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“Lo único que queda del imperio de Pablo Escobar son los hipopótamos”, afirman tanto el expresidente César Gaviria como Luz Marina Escobar, la hermana del mítico capo.
La noticia que leyó Antonio von Hildebrand hace cinco años sobre unos pescadores atacados por hipopótamos en Barrancabermeja fue el punto de partida para haber querido realizar este documental, Pablo’s Hippos, que a través de los ojos de este mamífero originario de la África subsahariana cuenta la historia de Pablo Escobar, desde sus tiempos de gran capo hasta la imagen de su cuerpo inerte sobre un tejado.
“Me fui de Colombia en el año 1989 y siempre quise darle alguna explicación coherente o lógica a todo lo que había vivido”, sostiene el director. Más que explicación coherente, la razón de este trabajo es mostrar el carácter absurdo, casi surrealista que rodea la historia del narcotráfico colombiano, encabezado por Escobar y sus múltiples excentricidades. Una de ellas, la Hacienda Nápoles, una especie de Arca de Noé, a la que Von Hildebrand visitó ya en ruinas años después y de la que se trajo una virgen descabezada que se encuentra en un altar en su cuarto. “El hecho de que haya una peste de hipopótamos, más de 30 ejemplares salvajes sueltos por el país, pone toda esta guerra contra las drogas en un punto tan absurdo, que es alucinante que además de tener todos esos problemas, haya hipopótamos”.
Von Hildebrand quería tener en su documental a personas que hubieran estado relacionadas personalmente con Pablo Escobar. Por eso, en su producción entrevista a César Gaviria, presidente de la República en ese entonces; María Emma Mejía, consejera presidencial para Medellín; Rafael Pardo, el ministro de Defensa de ese tiempo; el general del Bloque de Búsqueda; el periodista Enrique Santos; ‘Quesito’, uno de los sicarios que mató a Rodrigo Lara Bonilla; a ‘Popeye’, el jefe de sicarios, a ’El Chino’, fotógrafo personal de Pablo Escobar, entre otros. Ellos son los que dan los testimonios donde se va dibujando la persona que era Pablo Escobar y los efectos sociales y políticos del fenómeno que causó en Colombia y en el mundo. Paralelamente, con ironía y humor, la caricatura del macho alfa de la manada de hipopótamos cuenta la vida del patrón que trajo la especie al trópico de Ecuador y la suerte desafortunada de su existencia actual.
La producción no asume ninguna postura, no es condescendiente y deja que todos den su punto de vista para que el espectador haga sus propios juicios. Con fluidez, sin una voz en off propia del estilo clásico de documental, con buen material de archivo, entrevistados inéditos, imágenes desconocidas que consiguieron con los hermanos Smith (unos americanos que fueron contratados por el mismo Escobar para que lo filmaran en la Hacienda Nápoles), logran entregar un buen trabajo, valioso a nivel educativo y cinematográfico. Uno de los retos para los productores era que tenía que funcionar para todos los públicos, tanto para una ama de casa, como para un politólogo.
Al mismo tiempo que Von Hildebrand empuñaba su cámara por el país, los realizadores de los otros documentales sobre el gran barón de las drogas, Los pecados de mi padre, y Los dos Escobares, también estaban filmando en el país. Pablo’s Hippos es el primero hecho por un colombiano, aunque su apellido dé poca fe de esa nacionalidad. “Mi documental utiliza a Pablo y a los hipopótamos para contar que somos un pueblo de bestias sin memoria. Cuesta creer las atrocidades por las que hemos pasado. Es increíble que la cocaína que se produce actualmente es 10 veces mayor que en ese entonces, que no ha cambiado nada y que la lección no se aprendió. Pero lo más aterrador es la impotencia y la incapacidad de todo el mundo alrededor”.
Según Von Hildebrand, la imagen que le queda de Pablo Escobar está exenta de inteligencia y de la generosidad de Robin Hood que le atribuían los demás. “Era simplemente un tipo un poco más brutal que los demás”.