«Refracción mientras no se apague el sol»: Una obra para recuperar lo esencial

“Somos invitados, no anfitriones”, es la premisa de esta puesta en escena, una llamada a repensarnos como seres humanos.

El mensaje de la nueva obra que se presenta en La candelaria se basa en la refracción como fenómeno físico que se da gracias a la luz.  / Francesco Corbelleta
El mensaje de la nueva obra que se presenta en La candelaria se basa en la refracción como fenómeno físico que se da gracias a la luz. / Francesco Corbelleta

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Hombres que agonizan y toman de los árboles lo poco que les queda de vida. Un personaje sin rostro que aparece para dilucidar cada momento de la historia, cada mala decisión, y las consecuencias de lo que vendrá. Un escenario que tiene por piso el reflejo de cifras que aumentan con el transcurrir del tiempo. Es la manera como empieza la obra Refracción mientras no se apague el sol, nueva creación colectiva del Teatro La Candelaria, que estará en temporada a partir del 24 de agosto.

Bajo la dirección de César Coco Badillo, Refracción surge de las inquietudes y puntos de vista propios de los actores mismos: modo de vida, preocupaciones, entorno social, decisiones políticas. A partir de esas reflexiones se modela una postura ética que posibilita la creación de esta obra, donde cada personaje encarna un reflejo de lo que somos como sociedad. En palabras de Coco Badillo, “la base filosófica de este proyecto es primero la ética, después la estética”.

Animales humanizados son los encargados de mostrar lo que conlleva la falta de conciencia y poco compromiso con nuestro medio ambiente. Ellos parecen haber entendido cuál es su lugar en la tierra y, además, están dispuestos a ocuparlo. Al fondo del escenario, durante toda la obra, un espejo permanece inmóvil como ese personaje sin vida que nos enfrenta con el reflejo de lo que somos, de lo que hemos hecho y de lo que podríamos hacer. Del otro lado del espejo, cada personaje con vida es como un fragmento de la sociedad: unos esperanzados, otros ensimismados en su letargo y esos que, llenos de artilugios, parecen involucrarnos en un universo paralelo en el que no pasa nada.

El mensaje se basa en la refracción como fenómeno físico que se da gracias a la luz, razón por la cual la obra muestra alternativas, diferentes formas de ver las cosas, lo que deja al espectador una participación activa que va más allá de asistir a una función. Al no tener una narrativa ni un discurso lineales, se le da la opción al observador de tomar decisiones, formularse preguntas y que, tal vez, actúe antes de que se apague el sol. La invitación es para crear a partir de lo que se muestra en escena, “es un planteamiento abierto para un hágalo usted mismo, escriba su propio poema o arme el rompecabezas que más le parezca. Por respeto al espectador, está la intención de mostrar perspectivas; no mostramos, ni tenemos soluciones, sólo hay planteamientos que, sin ser evidentes, denotan que algo pasa. La lógica del discurso no señala ni juzga, es más una propuesta con una narrativa distinta que permite la entrada de la subjetividad para que el espectador decida, piense, actúe”, asegura Badillo.

Como si la puesta en escena no fuera suficiente para cuestionarnos, en algunos momentos el piso del escenario se convierte en telón para reflejar cifras que van en aumento a medida que la obra transcurre y nos recuerdan que el problema sigue ahí y que cada segundo que pasa es una vida menos, un litro de agua menos, un páramo menos, un microgramo más de polución. Cuatrocientos ochenta mil seiscientos ochenta y uno es el crecimiento poblacional al día de hoy, veinticuatro mil seiscientos ochenta y cuatro, ochenta y cinco, ochenta y seis… muertes hoy en el mundo, por falta de agua, son sólo algunos de los números que sobresalen y se siguen sumando en un cronómetro sin fin.

Refracción mientras no se apague el sol estará en temporada durante tres semanas y desde ya augura ser la posibilidad de muchas opciones que se abren para que el espectador escoja su mejor versión. En esta ocasión, el Teatro la Candelaria se encargará, por medio de la música, la dramaturgia y el sonido, de llenar los espacios que hemos dejado vacíos. Es un estímulo para los sentidos donde la fiesta se disfruta según la forma de vida de cada espectador.

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