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En el año 2011, Jafar Panahi, el director y el actor principal de la película, acababa de ser liberado de la cárcel y afrontaba cargos por insurrección que podrían terminar costándole otros seis años de encarcelamiento. La pena, además, le impediría realizar películas por un periodo total de veinte años, y no podría dejar por ese mismo lapso su país. Éste es el tema de su película This is not a film (así como el motivo de que lleve dicho título), realizada con muy escaso presupuesto, en el interior de su casa, y, para quienes encuentren este tipo de materia interesante, recurriendo vivamente al estilo de su maestro y precursor, hoy, sin duda, un referente histórico: el director iraní Abbas Kiarostami, un cineasta destacado por lograr poner hábilmente en conflicto los diferentes niveles de ficción y de realidad documental.
Sea como sea, Panahi no fue encarcelado nuevamente, pero la sanción de los veinte años, por lo visto, está vigente. La intervención de cineastas y de críticos de cine conocidos ha logrado que los ojos del mundo sigan puestos sobre él; y pese a la sanción de su gobierno, Panahi aún hace películas, cada vez con menos presupuesto, con celulares o con cámaras no profesionales, ahora más que nunca, al estilo de Abbas Kiarostami, quien también filmó unas cuantas, que como Taxi, transcurren en el interior de un vehículo.
Panahi nos presenta Taxi (Ganadora del Oso de Oro 2015), una obra no desprovista de ingredientes sociales y políticos, y que es tan ilegal como lo fueron sus dos últimas; Taxi no puede ser proyectada en Irán, pero sí, irónicamente, es presentada en los teatros de Colombia (no un país que brille por el consumo de un cine tan especializado como éste).
Taxi es una película sutilmente ingeniosa, realizada por uno de los directores iraníes más importantes de su tiempo, un autor con trayectoria y una relación muy personal con la situación que atraviesa su país; es una película llena de estrategias y decisiones narrativas que casi pasan desapercibidas por los límites que el mismo filme se ha impuesto; una película tan bien lograda y tan entretenida como las muy pocas que se han arriesgado a contarnos una historia (durante una hora y media) sin dejar los asientos de un vehículo (Taste of Cherry, Ten, y Locke se me vienen ahora a la cabeza); y Taxi es, ante todo, una interesante reflexión acerca de la vida en la capital de éste país del Medio Oriente; es un fugaz vistazo a la cotidianidad de sus muy distintos habitantes, individuos de todas las edades, de distintas clases sociales, con diferentes opiniones sobre las cosas de la vida, todos ellos dialogando y discutiendo (pues en Teherán, por lo visto, se acostumbra viajar en taxi compartido), resultando todo esto en un film digno de verse, importante y memorable en muchísimos sentidos. Taxi, conviene que lo diga, es una película mucho menos minimalista o espartana de lo que quizá, por su argumento, su público en potencia podría suponer.