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Si hay algo que ha demostrado el aislamiento social es que la cultura es transversal a la vida. Con el encierro, el consumo artístico creció. La música y las películas, por ejemplo, se convirtieron en espacios seguros, en aliados, para sobrellevar los tiempos de crisis. Pero, ¿cómo pueden crear los artistas contenidos para disfrutar desde casa? Son Del Fuego, Improvisual Project y Mambako han adaptado sus proyectos artísticos a las medidas de distanciamiento social. La alianza con el sector privado y las convocatorias con entidades distritales han sido claves para lograr el tránsito hacia nuevos formatos.
Sea en forma de orquesta, teatro o música callejera, la vida de las tres agrupaciones gira en torno al arte. Son Del Fuego, por ejemplo, lleva once años tocando en certámenes masivos. Su director, Diego Tamayo, cuenta que el gusto por la música bailable, desde el colegio, lo llevó a consolidar un proyecto de ambientación musical para matrimonios, ceremonias, cocteles y demás, de la mano de sus amigos. Como empresa de entretenimiento musical, la orquesta es el principal servicio que ofrecen al público. Dos cantantes, bajo eléctrico, piano, guitarra eléctrica, batería, percusión e instrumentos de viento hacen parte del show en vivo de música tradicional y crossover.

Improvisual Project surgió de una forma similar. Por la inquietud de unos estudiantes de universidad que querían dedicar su vida al arte, al teatro, pero con un sello diferencial. Cómo lograr que el público del teatro crezca, fue la pregunta con la que surgió el proyecto. La apuesta principal fue llevar las artes escénicas al terreno audiovisual a través de plataformas como YouTube. Con el tiempo, el teatro en vivo y los talleres de desarrollo de habilidades blandas para empresas, actores y personas del común se consolidaron como nuevos espacios de trabajo, afirma María Paula Franky, socia y gerente del proyecto.
Mambako, por su parte, es un colectivo de música y danza creado a partir del amor por el sonido del tambor y de la unión entre amigos. La música que interpretan es afrobrasileña con fusión de ritmos colombianos. Las batucadas, así se llaman sus presentaciones, se hacen en la calle. El contacto con la gente y los altos decibeles del instrumento se unen en una misma emoción, comenta Andrés Suárez, director del colectivo.
Las tres agrupaciones están acostumbradas al contacto directo con el público. Los proyectos para este año estaban pensados bajo esa premisa. Son Del Fuego, por ejemplo, tenía alrededor de sesenta eventos agendados. Improvisual Project estaba en temporada con Improvisual Estudios, una apuesta de microteatro pensada para disfrutar de diferentes puestas en escena en un mismo lugar. Mambako debutó en el teatro con un show de batucada, percusión corporal, percusión con instrumentos no convencionales y show circense. El colectivo tenía pensado fortalecer este proyecto para explorar nuevas formas artísticas. La ausencia de público no fue una opción contemplada por las agrupaciones. Sin embargo, aquello imposible pasó a ser una realidad.
El aislamiento social puso en jaque los proyectos artísticos que cada grupo tenía y la capacidad de reacción frente a ello fue distinta en cada caso. “Fue un impacto muy duro, porque de un momento a otro nos tocó parar”, cuenta Tamayo. Después de un mes de encierro y de no poder hacer música, Son Del Fuego vio en la virtualidad una oportunidad para seguir trabajando. “La gente necesita música y nosotros necesitamos que ellos canten y gocen”. Las serenatas virtuales para celebrar cumpleaños y días especiales, o simplemente para reunir un viernes en la noche a familia y amigos, comenzaron a ser más frecuentes. Incluso, Son Del Fuego montó un show musical pensado para una convención en línea de una multinacional en Latinoamérica. “La idea fue profesionalizar la experiencia virtual para tener un plus. Nosotros tenemos los equipos para ello y organizamos una casa estudio desde donde sale el sonido limpio”. Claro, estos encuentros virtuales no se pueden hacer con la orquesta completa. Son Del Fuego trabaja estos nuevos formatos con tres, máximo cuatro, personas: dos voces, una masculina y una femenina, un pianista, y un percusionista en caja. Así se diferencian del resto de músicos que también ofrecen servicios virtuales.
