
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El maestro Rafael Echeverri murió muy joven, sólo vivió cuarenta y cuatro años, pero aun así logró consolidarse como artista y convertirse en un gran representante de la plástica colombiana y latinoamericana. Era un artista geométrico, y justo después de su muerte la geometría latinoamericana empezó a tener un auge que pocos predijeron. Uno de esos pocos fue Echeverri, que por eso mismo, por anticipar lo que vendría, se convirtió en un precursor del arte contemporáneo.
Como afirma el historiador, crítico de arte y curador que está a cargo de la exposición, Eduardo Serrano, la de Echeverri es una obra minimalista que trata de decir lo más con lo menos. El artista se limitó al formato cuadrado y decidió usar dos colores e incluso, con mucha frecuencia, sólo uno. Siempre fue muy parco con el color, pero no por ello sus cuadros perdieron riqueza: “El color es deslumbrante, así sea un azul oscuro es deslumbrante, y la tersura de la superficie de los cuadros también lo es. Yo creo que como colorista fue excepcional”, afirma Serrano.
En lugar de tomar el cuadro como una ventana —como sucede tradicionalmente— a través de la cual vemos una escena, algo que allí tiene lugar, Echeverri quiso que el movimiento no fuera hacia adentro, hacia el interior, sino hacia afuera. Sus obras, entonces, salen del marco hacia el espectador, no porque en ellas haya materiales pegados sobre la superficie, porque sean collages: son las capas de pintura las que se asoman y las que crean y estructuran las formas geométricas de las pinturas. Por eso Serrano afirma que Echeverri es un puente entre la modernidad y la contemporaneidad del arte colombiano. En otras palabras, siendo un artista moderno, previó y anunció la contemporaneidad, el futuro del arte.
Es moderno porque es minimalista, porque le interesaba la innovación, estar a la vanguardia, y porque pretendía que su pintura proyectara sus reflexiones sobre el arte y sobre la plástica. Y es contemporáneo porque su obra se sale del bastidor hacia el espectador, por todas estas capas de pintura que les dan a los cuadros una tridimensionalidad exigua, involucrándolos al espacio real, al espacio de la vida. En efecto, el arte contemporáneo es un arte que se sale a los espacios de la realidad, y ya para Echeverri, el arte debía unirse con la vida, con lo cotidiano.
Por otro lado, como arte moderno es una obra que apela a la sensibilidad del espectador, invita al público a disfrutarla sensualmente, y como arte contemporáneo es una obra muy intelectual, donde prima la geometría, que no existe en la naturaleza, que es un producto de la mente humana. En su obra predominan la perfección, la absoluta precisión de las formas, la rectitud de las líneas. Es un arte del intelecto, un arte reflexivo, y no sólo porque reflexiona sobre sí mismo, sino porque invita al espectador a pensar.
Su obra, además, comparte otra cosa con el arte contemporáneo: para apreciarla no sólo debemos detenernos en las pinturas, sino también en lo que está alrededor, en el espacio, porque lo involucra, porque el espacio le incumbe. Este arte, entonces, hay que mirarlo en contexto, junto al muro en el que está colgado, junto al espacio en el que se encuentra.
El minimalismo se ha mantenido desde el momento en que llegó a Colombia, nunca ha perdido vigencia, y Echeverri representa un eslabón indispensable en el desarrollo de ese arte. Pero antes de consolidarse como artista, antes de que su obra se fortaleciera y fuera reconocida también en el exterior, el público de su país no entendía su arte y exigía todavía que la pintura contara historias. En ese sentido, su obra es un rompimiento o una especie de revolución. Fue un artista arriesgado, porque se lanzó a hacer cuadros monocromos (es decir, de un solo color que ocupa toda la superficie) en una época en que el público colombiano exigía arte figurativo. “La gente no entendía el arte abstracto, la gente pensaba que eso era muy fácil, que el artista se estaba convirtiendo en alguien que simplemente trazaba líneas y triángulos. Pero entre más difícil resulte comprender una obra, entre más demande de ti, entre más te exija a ti como espectador para su comprensión, resulta más valiosa”. Es por eso que para Serrano la obra de Echeverri es un tesoro que debería dejar de estar en el olvido, pues sus cuadros no se exponen desde hace muchos años y su nombre apenas resuena en la memoria de los conocedores del arte colombiano.
Esta es la primera de una serie de exposiciones que estarán en varias ciudades de Colombia y luego en el exterior. La muestra cuenta con veinte cuadros de diferentes formatos que van desde el año 1976 a 1995 (Echeverri murió en 1996). Presenta, entonces, sin una temática definida, un recorrido interesante por todas las diferentes etapas de la obra del artista.
saramalagonllano@gmail.com