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Triunfo para el público

Una convocatoria de la Secretaría de Cultura de Bogotá beneficia a 11 teatros para que mejoren su infraestructura. El R101 se llevó el botín más grande.

Así luce el teatro R101, fundado en febrero de 1995. / Cortesía R101
Así luce el teatro R101, fundado en febrero de 1995. / Cortesía R101

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Casi dos décadas atrás, un grupo de apasionados por el arte quiso formar un teatro en Bogotá. Varios de ellos, egresados de la Universidad de los Andes, bautizaron al grupo R101, para recordar siempre el salón de clase en el que ensayaban cuando fueron estudiantes. Por la utopía, por hacerle caso a los sueños, por la esperanza de vivir de lo que a uno le gusta, por creer en la imaginación y la fantasía, 25 personas decidieron unirse alrededor del arte. Hoy sólo quedan cinco.

El movimiento teatral en Colombia suele asociarse a luchas titánicas, a esfuerzos sobrehumanos de los amantes del arte. En Bogotá, a diferencia de muchas de las regiones del resto del país, existe una mayor oferta de espectáculos para el público. Según el Instituto Distrital de las Artes (Idartes), en 2013 se realizaron 196 espectáculos públicos de artes escénicas en la ciudad.

El actor Julián Román encontró una razón para el incremento: “Las malas condiciones en televisión nos movieron de nuevo hacia las tablas”. Pero eso no significa que no sea maratónico sostener un teatro en la capital. Usualmente, detrás de cada función hay un grupo de gestores comiéndose las uñas y arañando recursos entre privados y distintas instituciones.

A Hernán Parra Rojas, director del R101, se le vuelve un nudo la cabeza intentando recordar un momento difícil en los años de existencia de su colectivo. “Es que hemos vivido de manera constante en crisis”, afirma. “Durante 19 años, la lucha por la sostenibilidad y por consolidar un lenguaje estético en un país como este ha sido permanente”. Pero ahora, la casa del teatro R101, que los aloja desde 2001, será propia, y con eso disminuirá drásticamente el sufrimiento.

La Ley de Espectáculos Públicos, de 2011, establece que sobre las boletas superiores a $83.000 se cobra un impuesto del 10%. El año pasado Bogotá se convirtió en la ciudad que más dinero recaudó y gracias a ello la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte abrió una convocatoria dedicada al fortalecimiento de la infraestructura de los escenarios locales del teatro.

“La contribución parafiscal proveniente de los espectáculos públicos permite que los pequeños y medianos escenarios de la ciudad puedan recibir recursos para mejorar tanto en infraestructura y condiciones técnicas como en la calidad de los espectáculos, ofreciendo total seguridad a sus espectadores”, dice Clarisa Ruiz, secretaria de Cultura.

El R101 fue uno de los espacios ganadores. “Estábamos en arriendo y carecíamos de los recursos para comprar la casa. Queríamos que la ley nos diera el empujoncito que necesitábamos y darle a la ciudad un lugar para la creatividad”.

Un “empujoncito”. Eso suele ser lo que buscan los teatreros en Colombia. Pero ¿qué tanto deben intervenir las instituciones públicas en la protección del arte?

En abril de 2012, el columnista Héctor Abad Faciolince escribió una diatriba contra el teatro, en la que decía, entre otras cosas, que muchos de los teatreros en el país se acostumbraron a vivir de la “teta pública”. “Cuando el teatro estaba vivo y era una fuerza retadora importante, las autoridades lo combatían, lo atacaban como una actividad nociva para las costumbres, incluso lo prohibían. Hoy, en cambio, como las salas están vacías aunque sea gratis, las autoridades lo tienen que financiar, patrocinar, promocionar”, escribió.

Casa E, uno de los pocos ejemplos de una casa teatral que vive de las entradas y la asistencia del público, también vio la necesidad de presentarse a esta convocatoria y resultó ser otro de los ganadores. Con el premio, producto de la ley, podrá remodelar y mejorar el espacio. Otros de los ganadores son la Casa Teatrova, Arlequín y el Teatro Barajas.

Para Hernán Parra, “constitucionalmente es deber del Estado proteger el patrimonio cultural del país. No se trata de asumir una posición asistencialista, ni los hacedores estamos pensando en vivir del Estado. De lo que se trata es de vernos como pares, de promover desarrollo por lado y lado”.

En un país en el que el hambre y la guerra deben concentrar los esfuerzos de las instituciones, el R101 da la pelea y gracias al Estado y a su esfuerzo compra una casa que seguramente se llenará de espectáculos independientes, novedosos y entretenidos en una ciudad en la que, históricamente, el movimiento teatral ha sido determinante.

mariangelauc@gmailcom

@mariangelauc

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