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Recordando el reinado del terror de Mohammad Reza Shah Pahlavi, la Revolución Islámica y el campo de batalla en el que se convirtieron Irán e Irak, Persépolis (Satrapi/Paronnaud, 2007), describe las circunstancias que contribuyeron a la confusión y al miedo durante la segunda mitad del siglo XX en Irán. La adaptación al cine de la novela gráfica escrita por Satrapi –comparada con una catedral del género: Maus de Art Spiegelman-, entreteje la historia de la joven Marjane con los giros de un país que la obliga a exiliarse para encontrar su libertad –o algo parecido.
El relato es un reflejo de Marjane Satrapi, la directora, en Marjane, el personaje principal de la película. Las dos narran su vida, en la novela y la pantalla, con el vigor de un ajuste de cuentas ante la ira política del fundamentalismo. Nacida en Rasht (Irán), Marjane Satrapi creció en Teherán y luego encontró un refugio en París, donde tuvo la fortuna de encontrarse con el dibujante de cómics y realizador francés Vincent Paronnaud. En su futuro, y en el de su público, esperaba Persépolis, “la ciudad persa”, el entorno que la chica lleva consigo como si fuera un tatuaje que la identifica por distintas geografías, definiendo su cultura, su memoria y su repudio a la tiranía que la obliga a emigrar.
Uno de sus parlamentos define la atmósfera en la que transcurre esta aventura hacia la libertad, difícil y evasiva. “Al inicio de los 90”, dice Marjane, “el tiempo de los grandes ideales había terminado. Después de la Revolución, el gobierno había encarcelado a tantos estudiantes que nadie se atrevía a hablar de política. Y la guerra, por fin, había quedado tras nosotros. Buscábamos de tal manera la felicidad que nos olvidamos de que no éramos libres”.
Entre Irán, Austria y Francia se prolonga el hilo conductor de la pesadilla del exilio, amenazante incluso al interior del país donde nació Marjane. La animación de los dibujos y el virtuosismo de Satrapi y Paronnaud, brindan a través de sus personajes el testimonio ante una situación que afecta masivamente a sus víctimas: la intolerancia religiosa considerada como argumento político.
Las mujeres y el gobierno iraní: una relación no del todo plácida, que aún incita a la polémica. De hecho, para sus funcionarios, películas como El círculo (2000) y Offside (2006) de Jafar Panahi, con su mirada acerca de la misoginia y su poder en contra de las mujeres, no son otra cosa que una exageración. Y en el caso de Marjane Satrapi, mujer, artista y en contravía de la represión establecida, el escándalo y la censura eran previsibles.
¿De qué otra manera podría ser cuando el filósofo iraní Ramin Jahanbegloo, resumiendo los deseos de muchos de sus contemporáneos por transformar la tradición, declaró que en su país “un pensador independiente y crítico, que asume la responsabilidad por la categoría marginal que se le impone, es un acróbata caminando sobre la cuerda floja”?
Pero ante la censura, su antídoto. A pesar de las presiones de la embajada iraní, desafortunadamente exitosas, para retirar la película del Festival Internacional de Cine de Bangkok que se realizó en julio de 2007, Persépolis fue uno de los acontecimientos cinematográficos de ese mismo año cuando obtuvo el premio del jurado en el Festival de Cannes.
Con el premio se revelan su valor y la recompensa al talento y al coraje de los realizadores. También el recuerdo, doloroso pero necesario, con el que se evoca un tema recurrente: las dictaduras. La ficción y su eficacia para descubrir las ansiedades o ilusiones del autor, son un valor agregado en Persépolis.
Un cómic animado que en sus aspectos visuales, en el blanco y negro que se convirtieron con el transcurso del tiempo en los colores del pasado, seducen el ojo del público cuando encuentra en la pantalla una historia que evita el sentimentalismo, estimula la inteligencia y complace por su estética.
El cómic de Satrapi
Es una obra de gran valor humano que ha tenido éxito en ventas para un cómic de sus características (30.000 ejemplares vendidos en Francia en un año) y varios premios entre los que se destacan los reconocimientos del Salón del Comic de Angouleme (el más importante de Europa), donde el primer álbum ganó el Premio al Autor Revelación en 2001 y el segundo el Premio al Mejor Guión en 2002.
En Estados Unidos obtuvo el ‘Premio Harvey’ a la Mejor Obra Extranjera 2004, y en España fue galardonada con el ‘Primer Premio de la Paz Fernando Buesa Blanco’.