
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
El poder. Todo está en el poder. El de la señorita Julia por ser noble, el de Juan por ser hombre, el del conde por ser conde y el de Cristina porque tiene poder sobre Juan, o cree tenerlo. Todo está en el poder. Esa es la base de Miss Julia, la obra de August Strinderg que se está presentando en Casa Ensamble, y la razón de ser de sus personajes.
La sala es un espacio pequeño, rectangular, y las sillas están ubicadas en dos de sus costados. Entras y te ofrecen una copa de ron; estamos en las fiestas de San Juan. Hay una mesa metálica en el centro, una silla, y del techo cuelga un gancho con una chaqueta, no hay más. Es una cocina. Se escucha música afuera, gente que baila, gente que grita, están de fiesta. Hace calor. Juan y Cristina hablan en sus uniformes de servicio. Los dueños de la casa se han ido y solo se quedó una, la señorita Julia, que prefirió celebrar la noche con los criados. La critican. Cómo se rebaja, cómo se burlan de ella. La compadecen.
Entra la señorita Julia. Quiere bailar con Juan. Se lo lleva y Cristina se queda ahí, en la cocina, molesta. Por qué ella, por qué con su Juan. Desagradable señorita Julia. Luego regresan a la cocina y hablan. Cristina se queda dormida y no se da cuenta, no ve, no escucha. Empieza el juego de poder y de seducción entre Juan y la señorita Julia. Primero ella, con sus órdenes. Sírveme una copa, acompáñame, bésame la mano, bésame el pie. Y luego él, que aparenta seguirlas, con sumisión, mientras por lo bajo va ganando poder. Tensión. Siempre hay tensión: ella quiere bajar, huir de una vida a la que no le encuentra sentido. Él quiere subir, alcanzar esa clase social a la que no puede pertenecer. Ella se jacta de manejar a los hombres, de ‘superar’ su condición de mujer. Él aprovecha esa creencia para ganar poder y arrastrarla hacia lo más bajo. Todo con el miedo a un poder mayor, el del conde, el padre de Julia, que puede llegar. Que está presente como un padre, como un amo, como un fantasma entre sus tensiones.
Toda esta lucha se da con la palabra y con el cuerpo. Textos en español y textos en inglés. La mesa que se corre, saltos y danza de piso. El texto y el cuerpo en un mismo ritmo, que se mantiene, nunca se cae. El naturalismo de Strindberg se modifica con los cuerpos en la representación; las tensiones, además de las miradas y los tonos, se intensifican con la danza. El drama crece cada vez más, se hace más fuerte.
Aunque se modifica esa ‘verdad’, esa realidad de los gestos con el movimiento exaltado de los cuerpos, este montaje sigue evidenciando lo que quería Strindberg con su obra, lo que querían los dramaturgos naturalistas con su época: representar, como si fuera una fotografía, lo determinista y lo hostil que es el hombre. Un hombre que ha sido moldeado por su sociedad, por su clase, por su género, y que no podrá, ni por asomo, escapar de las condiciones en las que ha nacido. Todo es un constante querer y no poder. Con esta versión de Miss Julia, el teatro naturalista sigue conservando su esencia, la de los personajes que retrata: nadie puede, de ninguna manera, alcanzar la felicidad.
amarin@elespectador.com
@adrianamarinu