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Cuando alguien menciona una acción humana como Consciente, supongo está haciendo relación a la idea de saber, conocer algo a profundidad y obrar en consecuencia, aspecto este último que sería por el cual tendría dicha connotación, es decir, que sólo por la acción se daría su confirmación. Estaríamos pues, en la tónica de señalar dicha Consciencia como la capacidad del ser humano para percibir la realidad y reconocerse en ella vivencial e integralmente, diferente de la Conciencia como referente puramente moral, pero que para nuestro propósito no excluye la dimensión ética auto y heterónoma. “Las palabras mueven, pero los ejemplos arrastran”, sabio pensamiento traído a colación en varias ocasiones por un amigo, que deberían ser tenidas en cuenta por madres y padres, políticos y docentes en su vida y quehacer cotidiano.
Ahora bien, ampliando un poco más nuestra disertación, diríamos que este saber algo, conocer un aspecto sobre determinado tema, no se puede reconocer como Consciente si solo me remite a una mera información, a un aspecto que bien puede formar parte de mi erudición y con el cual puedo “descrestar”, pero que no dejarían de ser solo eso: datos. Abogo aquí, por una educación con filosofía, que no solo implique una lógica y un método, sino asumir el conocimiento sobre la base de su profundización y significado relacional de cada asignatura con la vida, en un diálogo permanente, un pensar acompañado como bien señalaba el filósofo criollo Fernando González, porque en realidad, cada educando solo requiere más allá del resultado, como objetivo fundamental de su vida, el acto experiencial y excepcional de la Auto-Expresión. Esto es hacer Vivo el conocimiento por apropiación Consciente, el cual se valida por la puesta en escena en presencia de un interlocutor, de otro que testifica con su mirada, su silencio o su voz, la manifestación más íntima del ser, acto sagrado en el que se revela la verdadera naturaleza humana, cuyo resultado no puede ser otro que la Vocación, aspecto que con la Auto-Confianza y la Convivialidad, deberían ser las metas principales de la educación básica primaria y secundaria, espacios donde el respeto fundamental nace en el maestro y se transmite hacia su discípulo y no al revés.
¿En qué aspecto distintivo y claro se podría entonces, señalar un acto como Consciente frente a este puramente mecánico de repetir algo por virtud de la memoria, con el que se impresionan muchos fácilmente, y que ha sido y sigue siendo aún hoy, desafortunadamente, el método por excelencia de muchas de nuestras instituciones educativas?
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Diría que todo acto repetitivo carece de discernimiento, y por tanto, de un juicio artístico, pues no se posee gusto en el conocimiento, se premia el atiborramiento, la compartimentación, la segmentación, por encima del desarrollo de la Personalidad; aspecto este que implica justamente, la construcción del juicio crítico, el cual privilegia el disenso, el debate, la discusión; para que cada uno sobre la base de su íntima sensibilidad racional y estética, decida libremente su postura, y, en consecuencia, sus argumentos para sostener sus ideas – las cuales ya no poseerán el candor de las creencias-, pues no se soportarán en virtud de una herencia ciega por consanguinidad o imposición dogmática, sino en un razonamiento que ha hecho mella en sus emociones y afectos, y por tanto, se convierte en fuente de su Voluntad, así como en el crisol y alimento de una personalidad libre y, de facto, en un conocimiento Consciente y vivo que debe culminar en un acto propositivo, aspecto de tal importancia y trascendencia, para poder dar una respuesta honesta y determinante, a la pregunta fundamental de toda Educación, ya planteada por Max Stirner (1842) en Alemania: “¿Educamos concienzudamente nuestra disposición para ser creadores, o se nos trata tan solo como criaturas cuya naturaleza se presta meramente a ser adiestrada?