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«Nada de él perecerá»

No conocí a Gabriel García Márquez. Hubiera podido conocerlo en los años 70 en México.

J.M.G. Le Clézio en el teatro Jorge Eliécer Gaitán, durante su visita a Bogotá el año pasado. / Gustavo Torrijos – El Espectador
J.M.G. Le Clézio en el teatro Jorge Eliécer Gaitán, durante su visita a Bogotá el año pasado. / Gustavo Torrijos – El Espectador
Foto: Gustavo Torrijos

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Era amigo de mis amigos Álvaro Mutis y Louis Panabière, quien por entonces dirigía la Alianza Francesa. Louis me introdujo a la literatura iberoamericana. Primero me incitó a leer a Juan Rulfo y después a García Márquez. Sin duda, García Márquez debe mucho a México, a su cultura, a su leyenda revolucionaria, y sobre todo a su literatura.

Él otorga un sentido más vasto al costumbrismo, esta técnica novelesca popular que encuentra sus raíces en el arte del relato español, indio y árabe. Uno de sus personajes, Eréndira, es la diosa de la aurora en la mitología de los purépecha de Michoacán. Es realismo mágico, como suelen decir. Pero sigo creyendo que el Patriarca, como las hijas perdidas e inocentes, es un ser de instinto y pasión, no un ser intelectual o histórico, que encarna esos movimientos interiores a los que García Márquez otorga vida eterna. Nada de él perecerá.

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