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Maestro del pop art

El miércoles se cumplieron 25 años de la muerte de Andy Warhol, uno de los grandes revolucionarios referentes del arte del siglo XX.

22 de febrero de 2012 – 06:14 p. m.

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El 3 de junio de 1968, la escritora feminista Valerie Solanas disparó seis tiros contra Andy Warhol en un intento desesperado por recuperar lo que le pertenecía. “Tenía demasiado control sobre mi vida”, declaró en el juicio en que fue sentenciada a tres años de cárcel después de dejar al artista plástico y cineasta al borde de la muerte. Al parecer, el día del atentado Solanas fue expulsada del colectivo The Factory tras reclamar un guión que le había mostrado a Warhol, quien, sin importarle, lo había extraviado entre las montañas de papeles apiladas en su estudio.

Opacado por la muerte de John F. Kennedy dos días después, el crimen contra Warhol no permaneció mucho tiempo en la memoria colectiva. La experiencia cercana a la muerte dejaría algo más que cicatrices en el artista de aspecto extraño y peluca blanca. “Antes de que me dispararan, siempre pensé que estaba un poco más para allá que para acá. Siempre sospeché que estaba viendo la tele en vez de vivir la vida”, afirmó entonces.

En menos de una década Andy Warhol revolucionó el mundo del arte liberándolo del subjetivismo y de la poética. Objetos cotidianos, protagonistas del mundo mediático y consumista, eran la fuente de sus obras. Los cientos de rostros en serie que inmortalizó con colores vivos y brillantes, las imágenes de latas de sopas Campbell, cajas de jabón, zapatos, envases de Coca Cola y billetes de un dólar lo coronaron como el rey del arte pop.

“Estados Unidos ha iniciado una tradición en la que los consumidores más ricos compran esencialmente las mismas cosas que los más pobres. Puedes estar viendo la tele, ver un anuncio de Coca Cola y sabes que el presidente bebe Coca Cola, Liz Taylor bebe Coca Cola, y piensas que tú también puedes beber Coca Cola. Una cola es una cola, y ningún dinero del mundo puede hacer que encuentres una cola mejor que la que está bebiéndose el mendigo de la esquina. Todas las colas son la misma y todas las colas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el presidente lo sabe, el mendigo lo sabe, y tú lo sabes”, declaró.

Después del terrible incidente, Warhol se convirtió en una máquina para hacer dinero y todo lo que hacía se volvía un gran negocio. “Empecé como artista comercial y quiero terminar como artista de los negocios. Después de hacer eso del ‘arte’, o como lo llamen, me metí en el arte-negocio”, dijo en su libro Mi filosofía de A a B y de B a A. Muchos lo tildaron de superficial, de haber profanado la experiencia artística y de haberse prostituido al mejor postor. Para su muerte, en 1987, con 58 años de edad, el estadounidense se había convertido en un nombre ineludible de la industria del arte, y hoy, 25 años después, sus obras alcanzan cifras millonarias en el mercado especializado.

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