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Los 1.500 secretos de La Tertulia

En una bodega reposaron por años obras de importantes artistas que por primera vez se exhiben de manera permanente en el Museo de Arte Moderno de Cali.

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El edificio del museo La Tertulia de Cali ha sido desde su construcción, en 1962, un referente de la ciudad. La caja cuadrada de columnas que emulaba la arquitectura italiana en tiempos de Mussolini, y que contrastaba con las casas tradicionales que la circundaban, se coló desde sus inicios en las guías turísticas. Hoy en día, la mayoría de taxistas saben llevar a un turista a sus puertas, y estando ahí, al frente, le dirán que una de las fotos obligadas de un paseante de Cali es de pie junto al jardín que da la entrada al museo por la Avenida Colombia, para que en el fondo se vea el letrero que lo anuncia: Museo La Tertulia.

Sin embargo, a pesar de la visibilidad del edificio, muy pocos en Cali saben que en ese conjunto de estructuras de piedra lavada que se han construido aledañas a la sede inicial del museo, se albergan 1.500 obras de la plástica nacional y americana, con un especial énfasis en artes gráficas, y que incluyen grabados, dibujos, serigrafías, litografías, etc. Ese desconocimiento de lo que pasa de paredes para adentro en este museo —que tiene una colección propia tan importante que es casi improbable encontrar una exposición nacional que no haya contado con alguna de sus obras en calidad de préstamo— se debe a que la colección hasta ahora no había sido mostrada de manera permanente.

Por años, obras compradas por la fundadora del museo, Maritza Uribe, y por diferentes administraciones, más otras donadas por artistas que expusieron en sus salas o creadas en los mismo talleres que alguna vez se articularon al museo, se mantuvieron guardadas en una bodega en donde, calladas, crearon sus propias alianzas y se convirtieron en testigos de que lo que las hermanaba, a pesar de sus diferencias, era que casi todas tenían como soporte el papel.

“Primero había que crecer en infraestructura para luego exponer la colección”, explica la actual directora del museo, María Paula Álvarez, y añade que “ahora que por fin el espacio está listo queremos darle fuerza a la colección. Nadie piensa en el Museo de Antioquia sin las esculturas de Botero, o en El Prado, sin Las Meninas de Velásquez. Necesitamos que la gente sepa qué caracteriza a este museo y eso sólo se logra exponiendo la colección permanente”.

Este proyecto de hacer accesible las obras de los vallunos Óscar Muñoz, José Horacio Martínez, Pedro Alcántara y María Teresa Negreiros, y de otros artistas nacionales, como Beatriz González, Felisa Burstin, Santiago Cárdenas y Beatriz Daza, tiene otra intención fundamental: crear un público gustoso del arte desde la infancia.

“Hay que formar público desde la temprana edad. Ese gusto ya no se puede crear a los 30 años. Las instituciones educativas no nos tienen en la agenda porque no saben bien qué pasa aquí. Las profesoras siempre están temerosas de no poder responderles a los alumnos la incómoda pregunta de ¿qué es eso?”, explica la directora, quien asegura que las obras de los tres pisos del museo se han organizado con un criterio particular: “Estas son manifestaciones artísticas difíciles de entender, sobre todo para un público neófito que no ha ido a Nueva York y que no sabe de los movimientos y las vanguardias. Queremos acercar estos contenidos a la gente del común, fundamentándonos en la teoría de que el arte se exhibe y el conocimiento se construye a partir del encuentro con la obra. No necesitan comprensiones elaboradas”.

La colección se expondrá primero con la selección de 200 obras que serán renovadas cada cuatro meses, el período justo para que las obras de papel no se desgasten al estar expuestas. Cada piso tiene una intención. El primero presenta una nutrida muestra de artistas colombianos, estadounidenses y latinoamericanos. “La colección tiene un carácter americano, que tiene que ver con las bienales que se realizaron aquí, así que hay obras de Diego Rivera, José Guadalupe Posada, Roberto Matta, que revelan a Cali como un lugar que en algún momento fue epicentro de artistas ”, explica Felipe González, uno de los curadores. En los siguientes pisos las obras se organizan por temas: el espacio, el cuerpo y la abstracción. Además hay otras dos salas: una de máquinas y otra de animales. “Esperamos que con esta apertura y con la disposición de las obras no haya ningún estudiante caleño que se gradúe sin conocer los 1.500 secretos de La Tertulia”, puntualiza Álvarez.

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