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“Un día, uno encuentra lo que realmente lo emociona; a mí me parece una nota presentar mis espectáculos en grandes escenarios como el Jorge Eliécer Gaitán o el Colón, son experiencias increíbles, pero lo que más me apasiona es llegar donde otros no llegan, al barrio, al pueblo, no importa el lugar o lo lejos que esté”, me cuenta Luis (Lucho) Guzmán en medio de un café, que llevamos meses aplazando.
Él es payaso, de padre tolimense y madre antioqueña. Su familia, por diferentes circunstancias de la vida (violencia y desplazamiento), se radicó en Bogotá, exactamente en el barrio Lucero Alto de Ciudad Bolívar; estudió en un colegio distrital y después en el SENA, pero fue Circo Ciudad con los malabares, los zapatos grandes, las acrobacias, las risas y por supuesto la nariz roja lo que realmente definirían su futuro. Fueron cuarenta jóvenes los que se dejaron cautivar por el programa de formación en circo, de los cuales solo dos aún están en Colombia.
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Guzmán lleva más de diez años recorriendo el mundo, ha estado en 17 países, en lugares tan diversos y alejados como Kakuma, el campo de refugiados más grande del mundo ubicado en Kenia (África), o en Antigua (Guatemala), tras la erupción del Volcán de Fuego en el 2018; su objetivo, llevar momentos de alegría a aquellos que han pasado por situaciones de violencia o catástrofe natural. Desde el 2009 es parte de Payasos Sin Fronteras, una organización internacional sin ánimo de lucro que reúne a payasos del mundo para actuar en zonas de conflicto o emergentes. Pero más allá de conocer lugares y culturas, esta experiencia de voluntariado le ha permitido ponerse una meta: recorrer Colombia con sus historias y payasadas.
“Yo creé una obra, Ceniza, pensando en la resignificación de la muerte y la soledad, tocando el tema del conflicto, porque a mí también me ha tocado, es triste. Habla de la guerra, pero también hace reír, aunque el trabajo de un payaso no es hacer reír, es crear emociones, es llevar al espectador a otro lugar”.
En noviembre del 2018, gracias al programa de Itinerancias Artísticas por Colombia, del Ministerio de Cultura, llevó este unipersonal payaso a varias poblaciones del sur de Tolima. “Al principio fue muy difícil, pues aunque es una obra para un solo actor, la escenografía es inmensa, además se debe llevar todo: sonido, luces y hasta cámara de gas. La idea es que el público se sienta como en un teatro de una gran ciudad; nos hemos presentado en canchas, coliseos, al aire libre y hasta en una caseta comunal” .
Sea en Colombia o en otro país, nunca faltan las preguntas: ¿qué hacen? ¿Por qué? ¿De dónde son? ¿Para dónde van? ¿Quién los autorizó? La gestión de permisos es difícil y los trámites, demorados. “Casi perdemos la beca por un papel. En ocasiones pienso que a algunos funcionarios no les importa, pero siempre aparecen ángeles, personas que nos ayudan, que nos motivan. En una de las últimas funciones en Ataco, un chico llegó con una gaseosa para nosotros. En esas zonas, las personas son muy tímidas; fue muy bello, nos hace comprometernos más. En otro pueblo, teníamos la función a las tres de la tarde y estábamos a varias horas de distancia, atascados en una trocha, pero logramos llegar. Como es una obra tan grande, yo siempre dedico un día al montaje técnico en un teatro en Bogotá, pero cuando uno viaja, eso debe pasar a una hora, debe quedar todo listo: los efectos, el sonido, la escenografía. En otro lugar nos tocó desmontar súper rápido, no nos permitieron quedarnos a dormir por temas de seguridad. Me ha tocado hacer de todo, hasta salir en moto y hacer perifoneo, para que el público se entere”.
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Cuando estaba en Ciudad Bolívar, aprendiendo el difícil arte de emocionar, Guzmán soñaba con tomarse un café en Londres. Ese sueño se cumplió hace un par de años. Fue sin prisa, tranquilo y saboreándolo. Sus amigos le dicen que se vaya, que es bueno, que tiene grandes posibilidades, que no siga volteando, pero él les responde que alguien debe hacerlo, que alguien debe ir a esos lugares, pasar el susto, que quizá su obra es pequeña, simple, pero que cree que aporta si logra hacer sonreír por un momento a una persona, si logra que se conecten con la vida, con las ganas de seguir.