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Desde que era niño, su madre le inculcó el orgullo por sus raíces negras. Cuando Oliver Olivella Mendoza tuvo que definir el proyecto de grado que presentó en la Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano, supo que quería desarrollar un tema que mostrara la belleza desde la perspectiva de las negritudes. Empezó a esbozar su idea con una imagen de la mujer negra que ahora le parece idealizada. Pensaba en mujeres muy delgadas y muy altas. Luego resolvió que no quería trabajar en un estudio, ni con modelos profesionales. Quería fotografiar mujeres negras en sus comunidades y que fueran ellas mismas quienes proyectaran su belleza de manera natural. Mujeres y niñas de diferentes edades que compartieran un concepto estético ligado a sus raíces, y con una belleza al margen de los estereotipos que impone la industria de la moda. En el corregimiento de San Basilio de Palenque, en el municipio de Turbaco y en su Cartagena natal, Olivella encontró lo que buscaba.
Para el joven fotógrafo de 21 años –ganador en 2013 del concurso internacional Voice4Climate–, “Negra” es más que un proyecto de grado, es una declaración de intenciones.
“Negra” parte de un sueño. El sueño de que los mitos esclavizantes que prometen alcanzar la perfección puedan acabar, de que podamos valorar nuestros cuerpos viendo más allá de lo superficial, especialmente en una comunidad poco apreciada, como es la comunidad negra. Es un proyecto que se apoya en el género del documentalismo y que relaciona la belleza, la moda y la identidad con el propósito de demostrar que la belleza viene de una sensibilidad creadora, no de un orden estipulado por la industria.
¿Fue difícil conseguir que más de 40 mujeres colaboraran con su proyecto?
Fue una gran experiencia conocer a todas esas mujeres. Mi mayor miedo era que no se dejaran fotografiar, pero eso no fue ningún problema. Cuando les hablaba del proyecto, les gustaba la idea.
Las fotografías que componen “Negra” están divididas en tres grupos: “Cartagena de negras”, son las mujeres de ciudad; “Las musas de Benkos Biohó”, son las de Palenque, y “Negras de campo”, las mujeres de Turbaco.
¿Por qué creó esta estructura?
Al principio las idealizaba, pensaba que todas las mujeres tendrían el mismo carácter, que todas vestían más o menos igual y que tenían el mismo desparpajo. Pero descubrí que hay diferencias entre ellas. En la ciudad, el grado de competencia que hay entre las mujeres es mayor. Están más pendientes de las tendencias. En Turbaco, donde las mujeres negras no son mayoría, me parecieron mucho más tímidas. Viendo a las mujeres de Palenque uno se da cuenta de que se sienten orgullosas de sí mismas, caminan con garbo, les encantan los peinados exóticos y llamar la atención.
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En el argumento de su proyecto, Olivella plantea que la industria de la moda impone un patrón de belleza para casi todas las mujeres, un modelo estandarizado que no toma en cuenta la diversidad étnica. “En la época de la colonia se formó la idea de que ser negro es sinónimo de fealdad –afirma–, de posición inferior y aspecto sospechoso”.
¿Cree que esta percepción sigue afectando la autoestima de las mujeres negras colombianas?
Aunque ya no estamos en la época de la colonia, la discriminación (muchas veces indirecta) continúa. Con la llegada de una estética afro a la industria de la moda, las mujeres están más dispuestas a ser auténticas y a lucir sus raíces. A veces no es un problema de autoaceptación, sino un problema de intolerancia.
¿”Negra” es un proyecto que sigue en construcción?
Quiero seguir haciendo uso de mi profesión para exaltar a las mujeres de las comunidades negras, visitar lugares del Pacífico colombiano: el departamento del Chocó y el Valle del Cauca. Quiero que el proyecto se convierta en una oportunidad para mostrar la belleza de la negritud. Se me ofreció la oportunidad de ayudar a la comunidad palenquera con un catálogo de peinados exóticos. Todo esto es gracias a “Negra”.