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Sobre un colectivo de dibujantes de historieta y la minga de 4mesas

El oficio del dibujante se sintetiza en una escena: la mesa de dibujo. Pocos planos se pueden registrar de ese solitario quehacer (y si hablamos del dibujante de historietas, hay que añadirle el adjetivo de “incomprendido” al oficio).

02 de septiembre de 2022 – 03:50 p. m.
Tras veinte sesiones de trabajo, los vínculos afectivos de veintiocho dibujantes se intensificaron a tal punto que decidieron organizarse y publicar su primera antología de narrativa gráfica: 4mesas (2020).
Tras veinte sesiones de trabajo, los vínculos afectivos de veintiocho dibujantes se intensificaron a tal punto que decidieron organizarse y publicar su primera antología de narrativa gráfica: 4mesas (2020).
Foto: Diana Gil)

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Esa sensación de aislamiento y marginalidad la plasmó en viñetas el historietista estadounidense Adrian Tomine en La soledad del dibujante (Roca Libros, 2020), como una manera de narrar, desde su cotidianidad, un sentir colectivo. De esa novela gráfica diría la escritora Margarita García Robayo que en ella hay “un individuo que se multiplica. Una primera persona leída, idealmente, como un conjunto de primeras personas”. Porque las vivencias de Tomine son las de muchos otros dibujantes de historietas, él no es el único “bicho raro”.

Para combatir y compartir esa soledad, desde la década de los noventa se han conformado varios grupos de historietistas en Colombia. Aunque en ellos se dan cita para dibujar, editar y publicar cómics nacionales, ante la adversidad de las condiciones funcionan a su vez como grupo de terapia. En los últimos años podemos encontrar, entre muchos otros, el Laboratorio de Historietas Intangibles de Pereira, La Chimenea de Medellín y el Laboratorio de Estudios Culturales Históricos y Espaciales –LECHE– de Cali. Luis Echavarría, integrante de La Chimenea, describe la creación que se lleva a cabo allí como un espacio “para tener la oportunidad de confrontar las ideas, socializar, mostrar, comparar y criticar”. Alguien a quien acudir –un interlocutor–, parece ser la premisa que une a los dibujantes de cómic.

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Fue así como en 2019 comenzó a gestarse un nuevo grupo bogotano, fruto del primer Taller Distrital de Narrativa Gráfica de Idartes, dirigido por la reconocida dupla de Pablo Guerra y Henry Díaz. Cuarenta solitarios dibujantes fueron seleccionados para integrar el taller y encontrar a un interlocutor en el proceso creativo. Tras veinte sesiones de trabajo, los vínculos afectivos de veintiocho de los cuarenta participantes se intensificaron a tal punto que decidieron organizarse y publicar su primera antología de narrativa gráfica con el mismo nombre del grupo: 4mesas (2020). Ese paso de alumnos a colegas, lo describe Pablo Guerra en el prólogo del libro con las siguientes palabras: “A medida que pasaban las sesiones, esos nombres dejaron de ser un dato, los párrafos se convirtieron en experiencias compartidas y el dibujo pasó a ser una herramienta para ordenar y desordenar el mundo. Ahora que el proceso ha concluido, los nombres son amistades comiqueras…”.

Con su primera publicación en las manos, 4mesas encontró un mecanismo, un modo de canalizar sus ideas para pasar del “yo” al “nosotros”, y una colectividad que trasciende a cada uno de sus integrantes. Durante las cuarentenas los asaltaron varias inquietudes de tipo existencial. Ya no importaba tanto el presente, sino delinear el futuro. En palabras de Rodrigo Bastidas, editor de Ediciones Vestigio, les interesaba “no tanto ubicarse en quiénes son, sino decidir en quiénes pueden llegar a ser”. Al compás de estas reflexiones publicaron la segunda antología: Pandora (2022). Bajo el tamiz de la ciencia ficción dibujaron narraciones gráficas de diferentes calibres, revestidas con distintos niveles de información. Como un organismo vivo, el grupo mutó de veintiocho a diecinueve integrantes en esta nueva entrega.

A diferencia de la primera obra, Pandora fue posible por una beca de Idartes que ganaron en 2021. Durante el proceso editorial primó la actitud deliberativa y argumentativa (tan escasa en estos tiempos); si bien no se ciñeron a una línea rectora en la edición, sí “hubo acuerdos, negociaciones de parte y parte. Fue un ritmo de trabajo interesante, bien bonito”, dice Henry Díaz, quien pasó de tallerista a dibujante en esta segunda publicación. Esta forma de trabajo, a base de votos de confianza, Rodrigo Bastidas la describe como “una minga de trazos y esbozos de historia”, porque identifica un objetivo común de resistir a un presente que parece absoluto, a partir de imaginar nuevos futuros: a veces cambiantes, esperanzadores o apocalípticos.

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Para dicho efecto, la antología comienza con el relato “Futuro pasado”, de Lina Cuéllar, una reflexión sobre la construcción del tiempo. Luego se decanta por criticar las futuras tecnologías opresoras, en “Nueva normalidad” de Henry Díaz, o los abusos policiales (porque la policía, así se encubra con otros nombres, policía se queda) en “Afuera” de Daniel Pineda. También se trazan nuevos universos, en “Uno” de Verónika Cháves y “No copy” de Pavel Molano. Entre tanta distopía, Juan Duarte opta por cambiar los hechos del pasado al introducir la figura de Gabriel Antonio Goyeneche como expresidente de Colombia en la década de los setenta. Y Diana Sarasti nos devuelve a nuestros orígenes: las comunidades indígenas. En todas las premoniciones que abundan en Pandora, la rutina y la cotidianidad no dejan de ser costumbres universales de la vida humana, como lo atestigua la presencia de los gatos que pululan en varias viñetas.

Entre la primera y la segunda antología de 4mesas ha corrido mucha tinta: los criterios de producción, edición e impresión de Pandora superaron las expectativas. Además, los propósitos del grupo son más evidentes en esta nueva forma de trabajo; no en vano, Juan Duarte expresa que “trabajar en equipo es más difícil, pero deja resultados más grandes que uno ir por su cuenta”. Ese sentido de conjunto que excede al “yo” es el embrión de futuras antologías y la promesa de una comunidad que, como apunta Rodrigo Bastidas, aspira a un modelo rizomático, donde cada parte se reproduce y multiplica en las otras, sin perder su autonomía.

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