Los últimos escribanos de Cali

Crónica de los últimos hombres dedicados a un viejo oficio que sus hijos no heredaran y que la tecnología ha de desaparecerlos ¿Cuáles nostalgias albergarán nuestros hijos o nietos?

Los “escribanos” redactan desde declaraciones de renta, certificados de ingresos, balances financieros o derechos de petición, pero han llegado a pedirles desde tesis de grado, hasta cartas de amor. / Cortesía pixabay
Los “escribanos” redactan desde declaraciones de renta, certificados de ingresos, balances financieros o derechos de petición, pero han llegado a pedirles desde tesis de grado, hasta cartas de amor. / Cortesía pixabay

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

“Cuando en la noche umbría, tus negros ojos brillaron, hasta los gallos cantaron, creyendo que amanecía”, Don Hugo Calero Calderón, un hombre de 70 años, me recitó este poema cuando hablábamos de antiguos oficios, de historia y del futuro. “Esta cuestión tan ingrata es preciso definirla: el capital… es la plata y el trabajo… conseguirla”. Carlos María Villafañe es el autor, Roldanillo es la ciudad que lo vio nacer, por allá en 1881. Cali fue testigo de sus obras y de su muerte. Lo único que no se llevó a su tumba fue su seudónimo en las páginas olvidadas en el Tic-Tac de las máquinas de escribir, compañeras fieles de los escribanos del Parque de los Poetas.

Puede leer: Política y literatura

Don Hugo, de lento caminar, llega puntual cada mañana a las al parque donde, con ayuda de Don Gonzalo, instala su mesita, la número 8, siempre debajo de una frondosa veranera.  Los poetas Jorge Isaacs, Ricardo Nieto, Carlos Villafañe, Antonio Llanos y Octavio Gamboa, testigos solitarios, escuchan el teclear de sus primeras líneas, sorbiendo un tinto para motivar la mañana, y así “no bajar bandera”, jerga que dice copiar de los taxistas, Don Hugo hace sus primeras declaraciones de renta del día.  

La Asociación de Asesores Auxiliares Públicos Tributarios de la Plaza de Cayzedo, (ATRIBUCAY) fue creada a principios de la década del 80, cuando los escribanos se ubicaron en la Plaza de Cayzedo. Los “escribanos”, nombre popular en toda América Latina, redactan desde declaraciones de renta, certificados de ingresos, balances financieros o derechos de petición, pero han llegado a pedirles desde tesis de grado, hasta cartas de amor. Todos son hombres mayores de 60 años, llevan haciendo este oficio desde hace décadas, cuando siendo jóvenes, llegaron a juntarse con los loteros, lustrabotas y fotógrafos, oficios que al igual que los escribanos, han ido desapareciendo.  El oficio de escribano, según dicen ellos, se hace desde hace una centuria, primero a mano y luego con las adoradas máquinas de escribir.

Don Hugo recuerda esos primeros años de la Asociación, con un ambiente festivo, de eterna camaradería, con un espíritu comprometido. Se reunían a final de la tarde, para hablar como colectivo. Había familiaridad y respeto, por supuesto solo a veces, y de cuando en cuando iban a reunirse en algún billar en el barrio San Nicolás, par de polas para mojar el gaznate, hablar de la vida y lo de siempre, juzgados y declaraciones. Don Hugo llegó a la Plaza de Cayzedo después de haber perdido su trabajo como vigilante. Pensó que sería algo temporal trabajar como “escribano”, compró su primera máquina, una Remington de la década del 50, por 10 mil pesos, de segunda, ya que las nuevas eran mucho más costosas. Así pasaron los años, se casó y tuvo cuatro hijos, cuatro máquinas de escribir y con cada declaración de renta fue construyendo su casa en el Barrio el Diamante. 

Con sus carpas, asientos plegables y mesitas improvisadas, dispuestos a atender a cuanta persona llegara, los escribanos de la Plaza de Cayzedo fueron testigos de la azarosa vida del centro, putas y comerciantes, caballos pastando, palomas siendo alimentadas por niños y familias que venían a tomarse una foto. Alcaldes iban y venían prometiendo cambios y remodelaciones, los simulacros del Cuerpo de Bomberos casi que cada año hacían sus demostraciones de rescate, los habitantes en condición de calle tomaban por baño las fuentes de la plaza, la masacre de la oficina de Diners Club ocurrió ahí cerca en el lado oriental del edificio Otero, un ritual de sangre en el que nueve mujeres y dos hombres fueron asesinados a puñal y bala. Ellos atestiguaron todo tipo de manifestaciones, hasta las protestas constantes del gremio de comerciantes que querían impedir al Concejo de Cali mantener como peatonales las vías circundantes a la Plaza de Cayzedo.

