Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Las cosas fáciles ya están hechas. Por lo menos eso es lo que piensa el maestro santandereano Jaime Guevara y por eso asume retos grandes, complejos y dispendiosos. Desde hace varios años tiene en la cabeza la idea de esculpir en una de las mesetas de la Mesa de los Santos, en pleno Cañón del Chicamocha, las figuras de siete personajes importantes para los procesos libertarios en América Latina.
Guevara siempre se refiere a su sueño como el ‘Monumento a Latinoamérica: grito a la libertad’ y su intención es la de abonar el terreno para que este continente sea una región fraterna a través de la cultura.
“La palabra nos hace libres, el arte nos da fuerza y las letras nos hacen sabios. Eso es lo que me motiva a quitarle a la montaña lo que le sobra y agregarle el toque mágico del hombre”, manifiesta el maestro.
La montaña tiene sobre el río Chicamocha 1.200 metros de altura y las zonas a intervenir corresponderían aproximadamente a 135 metros.
Las condiciones geográficas y topográficas de Colombia han sido cómplices directas de Guevara, pues él considera que las cabezas ya están ahí, pero la montaña es como aquel diamante en bruto que si no se pule no se ve hermoso.
“Cada cabeza tendría 70 metros de altura y un espesor de tórax de 60 metros para que se pueda apreciar a una distancia de 15 kilómetros. La piedra está fragmentada y si jugamos con la luz del poniente y del saliente podemos crear sombras y eso nos ayudará mucho. Nunca hemos pensado en ponerle dinamita a la montaña ni nada de eso. Es un monumento al hombre y a nosotros mismos”, manifiesta Jaime Guevara.
Personajes relevantes como Simón Bolívar, José Antonio Galán, José Martí, Alejandro Petión y el Cacique Moctezuma hacen parte de este proyecto que además de ser escultórico, incluye labores ingenieras y mineras. Con el paso del tiempo se trata de consolidar en el Cañón del Chicamocha, el primer templo al arte en América Latina.
La meta para el año entrante es complementar los estudios geológicos y topográficos de la zona a intervenir. Por lo pronto, ya se tiene la autorización del Ministerio de Minas, que otorgó un área libre de 648 hectáreas y falta que el Ministerio de Cultura declare esa región como zona cultural. Es todo un proyecto de dimensiones monumentales y tal como le gusta a Guevara, en condiciones adversas y difíciles.