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Palmas y taconeos sobre Verdi

‘Flamenco para Traviata’ es una pieza teatral de la compañía La Cuadra de Sevilla que mezcla la cultura popular andaluza con la música y los personajes de la ópera ‘La Traviata’.

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La pieza Flamenco para Traviata ha sido catalogado como flamenco, y sí que lo es, pero no es sólo flamenco, este es un espectáculo teatral muy singular que mezcla la cultura popular y el universo culto y académico de la lírica en un solo escenario.

Salvador Távaro, un amante de la ópera, y director de la compañía La Cuadra de Sevilla (1972),  se sintió por fin maduro para adaptar el universo musical de Giuseppe Verdi a la atmósfera poética del flamenco. “Al poner en escena un tema tan universal como La Traviata, he sentido la necesidad de contar, hacer sentir esta historia desde ese universo que viví en mi niñez, en el que la  personalidad triste y conmovedora de cantaores y mujeres de la vida llenaba de poesía un espacio humanamente entrañable”, confiesa Salvador Távora.

Este director se inspiró en los dos personajes principales de La Traviata: Violeta, la prostituta, y Alfredo, el señorito que se enamora de la hermosa pero enferma mujer. Escogió también unos trozos de la ópera, los que más le inspiraban, e hizo que sus bailarines se movieran sobre la música de Verdi. Se mezclaron luego algunos bailes de guitarra y en un escenario desnudo, decorado tan solo por una jarrón o una silla, puso dos cantaores, un hombre y una mujer, para que con sus fandangos fueran las voces de los que sobre el escenario bailaban.

 “Este es un llamado a la conciencia histórica sobre el valor poético del fandango desgarrado, que es una crónica oscura de la realidad popular del cante y un homenaje a tantos y tantos fandangueros olvidados”, explica Liyane Drillón, productora general de la obra, quien asegura que con esta pieza se presentan los orígenes del fandango —canto desvalorado por los flamencólogos— y toda la libertad creativa de esta expresión popular que logró que cada barrio de los pueblos de Andalucía se expresara en  un cantaor. Las letras de los fandangos andaluces expresan en esta obra teatral el aliento poético y la crudeza en los sentimientos de los personajes verdianos.

Este es un espectáculo con caballos de alta escuela en escena —uno de los sellos característicos de la compañía— que se convierten en el hilo conductor que desentraña la relación del flamenco, del dolor y la sensibilidad sonora de los cantaores, con el ámbito cultural del mundo nocturno y de la prostitución.

“Lo que intenta Salvador es transmitir sensaciones —añade Drillon—. Él, apoyándose en las más profundas manifestaciones del vivir cotidiano del pueblo andaluz, elabora un lenguaje peculiar que, quizás, se podría definir como una poética física de los sentidos”. La palabra está lejos de ser la única forma de contar la historia de este amor, el ritmo rige los tiempos dramáticos y la luz, en ausencia de telones, abre y cierra los espacios. Mientras tanto, 16 bailarines con sus taconeos hacen que se revelen algunos secretos de la vieja Andalucía en escena.

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