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Esta historia de conspiraciones, muertes repentinas a causa de un supuesto pinchazo planeado, de artículos y discursos que ponen en riesgo la existencia, de hombres escritores que en la efervescencia de su reputación amaban volar llevando a sus carros a límites suicidas empieza con una viuda.
Como hemos venido asistiendo ya con una frecuencia sospechosa, esta viuda, por supuesto viuda de un escritor famoso, ha encontrado un tesoro escondido en su casa. Su nombre es María Zabanova, y su esposo es el fallecido poeta checo Jan Zabrana.
La viuda, tras esculcar lugares de la casa no antes esculcados, ha encontrado hace unas semanas el manuscrito real de las memorias Toda una vida, en las que el poeta que pasó preso casi toda su adolescencia y que fue declarado “no apto políticamente para el estudio” recontaba su vida.
Se encontró con el original y se sentó a leerlo. Después de hojear el texto, notó que había un inquietante apartado que por alguna razón su marido había elegido obviar del ejemplar que se publicó. El párrafo decía: “Un hombre que sabe mucho, relacionado con la inteligencia soviética, me aseguró en 1980 que un neumático del coche en el que murió Camus fue saboteado por medio de un instrumento que, al aumentar la velocidad, lo desinflaba bruscamente”.
Camus. Las líneas se referían al escritor y dramaturgo existencialista argelino-francés, que efectivamente murió en el año de 1960 en un Facel Vega que a más de 100 kilómetros por hora (una desproporción para la época) iba conduciendo Michel Gallimard, sobrino del editor que tan célebre había hecho a Camus al publicarlo.
De inmediato el hallazgo revivió las antiguas polémicas que sobrevinieron a su muerte inesperada.
En 1956, Albert Camus había escrito una carta abierta titulada “La sangre de los húngaros”, en donde criticó la falta de acción de Occidente ante los desmanes policiales de los soviéticos que habían invadido el país. Pronunció además, un año después, un desgarrador discurso en el recinto la Salle Wagram, de París.
Estas no serían las únicas razones por las que la insinuación hecha por Zabrana podría tener una razón de ser. Albert Camus, a diferencia de Jean Paul Sartre, nunca comulgó con Stalin. A Camus no le importaba, como intentó hacérselo ver tantas veces su amigo, que Stalin al ser el gran enemigo de los nazis se hubiera convertido en estandarte de la izquierda y de la libertad. “Camus formaba parte de un grupo de intelectuales críticos, fue independiente, autónomo, reprochó desde el principio los desmanes del totalitarismo. La izquierda decía que era un existencialista de derecha, pero Camus, a diferencia de Sartre, no tuvo un abanderamiento ni un alineamiento a un grupo político definido, él creía en la función crítica del intelectual, que debía estar siempre en una vigilancia crítica del poder”, explica el dramaturgo e investigador histórico Carlos José Reyes.
Pero la distancia y condena del comunismo por parte del escritor existencialista no fue la única intromisión política a la que se vio avocado. “Durante la Guerra de Liberación de Argelia, Albert Camus, que era argelino, asumió posiciones muy fuertes que fueron asumidas con mucha polémica. En 1945 denunció los asesinatos de Sétif, lo cual hizo que muchos pensaran que era un liberal que apoyaba la idea de que era hora de superar el modelo colonialista que había hecho a África depender por tanto tiempo de Europa. Sin embargo, cuando las luchas se exacerbaron entre los que defendían el nacionalismo y los que querían mantener el orden de cosas con la colonia, Camus se distanció temiendo que una causa justa tuviera que necesitar de métodos injustos. Entonces muchos lo señalaron de traición, aunque el tiempo le haya dado razón en todos sus temores”, explica por su parte Azriel Bibliowicz, director de la maestría de escrituras creativas de la Universidad Nacional.
Un hombre molesto sin duda era Camus, un hombre que en sus libros retrató las tensiones de su tiempo. Sin embargo, expertos en su historia aseguran que las probabilidades de que la KGB hubiera fraguado su muerte son muy pocas.
Olivier Todd, autor de una de las biografías más aceptadas del escritor —traducida al español por Tusquets como Albert Camus, una vida— y excorresponsal de la BBC en París, aseguró tan pronto escuchó la polémica desatada por la viuda que “en los archivos soviéticos, a los que él había tenido acceso, no había un solo dato que convalidara la suposición de Zabrana”.
Por su parte, el filósofo francés Michel Onfray, que publicará en enero próximo una biografía de Camus, aseguró: “No creo que sea plausible, la KGB tenía medios para acabar de otra manera con Albert Camus. Hay que resaltar, además, que ese día Camus debía regresar a París desde el sur de Francia en tren. Incluso tenía su billete y fue en el último momento en que decidió regresar con Michel Gallimard. De hecho, el coche era de Gallimard”, destacó Onfray.
Las suspicacias encontradas por la viuda al final no hacen más que acentuar las versiones casi míticas que siempre cobijan esas muertes inesperadas y sin duda sospechosas como la de Albert Camus, Pier Paolo Pasolini o, para no ir más lejos, la de Lady Di. Pero Onfray, que se ha internado por tantos años en su vida, sólo tiene para concluir: “Que los soviéticos quisieran acabar con él era seguro, pero no lo hubieran hecho así”.