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«Su sufrimiento no será olvidado»

Doris Salcedo recibió el Premio Hiroshima de Arte en reconocimiento a su obra, dedicada a construir memoria, a recordar a las víctimas.

Doris Salcedo, en su taller en Bogotá. / EFE
Doris Salcedo, en su taller en Bogotá. / EFE
Foto: EFE - Mauricio Dueñas

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“‘Experiencia’ viene de la palabra latina experiri’, que significa ‘prueba’; de la palabra latina ‘periri’, que significa ‘peligro’; y de la raíz indoeuropea ‘per’, que significa ‘cruzar’. Experiencia, entonces, es ‘cruzar a través del peligro’. Por eso mi obra no se basa en mi experiencia, sino en la de un otro. Yo vengo de Colombia, un país en donde sólo hay ruinas provocadas por las guerras, el imperialismo y el colonialismo. Soy una artista del Tercer Mundo, y desde esa perspectiva, la perspectiva de la víctima, la de los pueblos derrotados, es desde donde miro el mundo”, dijo Doris Salcedo en 2012, en un documental del canal de televisión Film and Arts.

La obra de Salcedo muestra aquello de lo que no se puede hablar. Hace presente una ausencia de la que el espectador sólo puede percibir su rastro sutil. La obra de Salcedo muestra la imposibilidad, en todo el sentido de la palabra, de acceder al hecho mismo. Lo único que queda es la insinuación de lo ocurrido (jamás su representación), la marca de un trauma que es común, porque es histórico, y es al mismo tiempo individual, íntimo y, para muchos, profundamente ajeno.

A través de la obra el pasado cobra vida, y el presente se cubre de muerte. Las piezas muestran lo que queda, el resto, el testimonio. Sin embargo, se trata de un testimonio fragmentario que no pretende sólo dar cuenta de lo sucedido, ni describirlo, sino marcar la ausencia y el límite de la representación misma: la omisión silenciosa ofrece una imagen, y sólo una imagen, de lo inimaginable, y provoca un efecto único, una belleza melancólica.

Por años Salcedo ha entrevistado a víctimas de la violencia. Va a su encuentro y recoge objetos. Luego, las obras se construyen sobre las palabras de los testigos, y en el proceso la artista hace cosas imposibles, como bordar pelo sobre madera en Unland. “Claro que es un gesto demente, absurdo y un desperdicio enorme de energía. Trabajé en esas piezas con un equipo de quince personas por tres años sin parar”. Esa fue su forma de mostrar cómo, en este país, se desperdicia la vida. Aprendió que en el arte todo es particular y que el dolor privado debe ser transformado en algo público, porque responde a un problema social. Guerra, destrucción, muerte, desplazamiento forzado, pobreza, desaparecidos… Todo forma parte de nuestra historia, y es de lo que hablan sus obras.

Fue testigo del ataque al Palacio de Justicia. En ese entonces, dice, los límites de la violencia parecían haberse perdido en Colombia. La idea de la instalación inspirada en ese acontecimiento consistía en seguir el tiempo del ataque. Comenzó a las 11 horas 35 minutos, porque a esa hora mataron a la primera persona. Varios objetos se fueron deslizando sobre la fachada del palacio reconstruido, y el tiempo se convirtió en un elemento esencial en la obra: duró 53 horas, igual que la toma del Palacio.

Con Shibboleth quiso inscribir dentro del edificio modernista y racionalista de la Tate en Londres una imagen que fuese caótica y que marcase un espacio negativo. “Quería hablar de una brecha perceptible, sobre todo en la historia de la modernidad. Quería que esa grieta quebrase el edificio, que irrumpiese en él, casi del mismo modo en que un inmigrante no blanco irrumpe en la monotonía y en el consenso de la sociedad blanca. Usé la palabra bíblica porque se refiere a la experiencia del racismo, a la experiencia de cruzar fronteras, a la experiencia del inmigrante. ¿Qué es morir en el intento de cruzar una frontera?”.

Una palabra describe su obra: “impotencia”. Se declara impotente, y a la vez completamente responsable de lo que sucede. “Simplemente llego demasiado tarde. No puedo devolverle a nadie su madre o su hijo, no puedo hacer nada. Pero, como una persona que carece de poder, me enfrento a quienes tienen poder y manipulan la vida. Desde esa perspectiva, desde la de quien no tiene poder, es que miro a los poderosos y sus actos”.

Esta semana Doris Salcedo recibió el Premio Hiroshima de Arte, y creó dos instalaciones para el Museo de Hiroshima. Una de ellas es una escultura construida a partir de cientos de pétalos de rosa que representan la fragilidad de la vida. Las instalaciones, que evocan la tragedia de la bomba atómica de 1945, estarán exhibidas hasta el 13 de octubre. Ahora lo que le espera es una retrospectiva titulada “Doris Salcedo” en el Guggenheim de Nueva York, que se llevará a cabo el próximo año.

saramalagonllano@gmail.com

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