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Juliana está dormida. Tiene tres años y después de algunas horas de ensayo se desentendió de su papel de ciudadana en Brundibár, ópera infantil en dos actos. Se olvidó del moño rojo, el vestido negro y las botas pantaneras moradas y cerró los ojos sin importarle el curso normal de la obra.
Mientras Juliana sueña, Mariana, también de tres años, se hace la dormida y está atenta a lo que digan sus demás compañeros de escena. Algunos son tan novatos como ella, pero otros la superan en experiencia. Dos, tres, cuatro o incluso cinco años más de aprendizaje musical hacen que sienta respeto por la ‘trayectoria’ de los más grandes de un coro que se aventura a cantar, muy a propósito, la siguiente estrofa: Solamente los ociosos duermen hasta tarde. Mariana abre los ojos. Juliana no tiene la menor intención de hacerlo, para ella la función está más que clausurada. Mariana se suma a los demás y logra confundirse con el grupo vocal en el que cada quien tiene su rol.
En este montaje hay policías, panaderos, barrenderos, lustrabotas y demás. Todos estos papeles fueron creados por los niños del Colegio Los Tréboles, quienes desde hace más de seis meses ensayan durante sus descansos y almuerzan rápido para cumplir la cita con el compositor checo-alemán Hans Krása (1899-1944) y con el poeta Adolf Hoffmeister, los dos autores de la ópera Brundibár, uno de las pocas piezas en su género diseñada para ser interpretada por niños.
A pesar de ser aplaudida también por el público infantil, esta pieza tiene un trasfondo particular, pues fue creada por Krása, una víctima de los campos de concentración de Terezín y de Auschwitz y, de ahí, que su argumento aborde algunas de las injusticias que se cometieron durante la Segunda Guerra Mundial. Esta obra, compuesta en 1938 y estrenada en Praga cuatro años más tarde, se constituye en una apología de la democracia y de los derechos humanos, y por eso cada vez que las voces blancas, como se les conoce en música a los registros de los niños, la entonan, se recuerda el holocausto judío.
Cristina Gaviria de Valenzuela, directora del Colegio Los Tréboles y Javier Franco, director musical del Instituto Musical Diego Echavarría, han hecho que estas dos entidades fusionen sus talentos para mostrar un producto artístico de alta calidad, pero que no pierde la espontaneidad característica de los niños, quienes han trabajado de la mano con Leonardo Valencia, director musical del montaje y Magda Rodríguez, directora coral y la responsable de la preparación vocal tanto de los integrantes del coro como de los solistas.
De todo puede pasar en los ensayos, allí es normal que todos estén marchando y que, de un momento a otro, uno de los niños decida marchar para el otro lado. Eso hace parte de su iniciativa, de su potencial, que ha sido aprovechado por los maestros para contar la historia de Aninka y Pepicek, dos hermanos que necesitan dinero para comprar leche para su mamá. Se ingenian la manera de imitar a Brundibár, el organillero del pueblo que se cree el amo de la plaza, y como represalia los echa del pueblo. Mientras todo esto pasa, Juliana aprovecha el ensayo para dormir. Esa licencia se la da su edad.
Brundibár en estreno. Sábado 4 de junio a las 2:00 y a las 5:00 p.m. Teatro Camarín del Carmen, Calle 9A No. 4 – 93. Teléfonos: 2 83 17 72 y 2 81 36 27.