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Los tableros de la vida y la muerte

Artista, escritora, apasionada por deportes náuticos, montañista, la bogotana Monique Savdié desarrolla una obra para sacudir la conciencia. De raíces rumanas y egipcias, pero inmersa en los dramas y luchas de Colombia, el lenguaje del ajedrez es también el suyo

La artista Monique Savdié con una pieza de su última obra artística: “Escaques”. / Claudio Pierri y Andrés Duplat
La artista Monique Savdié con una pieza de su última obra artística: “Escaques”. / Claudio Pierri y Andrés Duplat

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“La necesidad de encontrar siempre el oro entre el lodo”. Así define su obra la artista y escritora bogotana Monique Savdié, quien después de exponer su último trabajo en la Galería Sextante, ahora lo desarrolla a diario. Se llama “Escaques” y el reto es el ajedrez como denuncia. Por cada tablero que vende, dona uno a escuelas de bajos recursos. Esa es su forma de encarar el mundo mientras prepara a sus hijos una torta propia de sus ancestros llamada “Napoleón” o una changua colombiana acreditada entre sus amigos.

De raíces rumanas y egipcias o, como ella misma lo define, “de sangre ashquenazi y sefardita”, esta creativa artista y escritora bogotana tiene una intensa experiencia de vida que explica su obra. Estudió diseño industrial en la Javeriana, pero lo suyo siempre fue reinventarse. Por eso se hizo grafitera, montañista y comunicadora. Cuando el narcotráfico explotó varios carrobombas en Bogotá en 1993, por ejemplo, en una pared bogotana Savdié patentó su protesta: “Pablo es cobarde”.

Un día decidió empacar sus libros y sus tableros y morral al hombro subió al Cocuy, el parque de Los Nevados, el Puracé, las cumbres de Ecuador y hasta el Everest. No pudo hacer cumbre en la montaña más alta del mundo porque un edema pulmonar la detuvo a 6.400 metros. Pero este es su sello personal, solo detenerse para volcar en el arte sus imaginarios. Además urge tiempo para remar, montar bicicleta o auscultar el cielo con su telescopio en una cabaña que tiene dentro de un club náutico, frente al embalse de Tominé.

Aunque su obra circula por unidades desde hace varios lustros, el último ha sido generoso para mostrarla y difundirla en contexto. Primero fue su exposición “Examen de visión 20/20”. La mostró en la Cámara de Comercio y causó impacto. Luego la invitaron a participar en un homenaje a los derechos humanos en el parque de Renacimiento, y tras una escultura de Botero, la instaló en dos pendones gigantes. El típico examen de ojos con letras de distintos tipos y tamaños pero con testimonios contra la barbarie.

Monique Savdié recuerda que una noche de la exposición, una espontánea mujer que la miraba con dudas, finalmente se le acercó a preguntarle si era la autora de la obra. Cuando le manifestó que sí, la abrazó y con lágrimas en los ojos le dijo: “Gracias, no estamos solos”. Con materiales distintos y formatos diversos, “Examen de visión 20/20 se abrió camino sola. Se sigue instalando porque la arbitrariedad y la violencia dejan gritos que la artista bogotana sigue interpretando.

Con el sello Icono, después creó un libro objeto de 16 por 16 centímetros titulado La partida. Basado en una historia real y para “no dejar sepultado el dolor” de haber vivido los hechos, la artista desarrolló la historia de su amigo Dany, un empresario de origen judío secuestrado por falsos policías y vendido al frente 55 de las Farc. En un momento de su largo cautiverio, encontró botado un tablero de ajedrez y fue el regalo de vida que le permitió hacer llevadero su sacrificio.

Una a una fue tallando las fichas de su ajedrez personal y el comandante del grupo que lo mantuvo secuestrado terminó jugando con él la primera partida cuando quedó completo el tablero. Con el rey blanco como el secuestrado y la jugada de la “siempreviva” para arrancar la partida, Monique Savdié le dio identidad artística a este drama de la guerra y lo desarrolló en una obra gráfica y literaria de 47 párrafos que corresponden a 47 movimientos y momentos extremos del injusto cautiverio de un secuestrado .

Luego repitió libro, esta vez de largo aliento. En los años 90, Monique Savdié estudió y ejerció el periodismo a plenitud. Durante sus continuos viajes por Colombia para conocer estrechos, desiertos, cuevas, acantilados o montañas, no faltaron sus crónicas. Las publicó en revistas y periódicos como entusiasta difusora de noticias de vida donde la muerte estaba enseñoreada. De esa experiencia fue quedando un asunto pendiente. Con el paso del tiempo tomó forma como su sugestiva novela Viajes paralelos.

Su protagonista realiza dos viajes simultáneos que marcan su existencia. Uno buscando las cumbres del Himalaya y el otro hacia lo profundo de su propio útero, donde crece un hijo que no le pertenece. Dedicado a su hijo Ilán Voloj, con homenaje póstumo a su amigo Juan Paulo Ospina, montañista fallecido a los 49 años después de un coma diabético, la novela retrata los caminos íntimos de la autora, su pasión por el caos, su búsqueda junto al legado del aire libre o de los ríos.

Un libro escrito para exaltar la libertad individual y entender las señales del tiempo. Tan intenso como “Examen de visión 20/20”, donde la crudeza de los falsos positivos o las masacres cobran vida en los consultorios interiores de quienes actualizan sus anteojos; o La partida, en la que el horror del secuestro extorsivo se reinterpreta en la esperanza de una partida de ajedrez. Y ahora “Escaques”, en los que prueba que sigue obsesionada por la poesía que se esconde detrás de las desigualdades y los pánicos.

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