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Un piano formal pero improvisado

La venezolana Gabriela Montero se presenta en el Teatro Julio Mario Santo Domingo con la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Baldur Brönnimann.

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La madurez le trajo grandes sorpresas a Gabriela Montero. En esta etapa de la vida se dio cuenta de que la improvisación estaba prácticamente erradicada de la música clásica y que eso que ella hacía desde los ocho años, cuando decidió que quería dedicarse al piano, era exótico. En los tiempos de Mozart, Beethoven y otros grandes maestros del arte, la improvisación era un componente esencial dentro del desarrollo del discurso musical, pero en la actualidad el afán de ceñirse a una partitura dejaba muy poco a la expresión del momento. Gabriela Montero no quiso ser una más de la larga fila de intérpretes apegados a la perfección y diseñó un espectáculo en el que todo el segundo segmento de su recital está dedicado a la improvisación. Entonces le pide al público que le cante una pieza conocida, interpreta la melodía un par de veces y después se concentra en hacer que a través de sus manos fluyan notas concatenadas con armonía. Y en ese ejercicio de total exigencia artística ha tenido mucho que ver su instrumento. “Mi piano tiene las cuerdas rotas. Es que me he mudado tantas veces a tantos países distintos que el pobre está muy sensible y cada vez que lo toco fuerte, él lo siente. Mi piano es un esposo temperamental. A veces se porta bien, a veces tiene sus rabietas, se descompone porque tiene carácter propio. Sin embargo, a mí me gusta mi piano porque no es perfecto y eso me obliga a trabajar profundamente en la búsqueda de colores. Me gusta la imperfección”, comenta Gabriela Montero, a quien casi le toca cancelar su visita a Colombia por un accidente en el aeropuerto de Boston mientras se desplazaba por una de las pasarelas mecánicas. Un fuerte golpe en la espalda la inmovilizó durante diez días, tiempo en el que pensó que en Bogotá no debía interpretar a Serguéi Prokófiev sino a Sergey Rachmaninov. “Yo escojo los repertorios por procesos personales. Hay épocas de la vida en las que me siento más cercana a algún compositor. En las partituras están los secretos, los colores, las voces que el compositor quería exponer, y mi labor como artista es darle vida a ese sonido. La forma en la que toco Lecuona es muy diferente a como toco Brahms, pero la música está ahí y habla por ella misma”, dice Gabriela Montero, quien en los momentos de improvisación se siente en neutro y capaz de atentar contra su propia madurez. Sábado 24 de septiembre, 8 p.m., con Orquesta Sinfónica Nacional. Domingo 25, 11 a.m., recital piano solo. Teatro Julio Mario Santo Domingo, calle 170 Nº 67-51. Tel. 593 6300 y www.tuboleta.com

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