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Nacida en Argelia, pero francesa en su día a día, Marie Accomiato declara padecer la fobia de todos los fotógrafos (tener su imagen en la película de otro) y confiesa que toma fotos por el simple placer de tomarlas.
Con una exposición que reúne escenas de viajes a India y México, y que llega ahora a Bogotá, esta artista busca —a través de una fotografía de corte clásico— ofrecer una mirada cruzada entre los dos continentes y sus culturas. “Yo misma tengo un poco de dificultad en explicar por qué escogí estos dos países. Son muy distintos, pero a la vez tienen un fervor muy similar. Quise hacer un paralelo basándome en el hecho de que Cristóbal Colón, queriendo ir a la India, colonizó América”. Aún así, para Accomiato se trata, ante todo, de volver a lo íntimo y esencialmente humano.
Su mirada se posa, como da a entender el silencio presente en cada una de sus fotografías, de manera casi espontánea. “No hay un estudio filosófico detrás, soy yo, es mi visión”. Mujeres que se bañan y jóvenes que se zambullen y juguetean a la orilla del río Ganges, hombres que reflexionan frente a la imponencia de las pirámides mayas o de un templo hindú, lomos e ijadas de animales en un país u otro, bicicletas, tiendas de recuerdos y enamorados, componen este mosaico fotográfico que busca, si no enaltecer, sí ensalzar lo sencillo y ordinario de la vida.
“Son siempre cosas del día a día, lo que me interesa es el testimonio de una especie de poesía de lo cotidiano. Eso es lo que guía mis ojos. Puede que sean elementos muy simples, pero es mi visión de la vida la que es así, me intereso mucho por lo que pasa alrededor mío, por las pequeñas cosas”.
En blanco y negro (y tan sólo dos presencias a color) y con un enfoque clásico, Marie Accomiato ama su oficio y por ello busca siempre sumergirse y asegurarse de todo el proceso, desde la elección y toma de los cuadros hasta el revelado mismo. “Amo trabajar con mis manos, me parece mucho más humano que trabajar con un computador. Además, hacer las fotos con ellas permite, en la medida en que están más cerca del cuerpo, afirmar y afianzar con el tiempo una mirada, aislar el mismo tipo de imágenes que define y hace evolucionar una visión particular”.
Lejos del reportaje, lejos de lo contemporáneo y del fotoperiodismo, lo que nos ofrece esta artista francesa es una fotografía sin discurso. “Se trata de lo que me toca y me sobrecoge. Digamos que estoy al lado de dos mujeres que se van a bañar en el Ganges, si fuese escritora lo escribiría, pero lo que hago es tomar fotos. No es mucho más complicado que eso”.
En medio de una voz dulzona y una sonrisa siempre cálida como la luz que queda plasmada en sus tomas, Marie Accomiato pide, a pesar de su silencio, la palabra: “Si me lo puedo permitir —porque es pretencioso decir qué tiene uno por transmitir cuando en realidad sólo se está cierto tiempo sobre la tierra y uno hace lo que puede con las armas que tiene— a mí lo que me gusta es tomar fotos, fotografiar cosas que pueden ser banales y espero poder hacerlo tanto tiempo como se pueda”.