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La puerta en el muro

Durante años, el recuerdo de un relato acompaña los acontecimientos de mi vida y hace sentir mi propia existencia con un carácter particular, como la tonalidad que enmarca una pieza musical y le proporciona unas reglas de juego.

19 de agosto de 2008 – 05:33 p. m.

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El relato se llama ‘La puerta en el muro’. Es la historia vital de un personaje que, después de un breve vistazo a la felicidad en la niñez, la pospone una y otra vez por cosas más apremiantes y prosaicas. De repente, sobre todo los lunes en que actúo lleno de tibios propósitos de superación, debo luchar contra la vergüenza que me produce mi no tan inocente vulgaridad. Siempre así desde aquella  lectura. Después de devorar la antología en que me encontré con ‘La puerta en el muro’ (creo que se llama ‘Los mejores cuentos de la literatura’ de la editorial Jackson) decidí que era mi cuento preferido y aun se lo sostengo al que me pregunte.

El autor de esa narración es  H.G. Wells, más conocido seguramente por sus novelas (La guerra de los mundos, El hombre invisible, La máquina del tiempo), quien no tuvo problema en poner otro cuento entre el top 5 de mis preferidos poco tiempo después. La historia de la creación del que para algunos grandes lectores como Alberto Manguel, es el mejor de sus relatos, ‘El país de los ciegos’ tiene algo de la belleza del cuento mismo. En su primera versión, el relato tuvo un final diferente al de su versión definitiva. Un Wells joven y boyante de positivismo científico, optimista sobre las capacidades del ser humano, relata la historia de un visionario incomprendido. Luego, el autor ya mayor y testigo de dos guerras mundiales convierte a su país de los ciegos en una metáfora de su propia vida, la vida de un testigo incapaz de cambiar el destino de un mundo terrible pero amado.

Escribió Borges a propósito de la obra del autor de estos relatos: “Las ficciones de Wells fueron los primeros libros que yo leí; tal vez serán los últimos”. En mi caso, la poderosa imaginación de Wells fue una de las cosas que me hizo amar los libros. Cada vez que lo leo, siento la misma emoción infantil de la primera vez y me parece que sus narraciones son el mejor argumento para que, en las primeras lecturas, se desarrolle una irremediable adicción a la literatura. Los relatos de Wells son como su puerta en el muro, un pasaje  a cierto tipo de felicidad insustituible.

El 13 de agosto se cumplió un aniversario más de la muerte de este gran escritor. Mejor no desaprovechar la oportunidad de recordarlo.

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