Apolinar Salcedo, exalcalde de Cali (2004-2007), comenzó la remodelación de la Plaza de Cayzedo al final de su mandato, trasladando a los Escribanos, Loteros y Lustrabotas al Parque de los Poetas y a la calle 12, continuando sus labores apretujados en esta Cali, tierra de oportunidades e incertidumbres. El exalcalde les regaló unas mesas, parasoles y sillas rimax, la Administración se comprometió a brindarles vigilancia y a recuperar el sitio, cosa que no se cumplió a cabalidad. Tenían como sueño volver a la Plaza, pero nunca regresaron y hoy no tienen planes de hacerlo, se adaptaron. Don Hugo confiesa que esos primeros años en el Parque fueron difíciles, las dificultades del clima, los robos, la policía que los corría de un lado para otro y la persecución jurídica por parte de unos “poderosos” que los desean sacar para siempre, ya que ellos “brindan un servicio más económico a la comunidad”, servicios que cualquier contador o abogado cobraría 10 veces de lo que ellos hacen.  Don Hugo resalta la labor y el compromiso de los escribanos con la ciudadanía, y con su entorno. Han sembrado plantas en el Parque de los Poetas para seguirlo embelleciendo, cumplen a cabalidad con todas las normas, y manejan un horario casi siempre de 8 a.m. a 5 p.m.

Cali mantiene un alto índice de desempleo, por lo que miles de ciudadanos están dedicados a trabajar en la economía informal. En su mayoría este sector poblacional es vulnerable, dada su escasa formación académica y sus difíciles condiciones económicas. En la actualidad no existen censos o información actualizada en torno a la cantidad de vendedores informales de la ciudad. Las últimas administraciones municipales han optado por recurrir a la represión dejando de un lado la implementación de programas sociales que realmente ayuden al vendedor y sus familias. Los escribanos en particular aclaran que durante esta administración (la de Maurice Armitage) no se ha visto persecución hacia ellos o cualquier otro sector informal.

El clima ha sido severo con ellos, pero para Don Hugo, el más implacable ha sido “la tecnología y la sistematización” de muchos quehaceres jurídicos. Ellos ven la tecnología y sus progresos como algo negativo, pero esta situación es normal, ya que en el momento de su aparición, todo progreso tecnológico ha sido rechazado, temido y en algunos casos aceptado sin mayor debate. Casos como el teléfono, la radio y la televisión, se vieron con aires de progreso en el momento de su aparición. La llegada de la tecnología multimedia–como dice Sartori en Homo Videns- es absolutamente inevitable, pero por el hecho de ser inevitable no debe aceptarse a ciegas (…) Progreso tecnológico no se puede detener, pero no por ello se nos puede escapar de las manos. Hacer uso de estas nuevas tecnologías ha tenido en vilo, como hizo en otros momentos, a generaciones de viejos oficios. Trabajadores informales o de cierto prestigio desaparecieron poco a poco de las plazas y calles de las grandes ciudades, decenas de fotógrafos que caminaban por la plaza buscando caminantes para luego retratar en sus instantáneas, desaparecieron con la llegada de los celulares con cámara.

Puede leer: Las 25 propuestas de intelectuales y escritores para mejorar a Colombia

Los escribanos que han vivido de la palabra por generaciones, están ad portas de “extinguirse” como dice Don Hugo, al igual que los campaneros, pregoneros, afiladores, y se sumarán los herreros y carretilleros. Eran un total de 38 escribanos cuando se censaron para el traslado al Parque de los Poetas, ahora sólo quedan unos 20. Algunos se han ido y otros se han muerto. Cuando muere un escribano, se entrega un pequeño auxilio a los dolientes, se reúnen a acompañar al difunto, se pronuncian unas palabras y al día siguiente continúan escribiendo en sus máquinas. Cada que muere uno de ellos, su puesto desaparece, se va con él, se lleva su número. Un puesto que nadie va a heredar y no hay hijos o nietos que lo deseen.  Los días y los meses son buenos y malos, no acumulan, sólo ganan lo suficiente para pagar las pocas cosas que siempre han pagado, un tinto, un almuerzo, y los dos mil pesos que cobra Don Gonzalo Padilla Valencia por amarrarles las mesitas y llevárselas al sótano del billar que queda en la esquina. El dueño del restaurante-billar llamado La Frontera no les cobra por guardar sus tesoros, aquellas mesas donde esconden una Remington, una botella de agua y par de papeles.

Los escribanos y sus mesas enumeradas se irán poco a poco. Sólo quedarán las voces de quienes los conocieron y usaron sus modestos servicios. Y Don Gonzalo, oriundo de Sevilla, Valle, a sus 47 años de edad, levantará por última vez una de aquellas mesitas, oficio que realizó durante 20 años. Un ex alcalde –me dijo Don Hugo, aunque no supo recordar cuál- les prometió una estatua que recordara su labor de décadas en la ciudad, y acompañará a Carlos Villafañe, Jorge Isaacs, Ricardo Nieto, Antonio Llanos y Octavio Gamboa, viejos colegas de la misma plaza.

“Nada me queda del ayer florido, Nada retoña en mi jardín y siento, La tristeza del árbol carcomido, Sin hojas y sin savia y sin alíento, El ave infausta de remoto olvido, Llegó a mis puertas y graznó su acento, Y el ruiseñor que endulzó el oído, Dejó la jaula y se perdió en el viento, Hoy ya mi corazón es como un sauce, Que en el árido soplo del verano, Inclina a veces su ramaje umbrío, Sobre la sed monótona del cauce, Por donde en otro tiempo, ya lejano, Pasó la dulce claridad del río …!” Carlos Villafañe, revista Gaceta, 2009.

Conoce más

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido