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Yo, cuyo nombre no interesa, identificado con un número que no recuerdo porque lo anoté en un papelito y se me cayó del bolsillo de mi chaqueta rota y vieja, redacto esta notificación para dar constancia escrita de mi deseo de renunciar a ti. Mi renuncia se debe a que no me siento con la capacidad emocional de cumplir con los requerimientos de tus caprichos… a pesar de que desee hacerlo, puesto que ya me siento agotado.
Estar tendido mirando al techo con este sabor de incertidumbre es una constante que se ha filtrado por los rayos de sol, por la oscuridad y el silencio del día, a través de la niebla densa que nos hace abrazarnos a nosotros mismos para que no se nos hielen los dedos, los pensamientos y los besos. Analizar cada momento, cada palabra, cada mirada, para en ella tratar de encontrar alguna esperanza, alguna razón para seguir adelante, una excusa que justifique cada detalle evidente que nos golpea en los recuerdos, en la cara, en los sueños, pero que incluso así queremos justificar; es inútil, lo sé muy bien, no lo puedo cambiar, es una parte que conforma la mecánica de mi cuerpo, la anatomía de mi alma, un programa que me instalaron en una borrachera, en una lluvia donde se me mojaron las palabras que se convirtieron en poemas húmedos y frágiles. Creo que en realidad siempre lo supe. A pesar del temor y la ansiedad que me producía esta debilidad latente. Perdí el control, mi cuerpo era impulsado por los sentimientos que crecían en un árbol bajo el otoño amarillo de la música que llevamos tatuada en nuestras cicatrices.
Desde el inicio quise detenerlo, quise detenerme, pero fui más fuerte, mis sueños son mucho más poderosos que mi razón, el anhelo inocente de encontrar a esa persona con la cual compartir un momento sentados en un parque viendo al cielo, compartiendo las diferencias, tomarnos de las manos y comparar el tamaño de las mismas, hablar de las canciones favoritas, de aquellos momentos que rasgaron nuestra vida y marchitaron nuestra piel, mirarnos directamente a los ojos y decir miles de cosas sin pronunciar palabra alguna, sin emitir algún sonido, disfrutar el aroma del momento y buscar un nombre con el que se pueda asociar, escoger una escena de una película para fotografiar en ella nuestro primer beso.
Todas esas ridiculeces que no puedo manejar. Todo aquello que tanto detestas, porque no es lo que esperas, no es lo que quieres, porque te excusas a ti misma, te das golpes en la espalda recordándote que me harás daño, que no tienes nada que ofrecerme. Pero es una total farsa, porque nadie se lastima más que tú, vives con un corazón seco, lleno de arena, lleno de cenizas, lleno de polvo, tan vacío y hueco.
Es cierto, puede que a mí me vayan a lastimar, que me ilusiono con cada palabra, que espero mucho de poco, que el romanticismo no sirve de nada en una sociedad donde el individualismo triunfó sobre cualquier idea relacionada con el amor. Hoy estoy completamente seguro de ello, tienes toda la razón, siempre la has tenido. Pero, ¿sabes? Mil veces prefiero tener esta sensación, estar confundido, disfrutar esa emoción que embriaga y distorsiona nuestro criterio, nuestra vida, todo aquello que fingimos al usar una máscara para no contrariar a las reglas sociales, para no despertar sospechas de que nos atrevimos a ser diferentes, a ser quienes queríamos ser y no quienes debíamos ser, siempre lo elegiría, aunque por las noches en mi soledad me envenene el alma y me pudra el corazón día a día, poema a poema, canción a canción, porque no podría ser como tú, me odiaría por eso, me repugna tan sólo pensarlo, aunque tenga el control de mis emociones, aunque sepa el final del libro sin siquiera leerlo o buscar frasecitas para escribirlas en la pared, aunque sepa el final de la película sin disfrutar sus imágenes o la actuación de cada personaje para sentirme identificado con uno, o quizás varios, aunque sea yo el que sonría ante las lágrimas ajenas, aunque hoy me quemen estas palabras, aunque me congele la frustración cuando recuerde que tenías razón.
Así es, lo elegiría sin dudarlo, porque no podría vivir resignado a no encontrar el amor, porque mi vida misma representa el amor que alguna vez hubo entre dos personas, porque cada nota que escribo, porque cada palabra que escucho es amor, y es por eso que hoy no puedo evitar sentirme mal, sentirme avergonzado e invadido por los interrogantes, pero, sobre todo, te tengo lástima, porque estás vacía por dentro, porque perdiste la ilusión, porque tus lágrimas se secaron y ahora es parte del maquillaje que usas para agradar a los demás, porque sé que te rasgará el alma recordar, en algún momento, cuando no estés rodeada de atención ni halagos, que hubo alguien que estuvo dispuesto a darte amor, a amarte, y tú preferiste dejarlo ir, preferiste ser quien no saliera lastimada, ser la ganadora de una batalla que nunca empezó. Eso es algo que yo jamás me perdonaría, espero que tú si puedas hacerlo, y espero, de todo corazón, que algún día encuentres el amor.
Te deseo muchísimos éxitos en todos tus proyectos.
Agradezco tu atención.
Con el corazón en la mano,
Alguien más que pasó por tu vida, cuyo nombre olvidarás tan pronto como conozcas a alguien más.
Nunca pensé que justo este invierno sería el más frío que he visto pasar, Yo no sirvo para amar.