Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La función de su literatura ha sido el entendimiento, la indagación profunda por el sentido. A través de esos libros que ha escrito desde los 17 años, el argentino Leopoldo Brizuela ha buscado que sus personajes no se arrojen al encuentro de la felicidad, sino a la conquista de la comprensión. Esa convicción del escritor de hacer de la literatura una herramienta para descobijar el mundo se materializa más que nunca en la novela inédita Una misma noche, que ayer fue reconocida con el Premio Alfaguara de Novela 2012, y $175 mil dólares.
Siguiendo una tradición que parece estar palpitante en las venas literarias de su generación, y que se ha asomado en sus novelas, Brizuela busca desentrañar y hacer un mapa del terrorismo de estado en Argentina, desencadenado en 1976 con el golpe de la Junta Militar que gobernó hasta 1983.
Su personaje, Leonardo Diego Bazán, un escritor que como el autor camina por los cuarenta, regresa a la casa de sus padres para cuidar de su madre viuda. Un día es testigo del asalto de la casa de sus vecinos por parte de las fuerzas del orden, y el incidente revuelve un agujero negro de sus recuerdos. En el año 1976, esa misma casa sufrió otro ataque. Entonces vivían allí los Kuperman, Leonardo tenía tan sólo 13 años y Argentina estaba sumida en el miedo.
Brizuela empieza a escribir una novela con la intención de rescatar y exorcizar un pasado que había querido olvidar, sobre todo al descubrir el rol que jugó su padre en esos días. Sus pesquisas se centran en la figura de Diana Kuperman, quien sufrió tortura psicológica.
“Así pues, el relato, mediante un diálogo constante entre los años 2010 y 1976, sirve de indagación y purga de una de las etapas más tenebrosas de la política argentina, reflejando, sin un ánimo maniqueo, tanto a las víctimas como a los verdugos”, dice el acta del jurado constituido por la escritora española Rosa Montero, Montxo Armendáriz, Lluís Morral, Jürgen Dormagen, Antonio Orejudo y la editora Pilar Reyes (con voz pero sin voto).
“Un incidente en apariencia baladí, el atraco a un vecino, nos sumerge en una historia inquietante y nos enfrenta a los fantasmas familiares y a la oscuridad del ser humano, en la que se es a un mismo tiempo verdugo y víctima. La novela está escrita en la penumbra; es una historia de interiores, tanto de los domésticos, de esa zona borrosa e indecible de la intimidad y de la privacidad, como de los interiores colectivos, porque se habla en este libro de la trastienda y de los sótanos de la sociedad argentina, aunque la historia que se narra sobrepasa lo local”, comentó Montero sobre la novela.
“No escribo lo que pienso sino para saber lo que pienso, y me interesaba explorar aspectos como la responsabilidad civil durante la dictadura y la frivolidad con que se juzgan a veces ciertas reacciones”, dijo desde España Brizuela, quien ha intentado indagar sobre la incapacidad de comprender al otro, la voluntad exterminadora, no sólo a la luz de la dictadura, sino también haciendo un intenso trabajo sobre el genocidio indígena argentino.
Tanto en novelas como Inglaterra. Una fábula, con la que recibió el Premio Clarín de Novela 1999 y que lo hizo reconocido en el exterior, como en Los que llegamos más lejos (2002), Brizuela ha puesto de manifiesto su voluntad de restituir las voces acalladas por la historia, la palabra de los negados, la existencia de los desaparecidos, un trabajo en el que se fue dando cuenta de que, como alguna vez lo admitió, “podía hablar mucho mejor de los desaparecidos y de todo lo que me había tocado vivir, como una metáfora del genocidio indígena”.
Sus expurgaciones lo han llevado al pasado, pero en la nueva novela se involucra también con la realidad actual. Una misma noche es así una novela de tono amenazante, casi de susurros, sobre el presente que tiene la capacidad de expresar la importancia de la memoria, y cómo dentro de esa memoria aflora la cobardía humana.