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Letras costeñas que cautivan porteños

A sus treinta años, Margarita García Robayo, directora de la Fundación Tomás Eloy Martínez de Argentina, tiene una antología, dos libros de relatos y dos novelas. Este año publicará la tercera, ya galardonada.

Margarita García Robayo. /Cortesía
Margarita García Robayo. /Cortesía

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De sus textos, lo que seduce de entrada son los títulos: ‘Hay ciertas cosas que una no puede hacer descalza’ y ‘Las personas normales son muy raras’, son algunos de ellos. A primera vista parecen simples, pero es tal vez esa misma sencillez de lo cotidiano lo que logró cautivar a los argentinos para sumergirse en las letras de esta esta joven costeña.

Con esos ojazos enormes y penetrantres que tiene cuenta que desde que llegó a Buenos Aires experimentó golpes de suerte. En un principio vino con la idea de vivir de la literatura, de ser una escritora austera, bohemia, de contar lo que vivió en Cartagena en su infancia y lo que les pasaba a los extranjeros en la furiosa y presumida Buenos Aires.

Pero la soberbia ciudad le tenía preparado otro destino. Un día se encontró colaborando en el diario Clarín donde creó el exitoso blog Sudaquia del que, periódicos como El País de España, El Espectador de Colombia y Le Monde de Francia, reprodujeron textos. También tuvo una columna en la revista Crítica y un folletín en la Revista C.

Por estos trabajos la revista Cambio la destacó en 2008 como líder en el exterior, y en 2012 la Marca Colombia y la Presidencia de la República la eligieron como uno de los 100 colombianos más exitosos en el extranjero.

Ella aún no se explica tanto éxito siendo que se dedica a relatar “cosas que a nadie le importan” (título de uno de sus libros). En pleno evento de la fundación de Tomás Eloy Martínez, lugar donde se desempeña como directora, dedicó un espacio para hablar de su trayectoria.

¿Por qué narrar cosas que a nadie le importan?

Porque me importan a mí. Cuando uno dice que no le importan a nadie es porque prima el interés personal por contar ciertas cosas y te tiene en realidad sin cuidado lo que piensen los demás y cómo lo van a tomar. Por suerte suele pasar que alguna conexión o empatía hace con otras personas que casualmente han vivido situaciones similares. Todos nos podemos situar en un lugar de no transcendencia.

¿Qué de raro tienen las personas normales?

Ese título tiene esa doble connotación de que son difíciles de encontrar pero al mismo tiempo el rasgo de normalidad es una especie de condición ambigua porque ¿Qué es ser normal? ¿Quiénes son las personas normales? Esa condición es en sí misma una rareza, depende siempre de quién lo juzgue. En realidad no existe una idea de normalidad.

¿Cómo es Buenos Aires desde la mirada de una caribeña?

Desde siempre un lugar muy hermanado al nivel de apertura que tiene Cartagena. Cuando uno crece frente al mar y ve llegar tantas cosas, los barcos, los turistas, crece con una visión de amplitud importante. Además, como en Cartagena el cielo dura mucho, como no hay montañas, el horizonte es muy amplio, me recuerda la sensación frente al mar.

Dicen que es la ciudad de la Furia…

Es una ciudad agresiva en el trato, tiene un nivel de frontalidad a la que los colombianos no estamos acostumbrados. Eso fue chocante al principio, uno termina acostumbrándose pero también se pudre cuando vas por la calle y ves que todo están sin guantes. Te empujan y nadie te pide perdón, hay mierda de perro y nadie la levanta.

Sin embargo lleva más de 10 años viviendo aquí…

En todo caso ese carácter agresivo es importante porque te da carácter, te hace fuerte. Aquí consiguen las cosas a punta de piquetes (cierre de calles). Nosotros allá somos tan elegantes, tan amables y tan sutiles que no protestamos.

En 2012 fue elegida como una de las colombianas líderes. ¿Cuál es su fórmula del éxito?

La verdad no sé quién hizo ese ránking, nunca me he considerado líder de nada. La condición de liderazgo es algo relativo y tiene que ver con un talento natural. Se destacó en su momento el blog Sudakia que hice en Clarín, que contaba historias de inmigrantes aquí. Una vez más conté temas triviales que supuestamente a nadie le importan pero al extrapolarlo logré algo de interés universal.

¿Qué no puede hacer Margarita descalza?

Abrir la heladera (nevera). Te puede patear.

¿La peor miseria femenina?

La competencia de género.

¿El personaje preferido de los que ha creado?

Catalina, la protagonista de mi última novela que se llama «Lo que no aprendí». Es una niña de 11 años que cuenta un lapso de sus vacaciones de mitad de año en Cartagena en que empieza a descubrir a su padre y después termina en una historia medio desencantadora. Me gusta mucho porque hice mucho uso de mis experiencias de esa edad y me produjo ternura y un desencanto también ante la pérdida de la inocencia.

Dice que sus textos son fotografías verbales, ¿cuál es la suya?

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No podría hacer un autorretrato, no todavía.

Lo que más extraña de La Heroica…

Los patacones. Venden plátano pero no son los mismos de mi mamá.

Si pudiera elegir una ciudad para vivir ¿Volvería a elegir Buenos Aires?

Sí, pasaría de nuevo, fue un punto de inflexión en mi vida, pero en mi lista de ciudades está Nueva York, México y calculo que al final regresaría a Cartagena.

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¿Cómo llegó a ser la directora de la fundación TEM?

Yo trabajaba en Cartagena en la fundación de Gabriel García Márquez y ahí conocí a Tomás, y forjé con él una buena relación y cuando él se enfermó le surgió la idea de hacer esta fundación y me convocó y armar todo esto de cero. Fue un privilegio, una obsesión y una responsabilidad.

¿Qué es lo que más admira de Tomás Eloy?

Su generosidad. Aparte de ser un escritor y periodista impresionante, era una persona demasiado generosa.

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¿Su más grande aporte a la Fundación?

No podría haber sido de otra manera, mi entrega total, mis tiempos, mis años.

¿Qué ha aprendido hasta ahora Margarita?

Muy pocas cosas. A no dar cosas por sentado, de buscar cada vez más en todo, a ser menos conformista.

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¿Encontró lo que buscaba cuando vino a Argentina?

Cuando vine fue con la idea de escribir, dedicarme a la literatura, hacer cosas más informales. Vivir de escribir. Lo hice durante unos años y fueron surgiendo pequeñas oportunidades, golpes de suerte. Luego me convocaron para para Fundación y en un principio no quería, y haber aceptado fue una cuestión de fe y me fue bien.

Su próximo libro…

Ahora voy a publicar un libro que ganó el premio Casa de la Américas de Cuba, se llama, Cosas peores, es una antología sobre gente que está en situaciones terminales, que está frágil.

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¿Cuál es el lado oscuro del estilo de vida Latinoamericano?

En lo que a inmigración respecta, es la idea de renunciar al arraigo, la capacidad de desarraigarse a propósito, de no tener raíces. Cuando te vas a otro lugar renuncias a las raíces, es el algo admirable, atractivo.

¿Cómo se hace espacio y figura una mujer caribeña en la Ciudad de la Furia?

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Para mí todo ha sido muy atípico porque cuando llegué aquí, yo ni siquiera escribía literatura, estaba con el periodismo, me metí a un taller, una cosa llevó a la otra. No tengo una respuesta clara pero creo que tiene que ver con esa mirada extrañada de lo que sucede, de lo que le pasa al otro, de contar la ciudad desde otra perspectiva. Así me hice lugar en un espacio que parecía inaccesible.

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