la teoría; pero nosotros somos muy poco teóricos, hasta el riesgo de ser muy poco creíbles para muchos, pues no nos acompañan grandes teorías. Está Gloria que tiene mucha experiencia, muchas vivencias; también nos acompaña Orlanda Agudelo que es antropóloga, entonces digamos que si hay unos saberes, unas lecturas, que pueden acompañarnos en el camino; pero esto no está basado en ninguna teoría. No somos un bloque monolítico, que respondemos a tal o cuál teoría, ah qué respondemos a la teoría del constructivismo, pues sí hay unas cosas, pero hay otras cosas que no. No nos ha interesado tanto saber en qué nos apoyamos, que es algo que a mucha gente le importa bastante, si no que estamos aprendiendo con ellos, viviendo y haciendo. Hemos estado dejándonos guiar por nuestras intuiciones acompañadas de muchos años de vida y de experiencia para hacer estas cosas con la gente; para sentir que si te saludan de esa manera no está mal, que si te hacés querer, y al mismo tiempo merecer ese título de vos sos de esta comunidad y te dan la confianza tal para que te sientas parte de ellos, pues qué bueno. Ahí vamos aprendiendo.
¿Cómo hacen para motivar la participación de los jóvenes, niños y adultos que asisten a la biblioteca y diferentes cursos?
Lo más importante, es que aquí no se le obliga a nadie a hacer algo. Todos vienen por su propia decisión. Lo único que hacemos es hacerlos sentir felices, amados, importantes y dignificados; obviamente se les otorga responsabilidades, pero no como un mandato, sino como la manera de que ellos también aprendan. No necesitamos prometerles nada, o asegurarles algo, acá vienen a sentirse bien, por eso vienen.
En este año en todos los municipios de Antioquia se está realizando el plan de desarrollo, donde se mide este en ámbitos parcialmente económicos, de infraestructura e industrialización. ¿Por qué la Biblioteca y centro rural laboratorio del espíritu enmarca el desarrollo en la identidad y oportunidades de vida?
Nos parece que sin esa conciencia de identidad, sin ese encuentro con el otro, sin conversar con la vida de los demás, sin entenderla; pues… Lo otro es importante: carreteras, hospitales, acueducto, mejorar la educación. Por supuesto que eso importa, pero diríamos que no puede ir sin lo otro y lo debe anteceder. ¿Cómo pensar la educación? Porqué no se trata solo de construir grandes colegios, si no tenemos un enfoque distinto frente a ella, no hay nada. No se trata de hacer grandes carreteras que crucen por todos los lados, y si no se piensa en la agresión que hay en muchas comunidades, no hay nada.; pues el acercamiento a los mercados de los productos, sí; pero se vulneran muchas otras cosas. Si la parte humana no está considerada, pensada y fortalecida en la opinión de la gente acerca de su propia vida no hay desarrollo. Creemos que para eso también ha servido la escritura y la lectura; para que tengan una mirada sobre su propia vida la compartamos y en algún momento seamos capaces de decir: No, es que ese desarrollo no nos interesa, nos daña y queremos es este, no ese que nos imponen. ¿Quién impone eso que se llama desarrollo? El capital, el dinero. Entonces hay que fortalecer la parte humana, hay que escuchar a los demás y hay que conversarnos desde dentro, no desde un saber; lo que pretendemos es que nos enriquezcamos la vida acá y aprender a caminar en ella.
¿Cuál es el futuro de El laboratorio del espíritu?
Estamos recibiendo más de 2.500 personas de diferentes veredas: Lejos del nido, Pantanillo y de veredas cercanas; muchachos que vienen a una hora de camino a pie, a hacer talleres o a leer; personas que vienen a dos horas en bus a recibir un taller de computador. El futuro está en hacer crecer más ese tejido colectivo, en hacer que los muchachos y niños potencien su vida en un crecimiento común que puede llegar a ser más rico, no por las técnicas –aunque también- sino por el querer, por estar juntos. Al potenciar eso se puede llegar a tener una mejor vida, más digna y que puedan escapar un poco a destinos como simplemente tener que ser un mayordomo (No está mal serlo); pero que quien quiera estudiar lo pueda hacer y pueda decidir en donde quiere estar y no pertenecer a esa cadena de injusticias que crean las imposibilidades económicas. .
¿Por qué apostarle a esta corporación?
Porqué es evidente lo que hacen las personas, como tranquiliza, como ayuda a armonizar, a pensar, a ser, a conocerse; como ayuda a estar de una manera más tranquila y más amorosa en el mundo. Como quizás ayude a erradicar violencias domésticas, como quizás ayude a tener conciencia de un mundo, porque cuando ellos escriben, son cosas tan bonitas y tan hondas de lo que sucede acá y casi siempre preferimos que lo digan ellos, por que queremos que la voz sea de ellos. Cuando hablamos de la misión y la visión las hacen ellos, en vídeo, escritos y fotos; pero ellos. Hemos optado por borrarnos nosotros lo más posible, no creemos en esas instituciones que dicen mi misión es tal, mi visión es tal. La comunidad es la que debe ayudarnos a crearlas. Hay teorías que nos asisten pero no monolíticamente, porque cuando te asumís algo renunciás a lo otro, hay que estar en ese equilibrio. Nuestra misión, por medio de una campesina que hizo una carta de agradecimiento, tomó vida. Igual pasó con la visión, hicimos un vídeo de Jhon Jairo Rojo (niño de la vereda Pantanillo que asiste al Laboratorio del espíritu) de una pobreza que nos quebró; pero que no conocíamos hasta que realizamos un taller de escritura, allí preguntamos ¿si tuvieras 24 horas de vida, qué harías? , él nos responde cinco cosas: Desprenderme de todo lo que tengo, ver payasos, recorrer la vereda, ver los pájaros y ver como los pájaros salen del huevo… Entonces nos dice tiene 24 horas y se desprende de todo lo que tiene; pero no tenía nada. Su mamá tiene cáncer, no tiene padre y no duermen en colchones ¿Deshacerse de qué? El valor de la vereda, de su tierra. Entonces pensamos en poner eso en la visión que es algo que tiene que ver a futuro, la conciencia de la muerte tiene que enseñarte algo con un posible, con una más allá y Jhon Jairo nos ayudó en la construcción de esa visión. Hay que apostarle a el laboratorio, porqué estamos aprendiendo a escucharnos más, escucharnos juntos, de ser menos sordos, ciegos o mudos y entender que estamos juntos en esta aventura de vivir, y ojalá podamos contribuir a que sus vidas sean más dignas y que el destino sea el que ellos mismos escojan.