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La pierna derecha subida sobre la silla del café donde nos encontramos, el cuerpo cómodamente echado hacia atrás y las manos moviéndose constantemente articuladas, no desde las muñecas como es usual, sino desde los brazos. Por eso deja la impronta de sus músculos en cada respuesta. Custo Dalmau arropa el Angel Custodio, nombre real de este hombre que ha iniciado ya su quinta década de vida.
Curiosamente Colombia ha estado presente desde el inicio de esta aventura convertida en la marca Custo Barcelona. Con veintidós años y un par de amigos, un Custo animoso se lanzó –apoyado por sus padres- a darle la vuelta al mundo en moto. Desde Alaska hasta Tierra del Fuego. «Tuvimos que venir en un avión de contrabando con las motos dentro desde Panamá hasta Bogotá para sortear el Tapón del Darién. Mi proyecto creativo nació justamente en este viaje porque lo que viví fue un mundo de mezclas y contrastes. Esa fusión motivó una estética», recuerda.
El hombre de las camisetas estampadas más famosas del mundo lleva, en cambio, una gastada camiseta sin grafismos, colores ni materiales diversos. Es decir, sin la genética de su propia marca compuesta por esos tres elementos justamente. Posiblemente deba descansar de él mismo a cada rato. Es que son treinta y dos años ya trabajando sin parar, de un punto al otro del globo en una red de tiendas y desfiles repartidos por el mapa, de los cuales le resulta difícil llevar la cuenta. La cifra que sí cita de corrido parece un alud que pudiera sepultarlo: Custo Barcelona ha creado veinticinco mil modelos diferentes de camisetas en este tiempo. Podría vestir un barrio entero de Cartagena él solito.
«Ahora la reina es el vestido. Hace una década no vendías uno solo. Como le pasó al gin-tonic, era algo muy raro. El mercado de repente vira el consumo. Ahora todo el mundo pide gin-tonic y compra vestidos. Nosotros estamos pendientes y respondemos», dice, porque ya incursionaron en líneas de ropa de lo más diverso. Así quedó claro en el desfile que cerró las pasarelas de Ixel Moda, el sexto Congreso Latinoamericano de Moda que dirige Erika Rohenes. Una muestra de la colección de invierno 2013 y otra de la colección primavera-verano 2014, a partir de pantalones, chaquetas, chalecos, ponchos, shorts, pantalones y, por supuesto, vestidos. Prendas multicolores, de impresiones superpuestas, que fácilmente transitan del cuerpo de la mujer al del hombre. Una irreverencia permanente en el estilo reconocido de Custo Barcelona. Una forma siempre hedonista en el fondo. Humor propio, la vida según…
«Nuestro ADN es el color y este está relacionado directamente con el sol. Todos los países que están cercanos al ecuador tienen afinidad con nuestra marca y nosotros con ellos. Por eso ha sido tan difícil entrar en los países nórdicos. Ahí estamos picando piedra. En Latinoamérica se lleva el color con naturalidad. Meterse en este continente mantiene unas trabas logísticas importantes. México ha sido muy complicado pero en Colombia ha sido mejor y es un mercado que está creciendo», explica al tiempo que enumera las cifras reveladoras del drama que vive España con una crisis que tiene al 55% de la población desempleada. «A nosotros nos ha tocado hacer ajustes importantes. Tenemos siete tiendas en Barcelona y el 80% de las compras se hacen con tarjetas de crédito internacionales. El consumo nacional ha caído drásticamente, el turismo de los extranjeros es el que se encarga de mantener las ventas». Europa está muy tocada. Latinoamérica tiene un enorme potencial y Colombia es un destino clave», asegura Custo Dalmau.
La primera vez de la marca Custo Barcelona en el país ocurrió, por invitación de Pilar Castaño, con un desfile en Bogotá. «Ni siquiera pudimos ir a Andrés Carne de Res porque nos decían que era peligroso. Moverse era complicado pero me di cuenta entonces que la moda en Colombia se movía muchísimo. Seis años más tarde nos animamos a abrir nuestra primera tienda aquí. Hoy ya contamos con tres (Bogotá y Medellín) y vendrán más» dice al tiempo que se asombra ante los cambios ocurridos en el país.
El proyecto de diseño gráfico que luego dio lugar a todo un desarrollo empresarial en el mundo de la moda utiliza una técnica fija: la coctelería, como se refiere a ella Custo Dalmau, un hombre que lamenta haber olvidado dibujar por cuenta de la tecnología. «Vivimos un verdadero mestizaje cultural. Hoy en día nadie se extraña si te tomas una copa de Rioja con sushi. Las mezclas se entienden enseguida. Eso ha sido un cambio drástico en nuestro mundo».
Aunque su proceso creativo no tiene horario ni lugar, su espacio diario -técnicamente hablando- continúa en Barcelona, donde trabaja a partir de cuatro elementos esenciales. Las imágenes –el grafismo-, colores, formas –las siluetas- y materiales. “El caos es tan grande que no logramos trabajar en la mesa y lo hacemos en el suelo. En ese momento comienza un proceso de asociación durante un par de meses hasta que logramos la colección”, relata el empresario, que además, ha debido defender su marca en los estrados judiciales. «Es que en la vida todo es cuestión de niveles. Que te copien un poco está bien, que te copien en exceso está mal. Si la gente abusa de tu identidad se genera una confusión en el mercado. Es como una orquesta que tiene otra orquesta de fondo».
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