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Hay una sensación de nostalgia y melancolía en la obra fotográfica actual de María Isabel Rueda que resulta entrañable y que invita a la contemplación.
En la forma, las figuras humanas son solitarias y aparecen como si estuvieran dibujadas en la diáspora, como abandonadas en la línea del horizonte o apenas asomándose en la grandeza épica de la naturaleza. Entonces, no es extraño descubrir que una de sus imágenes recurrentes y obsesivas es la de una gran ola que avasalla y persigue a una persona por atrás. Por otra parte, están los retratos de pescadores tomados por la espalda, haciendo referencia al pintor romántico alemán CasparDavid Friedrich, quien permitía que el espectador no se distrajera con la fisonomía de sus personajes anónimos, sino que se identificaran con ellos y su mirada.
Los retratos de sus paisajes son composiciones que ponen en valor lo simple, la textura de las dunas de arena , los picos de un mar exento de serenidad y los cambios de luz del comienzo y fin de los días captados con quietud y paciencia en el reflejo de un mar abierto.
La muestra llamada “Más allá” también corresponde a una preocupación interna sobre el valor de las ruinas, sobre las cosas que se van desgastando y terminan por desaparecer. Estas fotos son el producto de un viaje por la Costa Caribe de Colombia que empieza en el muelle de Puerto Colombia (el pasado 7 de marzo se lo tragó el mar), lugar arquitectónico emblema de una población floreciente y moderna, sitio donde atracaban los barcos y por donde entraba toda la economía al país a principios del siglo XX. La obra de Rueda hace parte de los últimos registros de esta estructura irónica, fotografiada con unos puntos de fuga que sugieren el infinito y el más allá.
Estas fotos son las huellas de ese viaje que alcanzó la alta Guajira y el extremo de Colombia, Punta Gallinas, ese sitio del que todos tienen referencia en el mapa por las clases de primaria, pero que pocos alcanzan a conocer de cerca. La llegada es muy difícil, pues supone una caminata en pleno desierto por más de seis horas. No muy lejos de ahí, se encontraban las pistas de los marimberos de los 70, en la época en que toda la droga salía por La Guajira. Rueda las capta también con ese concepto de más allá, revelando las huellas de lo que algún día fue y hoy ya no es. “Desde Puerto Colombia hasta Punta Gallinas, yo quería ver por dónde entraba y por dónde salía la economía”, afirma Rueda.
Su trabajo es honesto y crudo, porque no es intervenido por los trucos del photoshop. Sus fotos son la extensión de su mirada.