
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Para el hombre es natural y vital estar en constante movimiento. En este caso con la danza, podemos hablar de una actividad liberadora e imaginativa. Siempre ha existido la necesidad de manifestar y expresar algún sentimiento o situación por medio del movimiento, de la danza.
Sólo esta puede ser transformada en rito, mito, en un símbolo y arte por el hombre. Este mismo se ha encargado de volver esta actividad en algo indispensable. A través de los siglos han aparecido diferentes géneros que se han encargado de sumarle un valor histórico y cultural al lugar de origen, y así, estos pueden llegar a ser reconocidos únicamente por esto.
Si le interesa, lo invitamos a leer: Preguntas que me hacía mientras bailaba
La danza ha sido un pilar importante en la construcción y formación de una sociedad. La danza es una insignia, no solo por el valor que representa en esta, sino también porque el hombre la ha utilizado para imitar y demostrar sus pasiones, sus guerras, su religión, su historia.
En principio, la danza tenía un componente ritual, mítico. Se bailaba en las ceremonias de fecundidad, caza o guerra, en las que la propia respiración y los latidos del corazón sirvieron para otorgar un primer compás a la danza.
Los primeros registros en la historia sobre la danza tienen aproximadamente más de 10.000 años de antigüedad, teniendo esculturas y tallados en piedra que demuestran su existencia y su práctica. Por ejemplo, en Colombia podemos revisar el arte rupestre para conocer más sobre lo mitos que existen alrededor de la danza.
Si miramos cómo los egipcios utilizaron la danza, por ejemplo, fue únicamente para las ceremonias que fueron instituidas por los faraones. Estas danzas culminaban en ceremoniales que representaban la muerte y la reencarnación del dios Osiris. Poco a poco, estos bailes se fueron modificando hasta el punto de ser más complejas y solo ser ejecutadas por profesionales.
Aunque la danza solo era utilizada para fines místicos, los pueblos indígenas consideraban que la danza merecía tomar un valor trascendente y ser también ejercida para otros fines.
En la antigua Grecia la influencia de la danza fue propiciada por los filósofos, que también la habían conocido por medio de viajes y la utilizaron para ampliar sus conocimientos. Platón fue uno de los encargados de reconocer la danza como un arte contiguo a la poesía y la música.
Pasando a la Edad Media, la Iglesia cristiana veía la danza como una actividad que incitaba al pecado. Las personas bailaban en la noche, a oscuras. Esto era condenado por la Iglesia, pues esta institución intentaba prohibir este arte al pensar que le rendía tributo al diablo.
Hoy en día se concibe de manera diferente la práctica y el deleite de la danza. Esta es una herramienta para mantener la memoria de un pueblo y también para entenderlo. Por ejemplo, en Colombia podemos saber un poco más sobre los esclavos de Cartagena y en general del Caribe por la cumbia. Esta danza trae una historia detrás, un por qué de su creación.
Mientras los patrones se encontraban descansando en la noche, los negros salían a escondidas. Prendían una fogata y comenzaban a bailar alrededor. Los pies eran arrastrados por la bola de acero a la que estaban encadenados. Les tocaba mover los pies de manera lenta para no lastimarse.
Teniendo en cuenta lo anterior, traigo a colación el primer capítulo del libro “La danza en el mito y en la historia”, de Luis Bonilla, quien comenta que: “…Quien procura buscar el significado de la danza y ahondar en los diversos matices expresivos que en ella pusieron todas las civilizaciones podrá conocer mejor a esos hombres y mujeres de otros tiempos, que nos legaron sus culturas y dejaron en sus danzas la vibración interna de su destino en la historia”. Por la danza podemos saber y reconocer nuestra historia. La danza es un registro de nuestro pasado, nuestra cultura, nuestra identidad.