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Pocas señoritas para tanto reinado

La revista ‘Mundo al Día’ organizó el primer Reinado Nacional en Bogotá, con fotos de las candidatas, en el año de 1930.

14 de agosto de 2011 – 08:45 p. m.

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Terminaba la década del veinte. En el país, que comenzaba a sentir los bruscos coletazos de la crisis económica mundial, se vivía el fin de la hegemonía conservadora y se iniciaba un período de renovación política y generacional. Las páginas de prensa y revistas anunciaban en propagandas e historias importadas el nacimiento de un nuevo tipo de mujer, “moderna” y “cultivada”, de figura esbelta, tez blanca y temperamento dulce.

Fue en este contexto que la entonces popular revista vespertina Mundo al Día lanzó, en 1930, el primer Concurso Nacional de la Belleza para escoger a la “Señorita Colombia”. En su edición del 4 de enero de aquel año la publicación explicó la importancia del certamen que permitiría al país participar en competencias en el mundo, como Señorita América Latina y Miss Universo, en donde, “como es natural, es preciso que se halle representada nuestra patria por la que ha de llamarse la Señorita Colombia”.

La revista anunció entonces que había contratado, con los organizadores de Miss Universo en Miami, “la exclusiva” para realizar el importante concurso y auguró el éxito futuro de la representante nacional, pues “la belleza típica de Hispanoamérica llama profundamente la atención en los Estados Unidos”. Para tomar parte en el gran certamen había que enviar dos fotos en traje de baile “y si se puede de baño”. Con el fin de seleccionar a la suertuda señorita, Mundo al Día publicó estas fotografías acompañadas de una serie de cupones para que el público votara por su favorita. El ejercicio se replicó en todos los rincones de Colombia, pues la revista celebró un convenio con periódicos en todas las capitales nacionales, que se encargarían de seleccionar una señorita por departamento. Un jurado “distinguido” fue el escogido para tomar la decisión final en Bogotá. Para los organizadores de la competencia, la Señorita Colombia sería ante todo una “embajadora de la patria”. Por ello no sólo debía poseer “gracia, porte y belleza”, sino que también debía ser “una dama virtuosa”, “llena de encanto apacible y subyugadora dulzura”, digna exponente de las altas estirpes de la “alta sociedad”. En los tres años que siguieron las selecciones continuaron en manos de la prensa bogotana hasta que, en 1934, el concurso se unificó en Cartagena, a donde señoritas de carne y hueso fueron a desfilar.

Pese a que el certamen hirió por mucho tiempo susceptibilidades religiosas —monseñor Builes llegó a afirmar que la ola de ataques de tiburón sufrida por los cartageneros en el 51 era un castigo divino contra las candidatas—, el reinado siempre fue una institución profundamente conservadora. Si bien permitía a ciertas mujeres de abolengo salir de su casa y escandalizar a la curia, las sometía al tiempo a un rígido control, mientras transmitía un modelo estricto de lo que debía ser una mujer “completa”: una señorita cultivada, bilingüe, caritativa, con talento para el baile y el canto, flaca y sonriente. Décadas han transcurrido y toda una industria de reinados paralelos ha florecido a lo ancho de la geografía nacional. “Chicas”, “Majas” y “Señoritas” de la piña, la jalea o la cebollita ocañera son coronadas diariamente en certámenes de índole popular en los que se juzga bajo parámetros distintos, pero igualmente arbitrarios. Entre tanto, el Concurso Nacional de la Belleza continúa buscando infructuosamente la misma señorita que convocó hace 81 años. De espaldas a un país coquero y desigual en el que pocas jóvenes de alcurnia y “cuello de cisne” sueñan con ir a Cartagena, los organizadores de tan exclusivo evento siguen promoviendo una belleza que parezca “serena, elegante y sobria”, y están dispuestos a poner todo tipo de obstáculos para que no se cuelen las no bienvenidas: caderonas, divorciadas, casadas, embarazadas, mujeres que hayan posado en ropa interior, sin ropa interior, que no reciban educación superior, que sean amigas, amantes, esposas o exesposas de algún narco o criminal emergente reconocido, y así.

acevedo.tatiana@gmail.com.

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