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Sonidos de saxofón que se repiten, aprendizajes de las notas musicales, sonar de las palmas de jóvenes, mientras un bongó incita a mover los cuerpos al compás de su melodía y se escuchan las risas nerviosas de quienes se inician en el estudio del pentagrama. Ellos, como el piano y los coros, también se hacen sentir en la Escuela de Música de la Universidad del Valle, ubicada en la ciudad universitaria, en el sur de Cali, y que este año celebra 40 años de enseñanza musical a nivel profesional.
No ha sido en vano el trasegar de la Escuela de Música por la ciudad. Todo comenzó en los años 70, bajo la dirección del compositor y pedagogo belga León J. Simar, fundador de la escuela. La meta del maestro Simar, proyectar sus enseñanzas y multiplicar sus alumnos, se ha cumplido. Porque son muchos los egresados que han pasado las fronteras nacionales para dar a conocer sus dotes de interpretación en el piano o la guitarra y mostrar sus trabajos musicales inéditos, como Andrea Botero, compositora del bambuco Mudanza de piel, interpretado por Anabella Arbeláez, con el que obtuvieron esta semana la Gaviota de Plata del Festival de la Canción Viña del Mar, en Chile.
El grupo Juglares, que acompañó a la intérprete Anabella, es otro de los pilares musicales que puede mostrar el Valle del Cauca. También cuenta con egresados de la escuela de Univalle, quienes con sus flautas, guitarras y tambora expresaron el folclor colombiano y se llevaron las palmas en La Quinta Vergara de Chile, como lo han hecho en otros escenarios colombianos y en el Festival de Cosquín, en Argentina, por donde pasaron Los Chalchaleros y Atahualpa Yupanqui. La cantautora Andrea Botero cree que los docentes son el principal aliciente en su carrera musical. “Tuve grandes profesores en la Universidad del Valle que me dejaron un gran legado, como mi amado maestro Clemente Díaz, Alberto Guzmán y Patricia Pérez; sus clases de piano eran el recital más esperado”.
Evoca a compañeros con los cuales compartió sueños, como Alberto Riascos, la productora musical Adriana Granobles, Juan Pablo Rentería y Dita Martina. De ellos dice que “tienen muchas opciones de vida, en el jazz, el rock, la música colombiana y latinoamericana y el repertorio clásico”. Hernán Toro, director de la Facultad de Artes Integradas, a la cual está adscrita la Escuela de Música, afirma que “por ser una universidad pública, está consagrada a la investigación y a la creación, prioridad para cualificar la docencia”.
Esa fortaleza de la escuela de la Univalle la corrobora el docente e intérprete de guitarra Héctor González, quien explica que el rigor académico hace que los egresados posean una gran calidad musical. “La excelencia de los egresados se debe también a los grupos musicales de la escuela, donde los estudiantes tienen su práctica: la Orquesta Sinfónica, la Big Band y el Taller de Ópera, dirigido por Emperatriz Figueroa”.
Los docentes reconocen que los jóvenes llegan bien preparados, porque provienen de academias musicales, como el conservatorio Antonio María Valencia y el Instituto Popular de Cultura.
El profesor González resalta el énfasis de la escuela en las clases de etnomúsica y en la composición e interpretación de música del folclor colombiano y latinoamericano”. La pianista y profesora Orfa Cruz y el docente Ricardo Cabrera comentan que Univalle se nutre de los jóvenes de provincia que tienen mucha relación con la música. A través de las bandas y los coros de los pueblos del Valle, ellos adquieren destreza para tocar los instrumentos.
Juan Manuel Calderón, percusionista y próximo a graduarse de la Escuela de Música, cree en el talento de sus compañeros, fomentado a través de la enseñanza individual con los maestros. El aporte de docentes extranjeros es otro de los pilares de la escuela. Allí, rusas, cubanos, estadounidenses, italianos y belgas brindan sus saberes desde otras culturas que enriquecen más el acervo musical de los estudiantes.