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En 1993, tras publicar el libro Colombia Inédita, el fotógrafo Santiago Harker decidió recorrer aquellos parajes de Colombia que no habían quedado registrados en este documento gráfico. Uno de ellos, el que le cambió la vida, fue la Alta Guajira
Así llegó a ese territorio inhóspito y mágico que lo recibió con toda la grandeza del desierto y la espontaneidad de sus habitantes, los indígenas wayuu.
Poco a poco, de viaje en viaje, Harker fue haciendo amigos y ganándose el respeto de quienes lo conocían. En 1998 publicó el primer libro sobre La Guajira “ese era más sobre La Macuira y La Sierra, me hacía falta hablar sobre una parte tan importante para los Wayuu que son los apalaanchi, los pescadores”, explica el fotógrafo. Una vez publicada la primera edición, Harker regresó a La Guajira cargado de libros para sus protagonistas. Sus continuos regresos gestaron entre él y las comunidades vínculos de amistad, que hicieron aún más viable un segundo libro. “Yo sólo tengo agradecimiento con la comunidad wayuu porque conmigo han sido más que generosos”, continúa Harker.
Apalaanchi, editado por Villegas editores con el patrocinio de Chevron Petrolium Company es un documento poético y documental sobre la relación de los Wayuu con el mar, gracias a los textos del antropólogo Wilder Guerra, que habla de la cosmogonía de estos hombres del mar desde lo sociológico, y el poeta Miguel Ángel López Hernández.
“Los apalaanchi son la libertad de las orillas, son los depositarios de la sabiduría de las fronteras líquidas… y se especializan en su naturaleza…”, narra López Hernández en su texto, que es un bello poema. Ahí se explica que los apalaanchi no son sólo humanos también son los apalaanchi Ichinchua: las rayas; el Jerüi, el caracol, y todos los otros seres que conviven con los hombres del mar.
“Este documento es también memoria, porque Colombia cambia con tanta velocidad que estos libros son para que nuestros descendientes puedan ver lo que aún es nuestro país”, cuenta Harker, quien reconoce que estos proyectos gráficos no son necesariamente lucrativos, pero que son los que especialmente lo motivan. A través de estas imágenes, además de revelar todo un universo en el que el hombre hace parte del mar, también se conserva y redescubre la poesía de la Alta Guajira y de sus habitantes.