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La rebeldía y sus ganas de contar historias hicieron que una tarde un grupo de jóvenes coincidieran en un mismo lugar en medio de tanta multitud, compartiendo su fascinación por la música. Obsesionados por cumplir un sueño, se arriesgaron a explorar melodías que para algunos resultaban imposibles de fusionar. country, blues y punk; de esa mezcla surgió Aguas Ardientes.
En su primer álbum Guarever, el cual se consolidó en el 2018 con su tema La balada del duende de Transmilenio, narran la cotidianidad de los capitalinos, logrando una identidad inmediata. “Si te roban tu billetera, viajando en bus articulado, no culpes a la gente ñera. Yo te diré quién te ha robado: es el duende atracador de Transmilenio.”
De la mano de Shock, en 2019, grabaron su segundo disco This is Colombia. En seis canciones reflexionan sobre el entorno social y político colombiano. Por medio de sus letras, con palabras sencillas y sin tanto adorno, plasman el sinsabor que acompaña a Bogotá, la frialdad y la rivalidad existente entre las ciudades. En estos cuatro años, a través de la diversidad de sus ritmos a los cuales nombraron como “chirrifolk”, sueñan con llevar su música a diferentes ciudades del mundo.
¿Cómo nace la banda Aguas Ardientes?
Mi hermano José y yo, que soy el vocalista, ya teníamos algunas canciones escritas en 2015, sin embargo, el proyecto se inicia realmente en 2016, cuando Estefanía, en compañía del violín, Sebastián, con el ruido de la batería, y Nicolás, con su manera de tocar la guitarra, se unen para darle una identidad propia con sus instrumentos. Ahí ya podíamos hablar de algo serio. Una cosa que puede pensarse como pequeña, pero que consideramos significativa, fue un concurso de bandas en la Universidad de los Andes al que nos inscribió Estefanía Lopera Pepa. En ese tiempo la banda se llamaba White Niggers, que era una expresión despectiva que utilizaban los estadounidenses para referirse a los emigrantes irlandeses. Como nuestras canciones han estado influenciadas por ritmos irlandeses, decidimos cambiar el nombre de la banda por Aguas Ardientes.
¿Desde el inicio de la banda sabían que sus canciones serían dedicadas a la realidad del país o esa idea se fue dando con el tiempo?
Las primeras canciones no fueron escritas para algún público en específico. Escribíamos canciones para hacer reír a los amigos durante las reuniones y ya. Con el tiempo quisimos escribir sobre las realidades que nos pasan a todos. Por ejemplo, nuestra canción Bogotá es una carta de amor a una ciudad que está llena de contrastes. Es grande, mágica, pero a la vez es peligrosa.
¿Cómo ha sido la exploración de los ritmos en estos años? ¿Cuál es el ritmo con el que la banda más se identifica?
Es una mezcla de todo. Por eso fue que jodiendo un día nos inventamos el término “chirrifolk”, plagiando un poco al cantante de rap Duran, quien fue todo un éxito en el 2000. Él siempre decía que su música era “chirripop”. Creo que, en general, sí nos interesan los géneros populares sin tantas pretensiones. Realmente lo divertido de nuestra banda es que hay diversidad de ritmos y géneros sin quedarnos en uno solo. En el mismo año podemos publicar una canción de punk y otra de bossa nova, sin problema alguno.
¿Qué tanto han influenciado en las canciones de la banda los ritmos colombianos?
Desde siempre. Lo que pasa es que antes no estudiábamos los ritmos a profundidad. Bogotá, una de nuestras primeras canciones, es un country, pero también tiene ritmos de música andina. No hay luka, por ejemplo, está basada en Arroro, una canción de Petrona Martínez. Nos gusta mucho mezclar ritmos autóctonos provenientes de nuestro país.
¿Cómo nace “Orinoco”, su más reciente sencillo?
Esta canción es un llamado a la unión y nace de ver la xenofobia que hay en nuestra cotidianidad. Nace desde la ira de ver cómo nos dividen entre pueblos con la misma historia y la misma herencia solo para seguir teniéndonos subyugados.
¿Qué ritmos caracterizan este nuevo sencillo ?
Hemos querido fusionar los ritmos de acuerdo al tema del cual estemos hablando. Entonces, si hablamos de la identidad y la unidad entre Colombia y Venezuela, escogemos ritmos como el joropo y la cumbia, que de alguna manera unen a estos dos países. Ritmos que nunca antes habíamos mezclado, pero decidimos arriesgarnos. Por eso, contamos con la ayuda del grupo Joropio, que con su creatividad nos ayudó a mezclar instrumentos tradicionales como el arpa y los capachos dándole un sonido único a la canción.
¿Una anécdota que les haya pasado en este tiempo de estar en la banda?
En nuestra gira por Cali, que fue nuestra primera y hasta ahora única gira fuera de Bogotá, tuvimos un concierto en Tuluá y en mitad de la canción, una parte del público comenzó a separarse. Entonces, yo creí que se estaban peleando. Pero no, resulta que un hombre en mitad del pogo comenzó a convulsionar., como yo no podía ver lo que estaba pasando, se me ocurrió decir por el micrófono: “no se peleen”. Esa anécdota nunca se nos va a olvidar, además porque el hombre se puso mal justo cuando tocábamos Muerte. Luego del concierto nos dijeron que el joven estaba estable.
¿Qué cosas positivas pueden rescatar en medio de la cuarentena para Bogotá?
Bogotá es una ciudad con un ritmo a veces demasiado acelerado. Esta pausa es importante para el ambiente, pero también para nuestra mente. Ojalá cuando todo esto pase podamos tomar las cosas con más calma y evaluar que tanto estrés necesitamos en la vida. Esperamos que el teletrabajo pueda continuar en la mayoría de los casos, eso ayudaría a descongestionar la ciudad y reducir la contaminación.