Improvisual Project, quizá, tiene más experiencia en la virtualidad. Finalmente, el proyecto empezó a partir del uso de plataformas digitales y de la necesidad de generar contenido entretenido a través de ellas. Sin embargo, el aislamiento social también los tomó por sorpresa. “Nosotros no le hemos tenido miedo a la virtualidad, pero es diferente cuando toca explorar este medio de forma inesperada y por obligación”, cuenta Franky. El proyecto de improvisación está ofreciendo, más que todo, servicios en línea para formación corporativa. “Estamos apuntándole a acompañar a los equipos de trabajo para mantenerlos conectados. Aunque no tengan trabajo presencial, es importante mantener un entrenamiento activo en soft skills. Justo esta semana empezamos un proceso en una empresa para la adaptación al cambio. Otras nos han llamado para el manejo de la comunicación virtual”. Talleres como Diseño de Futuros, Aprender a Fallar, Virtualidad para Storytellers y Team Building han permitido a Improvisual Project trabajar en medio de la pandemia.
Algunas iniciativas artísticas han encontrado en servicios de videoconferencia, como Zoom y Meet, el medio para poder conectarse con el público. La pandemia ha demostrado que las iniciativas culturales deben pensar cómo complementar la producción tradicional de contenidos con el uso de este tipo de plataformas, así como con el de redes sociales, informa El Tiempo. El estudio “Entendiendo el valor en los medios: perspectivas de consumidores e industrias” prueba que la música y los videos son los contenidos más vistos en países como Estados Unidos (30 % – 25 %), Reino Unido (26 % – 21 %) y China (43 % – 56 %). Aunque este informe se escribió conforme fue avanzando el COVID-19 de manera diferencial entre países, los autores advierten que el consumo de contenidos de entretenimiento, en medio del aislamiento social, puede aumentar.
Pandemia Estéreo y el magazín digital La Ración son algunas iniciativas culturales gestadas en medio de la pandemia, informa El Tiempo. Sin embargo, el tránsito hacia la virtualidad no ha sido fácil para todos los artistas. En el caso de Mambako, el aislamiento social frenó totalmente al colectivo. Han pasado casi tres meses y los artistas no se han podido reunir para ensayar, mucho menos para tocar las batucadas. Aunque Suárez comenta que graba videos con las coreografías para que sus compañeros en casa puedan imitar los movimientos y sonidos, les queda difícil montar su apuesta artística desde casa. “El trabajo no es que haya disminuido. Es que se acabó”, enfatiza. Los miembros del colectivo han optado por ofrecer clases virtuales de acondicionamiento físico, danza africana, fusión de la India y árabe, técnicas de tambor alegre y de iniciación al ritmo.
En un intento por retomar el trabajo como colectivo, Mambako se unió con Colombia Tropical Circus y otros artistas en el proyecto La Tribuleza. Con la idea de acercar el arte a los ciudadanos, el grupo de artistas propone fusionar, en un show sobre ruedas, la percusión con técnicas circenses de alto impacto. La puesta en escena está pensada para que sobre un planchón se sitúen estructuras de aéreos, palos chinos y música en vivo. Este proyecto se inscribió a la beca Arte y Cultura se Crean en Casa, iniciativa del Programa Distrital de Estímulos 2020. “Si no nos ganamos la convocatoria, esto igual hay que hacerlo”, afirma Suárez.
Es cierto que el aislamiento social, al prohibir los eventos masivos, cortó abruptamente la relación entre artistas y público. Inesperadamente, los proyectos artísticos han tenido que migrar hacia nuevos formatos para poder seguir viviendo de la única forma que lo saben hacer: a través del arte.