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Paco Ibáñez en el Carnaval de las Artes

Además de musicalizar poemas de la literatura española, ha explorado las ramas más comprometidas del arte.

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“Yo quiero conocer al muchacho que musicalizó parte de la obra de Federico García Lorca”, manifestó en aquel entonces Salvador Dalí. Ese joven era Paco Ibáñez, el mismo que pasados los años piensa que el hecho de que el gran maestro del surrealismo se haya puesto en la tarea de dibujar la carátula de su disco ‘A flor de tiempo’ se debió más a la amistad entre el par de intelectuales que a sus calidades musicales.  Con las canas agitadas por la brisa caribeña, Ibáñez llegó a Barranquilla para mostrar su mundo, hablar de compromisos sociales y sorprender con sus canciones.

Tachia Quintar recuerda con cariño una tarde en su casa  al lado de García Márquez… ¿cómo fue esa tertulia cultural?

Con Gabo nos conocemos desde París, eso quiere decir la edad antidiluviana y eso nos ha vuelto muy amigos. En una ocasión en Barcelona coincidimos Tachia, Gabo y yo, que vivo allí, y nos citamos para hacer un cocido y alrededor de él surgieron los bambucos, los pasillos, los vallenatos y las cumbias que caracterizan esta hermosa tierra.

¿Usted ya conocía parte de la música colombiana?

El primer país del que me enamoré fue Colombia y lo hice a través de la música del interior y me sentí tan identificado con esa sensibilidad musical que me enganché. Es como una especie de unión que los artistas hacemos con ciertos países y con su gente porque se comparte un sentimiento. Es una identificación a partir de su cotidianidad. A mí por ejemplo me encanta la cotidianidad del ajiaco.

A finales de la década del 60 se le presentó a usted como ‘La voz libre de España’… ¿le gustó esa denominación o significó demasiado compromiso?

No son los demás los que van a decidir que yo me sienta libre o comprometido. Simplemente puedo decir que mi madre me parió así y recuerdo que siempre mi padre me llamaba el ‘Abogado de los pobres’ y nunca me he logrado explicar por qué uno tiene esos reflejos de justicia y uno se pone del lado del menos favorecido.

Se dice que usted ha sido condecorado con medallas y premios por parte de distintos gobiernos y que no ha aceptado porque un artista debe ser libre… ¿Eso sigue siendo así o ya se ha dejado premiar?

El único premio que yo acepto son los aplausos del público porque eso quiere decir que esas canciones que yo ofrezco han llegado a buen puerto. Lo demás es parafernalia y ambiciones que tratan de falsear la realidad. Siempre la persona que le otorga a uno el premio se lo quiere dar a él mismo para ser protagonista de algo.

¿Cómo es hacer arte en medio de la censura? ¿Qué recuerda de esos años del Franquismo durante los que le tocó exiliarse?

A nivel creativo uno siempre se enfrenta con una realidad con o sin dictadura. Uno tiene un poema y le quiere poner música y para eso hay que levantarse temprano y trabajar duro porque, como dicen, el que la sigue la consigue. Si ese poema o esa música tiene un contenido social y la situación que vivimos de 40 años de fascismo y sepultura en España, no deja que surja el arte pues ahí es cuando sale el ‘Abogado de los pobres’ y trata de ayudar a la gente porque hemos sido víctimas de casi un genocidio.

Usted ha trabajado sobre las obras de escritores españoles tan importantes como Rafael Alberti, Luis de Góngora, Federico García Lorca, Gabriel Celaya y Miguel Hernández… ¿existe un común denominador de la poética o prosa española?

El denominador común de los poetas es que sean poetas y los demás simplemente escriben. Todos ellos tuvieron la virtud de encontrar las palabras precisas que llegan al corazón. Tienen la fortuna, de encontrar la palabra justa.

Después de tantos años dedicado a este oficio, ¿la música sigue significando lo mismo?

El sentimiento por la música cambia en el sentido de acercarlo a uno más a aquello que uno percibía que podía ser la vida. Para mí ha sido como un imán que me atrae cada vez más hacia ese objetivo inmenso que es el arte. Mientras otros se alejan de la esencia, yo he ido cada vez más al fondo para llegar a lo más genuino de la expresión.

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Su colega y coterráneo Luis Eduardo Aute resalta la figura del aprendiz, del amateur en la música porque nunca se llega a ser profesional en su oficio… ¿usted qué opina?

Un creador es un aprendiz permanente. Uno con la experiencia llega a adquirir ciertas destrezas que se vuelven fundamentales para lo que uno como músico quiere lograr pero uno sigue siendo un amateur porque cuando uno crea, hace existir algo y por ese hecho el artista siempre es un debutante al producir algo que no se conocía.

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¿Qué le dejó el estudio del violín y por qué lo cambió por la guitarra?

Caí con un profesor que más que medio loco era loco y medio y cada vez que yo tomaba clase era terrorífico. Recuerdo que hacía el doble de notas y no porque las supiera sino porque estaba muerto de susto. A los pocos años estaba al sur de Francia en un lugar habitado por muchos gitanos y ellos tocaban todas las noches la guitarra y ese instrumento me alcanzó. Su sonido me cautivó y desde entonces es mi compañera.

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