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Hitler presentaba el campamento de Theresienstadt como un campo de concentración «modelo». A ese lugar, el líder del partido nazi enviaba a los artistas judíos para, según el Führer, preservarlos de la guerra. Patrañas. Theresienstadt no era más que un lugar de paso para los judíos que terminaban acinados Auschwitz.
Al campo de «concentración de los artistas» fue llevada en 1943, Alice Herz-Sommer, la protagonista de esta historia. Su esposo, Leopold Sommer, y su hijo, Raphael, fueron empujados al mismo lugar. Un año después, en 1944, Leopold fue enviado a Auschwitz. Allí murió.
Alice y el pequeño Raphael, se quedaron en Theresienstadt. Sobrevivieron. De los 15.000 niños que fueron enviados a Theresienstadt, sólo 130 sobrevivieron y Raphael fue uno de ellos. No es exagerado decir que a ambos los salvó la música. Alice Herz-Sommer, quien aprendió a tocar el piano desde los cinco años, interpretaba el instrumento para sus verdugos. Eso la mantuvo con vida. Mientras los nazis cenaban y planeaban la guerra, Alice interpretaba piezas de Schumann, Bach, Beethoven y Smetana.
«Estábamos tan débiles, pero había músicos excelentes y di más de 150 conciertos. La audiencia eran principalmente personas mayores, muy enfermas e infelices, pero aun así venían a escuchar nuestra música, era su alimento», dijo Alice a la BBC en noviembre de 2012.
«Me crié en una familia muy intelectual. Kafka era muy buen amigo de la familia. Todos los judíos del mundo venían a mí, debido a él, querían escuchar historias de él». Kafka no era el único que llegaba a la sala de la familia Sommer. Gustav Mahler, Rainer Maria Rilke, Thomas Mann y Stefan Zweig, llegaban a la casa de la familia en Praga.
En entrevista con Bernard Hiller, Alice Herz-Sommer dijo que lo más duro de su paso por el campo de concentración fue ver cómo su hijo aguantaba hambre.
«Cuando una madre tiene un hijo y el hijo tiene hambre y ella no tiene nada que darle, es muy difícil. Nos tumbábamos en el suelo, por supuesto, para arrugar el hambre. Sin embargo, siempre intentaba reír, por el niño».
En esa entrevista, la mujer que fue llamada como «el ser humano más optimista del mundo», contó que, con más de 100 años de edad, seguía tocando el piano. Lo hacía dos horas por la mañana y dos horas por la tarde. También puede leer: Tras los versos agónicos de Tonino Guerra (Puntos de fuga)
«Mi compositor favorito cuando era joven era Schumann. Pero ahora, por supuesto, Beethoven. Que difícil sería la vida sin Beethoven, sin Schumann sin el gran Mozart, sin toda esa gente maravillosa». Alice falleció en febrero en Londres a los 110 años de edad.
«Nunca hablé sobre el pasado porque no quería que mi hijo creciera con odio, porque el odio trae más odio. Y tuve éxito. Mi hijo tenía muy buenos amigos en Alemania. Yo nunca tuve odio, nunca. Todos tenemos semillas buenas y malas y hay situaciones en que lo malo aflora y otras en que lo bueno aflora».
La BBC cuenta que cuando cayó el gobierno comunista en Checoslovaquia en 1989 los sobrevivientes de Theresienstadt comenzaron a reunirse anualmente en el sitio del campo, en conmemoración de las víctimas. «Pero Alice jamás participó de esos eventos y aún al reunirse con amistades de la época que también habían sido deportadas, elige no hablar del pasado».
En 2001, Alice perdió a su hijo Raphael, quien falleció durante una gira de conciertos a los 65 años, y le dejó dos nietos, hoy músicos.
Tocó el piano hasta el último de sus días. La entrevista con la BBC se registró cuando ella tenía 100 años. Entonces dijo: «Soy una artista. Y cuanto más trabajo más me doy cuenta que soy sólo una principiante. No importa cuánto pueda conocer una pieza de Beethoven, por ejemplo, siempre puedo ir más profundo y más profundo. Es posible practicar una pieza y descubrir nuevos significados sin aburrirse durante al menos 100 años. El trabajo del artista nunca está terminado y es lo mismo con la vida. Al igual que con la música, busco significados y practico vivir».
¿Por qué es tan optimista?, le preguntó Hiller.
«Porque el mundo es bello. La naturaleza es algo extraordinario. La belleza es algo fenomenal. Las personas que no tienen ninguna relación con la música son pobres, no conocen la cosa más bella de la vida, del arte. Mejor que la pintura o la escritura. La música te lleva a otro mundo».