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“Viva magenta es valiente e intrépido, un color palpitante cuya exuberancia promueve una celebración alegre y optimista, escribiendo una nueva narrativa”. Estas fueron las palabras con las que la empresa Pantone describió el color del año que eligieron para 2023. Con un video a blanco y negro que mostraba imágenes que hacen referencia a la pandemia y sus primeras etapas, para luego abrirse a un mundo de colores en el que esta mezcla de rojo, rosado y morado tomaba un papel protagónico, hicieron el anuncio. Este anuncio, que se hizo público el 5 de diciembre de 2022, no vino sin sus detractores, pues hay quienes argumentan que el magenta no existe o que no es un color real.
El argumento principal en contra del magenta es que este color no tiene un equivalente en el espectro de luz visible, entonces no debería existir. La compañía, que desde el año 2000 elige un color oficial luego de revisar tendencias en decoración, moda, cine, etc., lo define como un “descendiente de la familia de los rojos, y se inspira en el rojo de la cochinilla, uno de los tintes más preciosos pertenecientes a la familia de los tintes naturales, así como uno de los más fuertes y brillantes que el mundo ha conocido”.
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Con argumentos a favor y en contra, resulta que este color no es nada nuevo, pues fue patentado hace más de un siglo, en 1859. Pero volveremos al magenta individual más adelante.
El viva magenta, según lo escrito por Pantone, se deriva de la naturaleza, específicamente del color rojo obtenido al triturar cochinillas, proceso que el ser humano ha realizado durante siglos. La naturaleza fue el móvil inicial de la empresa para elegir este color, haciendo alusión a que en una época tan marcada por la tecnología nuestra inspiración debe venir de lo natural y aquello que es real.
Más de 20 años definiendo el tiempo con colores
Cuando Pantone develó el color del año también inauguró su “Magentaverse”, una serie de imágenes producidas con inteligencia artificial, para promocionar la nueva edición del color del año. La empresa, que desde la década de los 60 se convirtió en el referente para la identificación cromática con sus tarjetas de color, lleva 23 años definiendo un color anual que intente reunir las tendencias, sentimientos, movimientos políticos y acontecimientos.
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Para seleccionar al ganador los expertos del Pantone Color Institute se reúnen dos veces anualmente. En la primera “analizan el uso, que se ha venido haciendo a lo largo del año, de los colores en el mundo del arte, la moda, la publicidad, el cine, entre otros, así como cambios políticos, movimientos sociales, estilos de vida y demás acontecimientos que hayan tenido un fuerte impacto. Y de ahí eligen una familia de color con todos sus tonos como posibles candidatos”, explicó el fotógrafo David Bokeh en un hilo de Twitter.
En la segunda reunión examinan los tonos de la familia seleccionada y, luego de revisar los acontecimientos del año junto con las emociones que se atribuirán al color seleccionado, eligen uno al cual deben dar un nombre. “El nombre del color también tiene que ayudar a contar la historia. Los nombres evocan inmediatamente una imagen y un sentimiento. Queremos asegurarnos de que el nombre de nuestro Pantone Color of the Year resuene y pueda transmitir fácil e intuitivamente el mensaje que queremos transmitir”, aseguró Pressman.
El magenta, una historia espectral de guerras y de moda
Volvamos al color en cuestión. Viva magenta puede venir de la familia de los rojos, de acuerdo con Pantone, pero en la rueda de color, esta organización ilustrativa abstracta de colores, el magenta se encuentra en la fusión entre los extremos del espectro de luz visible y, técnicamente, no tiene una longitud de onda asignada.
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A pesar de que no tiene una longitud de onda en el espectro visible que perciben nuestros ojos, el magenta se manifiesta como una “ilusión óptica” que nuestro cerebro crea para llenar el espacio que existe entre los límites del espectro de luz roja y luz azul. Se le conoce, entonces, como un color extra espectral, y no es el único en esta categoría.
A pesar de que técnicamente no existe, el magenta lleva entre nosotros más de 150 años y la palabra que da nombre al color se originó en Italia durante el Imperio Romano.
Según la experta en color Kate Smith, “Magenta es el nombre de una ciudad del noroeste de Italia. Aunque nadie lo sabe con certeza, los historiadores especulan con la posibilidad de que se llamara así por Marco Majencio, general romano -y más tarde emperador- que tuvo allí su cuartel general en el siglo IV”.
Más de un milenio después, en 1859, se produjo por primera vez un color que llevaba el nombre de esta ciudad. Con la llegada del siglo XIX y la industrialización, la fabricación de pigmentos naturales lentamente comenzó a decaer y la producción de pigmentos sintéticos se popularizó. Inmerso en esta nueva tendencia nació el magenta.
El químico francés François-Emmanuel Verguin, como muchos otros en su momento, se dio a la tarea de experimentar con la recién descubierta tintura de anilina. De acuerdo con Kassia St. Clair, autora del libro “Las vidas secretas del color”, Verguin “creó un color intenso en la cúspide entre el rojo y el púrpura mezclando anilina con cloruro de estaño”, al cual llamó fuschine, como la flor.
El color creado por el químico francés desató una altísima demanda por este nuevo tono. Se le conocía como fuschia en Francia o roseine en Inglaterra.
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Recibió el nombre por el que lo conocemos en 1860, debido a que los químicos ingleses Edward Chambers Nicholson y George Maule quisieron honrar la victoria de los franceses en la batalla de Magenta, durante la segunda guerra de independencia italiana, según Phillip Ball, autor del libro “La invención del color”. El 4 de junio de 1859 las fuerzas militares de Francia se enfrentaron a los austríacos cerca de la ciudad de Magenta, en la provincia de Milán, Italia. Los soldados caídos en la batalla fueron 4.000 franceses y 5.700 austríacos y, de acuerdo con la compañía de materiales de arte Royal Talens, “el campo de batalla estaba tan rojo por la sangre, que el tinte rojo descubierto tres años antes se llamó desde ese momento magenta”.
El color producido por Verguin, junto con su método de fabricación, pronto se esparció por toda Europa en el diseño de interiores, prendas de vestir y el arte. Artistas como Paul Gauguin y Henri Matisse lo utilizaron en sus pinturas, al igual que otros pintores del movimiento fauvista. Según St. Clair, el magenta, junto con otros colores, hizo que las prendas que llevaban este tinte fueran asequibles a la población. Sin embargo, la fama de este color comenzó a decaer cuando firmas productoras de los tintes comenzaron a demandarse entre sí por la patente del magenta y para salvaguardar su propiedad intelectual. Otro factor que contribuyó a su declive fue que a principios del siglo XX encontraron que este pigmento contenía, en algunos casos, hasta 6,5 % de arsénico, convirtiéndolo en un color letal. Ahora, además de haber sido seleccionado como color del año, el magenta es reconocido como la M entre los cuatro colores que se necesitan para imprimir a color en la escala CMYK.