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“Lolita”

Qué difícil escribir sobre un clásico cuyo tema provoca un amplio repudio social, pero imposible resulta dejar de lado a «Lolita» cuando se trata de contar la historia de la literatura erótica universal.

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La novela, escrita en inglés por un ruso, está hecha a imagen y semejanza de la depravación de un hombre maduro que relata en primera persona su obsesión por las niñas entre los nueve y catorce años, a las que llama “nínfulas”.

Su autor, Vladimir Nabokov, sostuvo que la obra “habrá de ser, sin duda, una obra clásica en los círculos psiquiátricos”. Sin embargo, el arquetipo que construyó con su protagonista, Dolly Haze, consolidó la novela como una de las grandes creaciones de la literatura universal.

Cuenta Humbert, el pervertido, que siendo niño conoció a una chica con la que estuvo a punto de tener relaciones, a no ser por la extrema vigilancia de los padres y por su sorpresiva muerte. Esa frustración congeló su gusto por las mujeres en su etapa de niñas. Para controlar sus bajos instintos, duró casado cuatro años, “pero en secreto, me consumía en un horno infernal de reconcentrada lujuria por cada nínfula que encontraba”.

Humbert viajó a Nueva Inglaterra, donde tomó un piso en alquiler. Allí conoció a Lolita, con apenas doce años. “Lolita, luz de mi vida, fuego de mis entrañas. Pecado mío, alma mía. Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos paladar abajo hasta apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes. Lo. Li. Ta”.

El hombre se casa con Charlotte, la madre, pero deseando a la hija. Su narración tiene de pronto un receptor claro: los señores del jurado. Es a ellos a quienes les cuenta lo que pasó y con quienes intenta justificar sus actos. “No somos demonios. Solo buscamos la ocasión para tomar una nínfula”.

Charlotte muere en un accidente y Humbert, en calidad de padrastro, recoge a la niña e inicia con ella un viaje delirante por Estados Unidos. Asegura que ella lo seduce y que es él quien se asombra de su desparpajo sexual. “La pequeña Lo zarandeó mi pobre fuente de vida con energía y de la manera más prosaica, igual que si hubiera sido un adminículo inanimado desconectado por completo de mi ser”.

Luego llega el abandono y la condena. Humbert escribe su historia en una sala de observación de sicópatas y en una cárcel.

En 1955 una pequeña editorial francesa se atrevió a publicar la novela que cuatro casas editoriales habían rechazado. El mismo Nabokov, que tenía clara la reacción de la sociedad, usó un falso prologuista para lanzar un mensaje: Lolita es invitación a padres y educadores para trabajar por generaciones más seguras.

* Subdirector de Noticias Caracol y escritor.

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