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El Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, que en sus 15 años ha visto pasar por su escenario a miles de personajes, recibirá próximamente al emperador romano Nerón y a la ambiciosa Poppea, con la nueva producción “L’incoronazione di Poppea”. Con esta ópera, de Claudio Monteverdi, el teatro inaugurará la celebración de su decimoquinto aniversario, con funciones entre el 23 y 25 de mayo.
Ramiro Osorio, director del Teatro Mayor, contó que la decisión de hacer de esta producción la inaugural para la celebración, tuvo que ver con incursionar en la ópera barroca, algo que no ha sucedido en Colombia. “Es una ópera que, aunque se estrenó en 1642, es muy actual. Hablamos de una pieza sobre Nerón, pero están surgiendo en el mundo contemporáneo muchos Nerones, y hay un tema fundamental que es la lucha contra el conocimiento. Entonces ahora, más que nunca, tenemos que dar la batalla por el conocimiento, por la creatividad y por la diversidad”, afirmó Osorio.
Otra de las razones detrás de la elección de esta ópera como parte de la celebración fue la intención del teatro y su equipo de enriquecer el ecosistema local de este tipo de música. Este interés y su ejecución son una parte de lo que el teatro ha representado para Bogotá en los últimos 15 años. Para Osorio, el hecho de que la familia Santo Domingo haya donado este centro cultural a la ciudad “ha cambiado la vida de Bogotá desde el punto de vista cultural. Son unas instalaciones de clase mundial. Pero lo interesante de la familia Santo Domingo no solo es ese acto inédito de generosidad al donarle a la ciudad este edificio de 23.000 metros cuadrados. En 2008, la familia encargó un estudio para saber cuáles eran las mejores prácticas para gestionar espacios de artes escénicas en el mundo. A partir de esos resultados nació el modelo de gestión de este teatro, el modelo de gestión público-privado. Otro aspecto fundamental de la familia Santo Domingo fue que no solo donó el escenario, el edificio, sino que se quedó como cogestora privada del Teatro Mayor, en esta alianza público-privada, y eso fue absolutamente clave. Sin la familia Santo Domingo como cogestora privada sería imposible este teatro”.
La pieza que se estrenará el próximo 23 de mayo en Colombia fue la última ópera que Claudio Monteverdi compuso antes de morir, a los 75 años. Ya había compuesto otras dos y su nombre era reconocido. Sin embargo, no fueron sus óperas las que lo visibilizaron en el mundo musical, sino su trabajo en la catedral de San Marcos. Cuando la ópera popular de Venecia abrió sus puertas, en 1637, y el compositor vio el éxito de este género en la ciudad de los canales, decidió volver a él.
Aunque la primera obra que podría considerarse una ópera fue “Dafne”, de Jacopo Corsi, “L’incoronazione di Poppea” fue la primera que se centró en un personaje histórico y no mitológico. La pieza final de Monteverdi, estrenada en 1643, contó la historia de Poppea, quien deseó ser la emperatriz del Imperio Romano al lado de Nerón. Sin embargo, Ottone, su esposo, Ottavia, esposa de Nerón, y Drusilla, quien está enamorada de Ottone, se interpusieron en su camino en una trama que exploró la ambición, el poder y el amor.
La música fue de Monteverdi y el libreto estuvo a cargo de Giovanni Busenello. De acuerdo con el músico y escritor Michael Rose, el libretista fue miembro de la Accademia degli Incogniti. “Era 30 años menor que Monteverdi y la decisión que tomó para esta ópera fue realmente original: por primera vez un libreto de ópera se alejaba de las fuentes mitológicas que habían sido la inspiración desde sus orígenes florentinos”, escribió Rose.
La fuente primaria de Busenello fue el “Libro XIII” de “Los anales de la Roma imperial”, escrito por Publio Cornelio Tácito. “Poppea tenía todos los elementos, excepto bondad. De su madre, la mujer más bella de la época, heredó su distinción y belleza. Su riqueza, también, era igual a su nacimiento. Era inteligente y agradable. Parecía respetable. Pero su vida era depravada. Sus apariciones públicas eran pocas, habría tenido medio velo sobre su rostro para estimular la curiosidad. Para ella, amantes solteros o casados eran iguales. Era indiferente a su reputación, aunque insensible al amor de un hombre”, escribió el historiador romano.
Aunque el libreto que trabajó Busenello y la producción de Monteverdi se consideraron inmorales, Rose propuso que “en el Renacimiento tardío, cuando la memoria del comportamiento licencioso y asesino de los gobernantes italianos seguía fresca en la mente colectiva, Nerón no era aún el monstruo puro que el siglo XIX hizo parecer. En su necesidad por un gobierno fuerte y estable, los contemporáneos de Monteverdi estaban dispuestos a hacer concesiones en temas como brutalidad, excentricidad y tiranía a cambio de seguridad”.
A pesar de los fragmentos de textos que Rose presenta en su libro “The birth of an opera”, poco se sabe de los orígenes de la pieza final de Monteverdi, pues, según explica, “el declive de la publicación italiana de música durante el siglo XVII implica que ninguna de las partituras tempranas de ópera veneciana llegaron a la imprenta y, sin ningún autógrafo o firma, las únicas fuentes contemporáneas para la música de Poppea fueron dos manuscritos datados poco después de la muerte de Monteverdi, uno en Venecia y uno en Nápoles, y no se puede asumir que ninguno de los dos represente las intenciones finales de Monteverdi”.
El misterio se expande: no se ha establecido si la música interpretada en la actualidad corresponde a aquella presentada por Monteverdi en 1642 o si fue la mano de alguien que entendió su estilo y decidió homenajear la obra final del compositor. Sin embargo, “L’incoronzaione di Poppea” ha resistido la prueba del tiempo, mostrando la historia de personajes milenarios, con melodías centenarias y ahora llega a las tablas del Teatro Mayor.