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La historia no se escribe en un día, pero sí todos los días. Por eso, cuando surge la necesidad de echar la vista atrás para entender cómo y, sobre todo, por qué hemos llegado hasta aquí, la prensa se presenta como una ventana insoslayable. Jorge Cardona y María José Medellín lo entendieron así, y fue entonces cuando nació la idea de entregarle al país un nuevo libro de historia, esta vez contado desde la perspectiva del diario El Espectador. No solo porque ambos han dedicado parte de su vida a este periódico, sino porque en sus columnas están consignados casi 140 años de los acontecimientos más importantes de Colombia y del mundo.
“Sin medias tintas” (Aguilar) se presenta como un recuento detallado de los hechos que fueron noticia desde el martes 22 de marzo de 1887, día en el que salió a la calle el primer número de esta casa editorial, hasta julio de 2025, dos meses antes de la publicación del volumen. Arranca con los años de la Regeneración y, de ahí en adelante, pasa por la guerra de los Mil Días, la violencia bipartidista, el surgimiento de grupos armados ilegales, el auge del narcotráfico, la Constituyente, los procesos de paz y tantos otros momentos más. Pero más que una simple sumatoria de hechos, Cardona y Medellín se tomaron el tiempo de hilarlos como un gran relato que diera cuenta de cómo nos hemos formado como país.
Resumir todo lo que ha contado El Espectador en un libro que no superara las 500 páginas parecía una labor titánica, casi imposible. Sobre todo teniendo en cuenta que, para la misma tarea, el periódico había requerido alrededor de 700 tomos, cada uno con el equivalente a un mes de noticias. Para superar lo abrumador de la empresa, ambos autores recurrieron a un método en el que estaban bien entrenados. Uno que habían aprendido y aplicado rigurosamente al escribir cada día las historias de la sección judicial del periódico: ir directamente a los hechos, contextualizarlos y narrarlos en párrafos breves, que no tuviésen frases de más de tres líneas.
Así comenzaron su repaso por la historia del país, dentro y fuera del archivo. “Nuestro método era leer, definir qué noticias queríamos contar y, de cada una de ellas, ver qué había dicho El Espectador”, explicó Medellín. Para Cardona esta fue una tarea familiar, pues era la cuarta vez que debía hacer un recorrido completo por estos volúmenes. Según relató, en los treinta años que pasó en el periódico creía haber estado más tiempo entre estos inmensos libros que en la redacción. Esto le proporcionó un gran panorama que le permitió crear largas cadenas de acontecimientos concatenados en una red de relaciones mucho más compleja que una simple coincidencia temporal.
“El libro es un encadenamiento de noticias contextualizadas. Es decir, está construido con los acontecimientos que iban pasando y las circunstancias que los rodeaban”, explicó Cardona. Ambos partieron de la idea de que la historia no ocurría en el vacío para ir recopilando, año por año, los momentos que habían ido moldeándonos como país. Su enfoque principal estuvo en lo político y lo judicial, aunque, cabe aclarar, también dejaron espacio para las historias llamativas de la farándula, las crónicas rojas y los trofeos inolvidables que registraron los periodistas de esta redacción.
Tampoco pasaron por alto hitos literarios como los primeros textos de Gabriel García Márquez en el medio, especialmente aquel que don Guillermo Cano le pidió que escribiera sobre el caso de Luis Alejandro Velasco, el marinero que pasó diez días a la deriva después de que una tormenta acabara con el destructor ARC Caldas de la Armada Nacional en el que viajaba. O la aparición de obras como “Cuatro años a bordo de mí mismo”, que Eduardo Zalamea Borda escribió y publicó por entregas en este diario. Estos son apenas dos de los cientos que fueron dejando su huella artística entre los afanes de cada día, y a quienes este libro también rinde homenaje.
Y, por supuesto, “Sin medias tintas” no estaría completo al faltar la documentación de los obstáculos que diferentes esferas del poder quisieron ponerle a la prensa libre durante todos estos años. Los cierres temporales, el ojo implacable de la censura oficial y la violencia contra sus instalaciones y periodistas, incluido el asesinato del entonces director Guillermo Cano en 1986, fueron heridas que Cardona y Medellín recopilaron para contar esta historia. Pero, más allá de la tragedia, en este libro quedan consignadas como recordatorio de que no ha habido poder capaz de acabar con la libertad de expresión que aquí se ha defendido desde el primer día.
Un periódico que hace memoria
Ofelia Muñoz, jefa del archivo de El Espectador, fue clave en la creación de “Sin medias tintas”, pues acompañó a Cardona y Medellín durante los tres años que les tomó armar esta obra. “Aquí nada queda suelto. Todo comienza desde mucho más atrás y se va hilando hasta llegar a los hechos de cada día”, afirmó, mientras recordaba las largas sesiones en las que se sentaba con Cardona y Medellín a revisar los volúmenes del archivo. Aunque para ella lo más valioso del libro fue el reconocimiento al trabajo de todos aquellos que hicieron posible llegar hasta aquí, a un lugar de nuevos retos y dificultades, pero con mucho por hacer aún.
Para Medellín, además, el proyecto no solo implicó acercarse a la historia del lugar en el que trabaja, sino también al legado de su familia. “Fue un trabajo muy satisfactorio porque me hizo entender muchísimo más por qué los Cano somos así; por qué El Espectador es lo que es. No fue simplemente un tema de periodismo, sino de aprender sobre los seres humanos que han pasado por aquí”, afirmó. Este es justamente el punto en el que ambos coincidieron cuando se refirieron al mensaje que quisieron transmitir con este libro. Más allá de contar una historia que muchos han repetido en miles de textos, se trataba de enaltecer la labor de quienes dieron su vida para que usted y yo nos encontremos en estas páginas.

“Este es un homenaje a la libertad de expresión; a los periodistas que han logrado informar por encima de la violencia, de la insurgencia, del paramilitarismo, del narcotráfico y de la corrupción sin medias tintas, diciendo las cosas por su nombre”, afirmó Cardona. Y Medellín estuvo de acuerdo: “Si hay una lección que la gente puede tomar de este libro, quisiera que fuera que El Espectador hace memoria y que eso es lo que más nos puede salvar de esta tormenta de cambios en la manera de informar y de informarnos”. Es un legado de 138 años de historia de gente que dio su vida por sacar este periódico adelante y que ahora nosotros, una nueva generación de periodistas al frente de este barco, tenemos la obligación de honrar.