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Premisa del apocalipsis digital: todo se acabará por culpa de la tecnología. Premisa del evangelio digital: todo será mejor gracias a la tecnología. Ninguna de las dos, aunque un poco de ambas, tal vez.
Quizá sobra decirlo. La fotografía es uno de varios oficios (incluyendo el de hacer periódicos) que ha sufrido una especie de revolución instantánea, si se quiere, por cuenta de los cambios en los formatos, en la técnica: una modificación en los aparatos y las máquinas que ha desencadenado una reconversión de una forma que evolucionó por varias décadas dentro del reino de lo análogo.
En la mitad entre la histeria y el optimismo se paran una serie de iniciativas y herramientas que buscan, en el fondo, seguir haciendo fotografía.
Pixyness es un portal colombiano que, en pocas palabras, intenta aumentar el espectro de acción de la fotografía al convertirla, más que sólo el complemento de un trabajo periodístico, en un elemento decorativo; una forma de arte para un espacio.
El usuario entra al sitio web, ojea el portafolio, escoge algo que le gusta, selecciona el tamaño que más le convenga, paga y a la vuelta de unos días, la fotografía, enmarcada y numerada, llega al lugar en donde va a reposar.
Puede que no resuelva conflictos en países tropicales, ni que impulse el cambio político en lugares dominados por oscuros regímenes, pero la idea detrás de la plataforma puede resultar muy atractiva para los fotógrafos: un espacio de mercado para conectarse con otras audiencias, lejos de las galerías y los agentes de arte.
Uno de los ángulos más interesantes, hablando de la herramienta como tal, es la posibilidad de utilizar realidad aumentada para observar cómo quedaría una obra determinada en el espacio que el cliente tiene pensado para ella. Si bien esta es una tecnología que muchos consideran aún inmadura, resulta muy útil para ofrecer una respuesta más certera a la pregunta de ¿qué se vería bien en esta pared?
La aparición de sitios como Pixyness podría ser un indicativo de un interés creciente en una forma de arte que crece en alcances, audiencias e impacto.
En medio de los gritos de quienes claman el fin del libro y el papel, personas como Henry Jacobson, fotógrafo y realizador visual norteamericano, logran recaudar más de US$18 mil para imprimir un libro de fotografía que documenta tres años de un errático recorrido por el planeta para ofrecer una visión personal e íntima del mundo, todo hecho con un iphone, el teléfono celular de Apple; el libro será publicado por Daylight Books este año en Estados Unidos.
El experimento de Jacobson se inscribe en la línea de lo realizado por Damon Winter, fotógrafo de The New York Times, quien en 2011 se hizo con uno de los premios de Picture of the Year International con un trabajo realizado con Hipstamatic (una aplicación para dispositivos móviles como iphone) o Dan Chung, reportero gráfico del diario inglés The Guardian, quien registró los pasados Juegos Olímpicos de Londres exclusivamente con su teléfono celular.
Todo esto sucede a la par de la revitalización de Flickr (la red social de fotografía propiedad de Yahoo!) o los récords alcanzados por Instagram: más de 80 millones de usuarios que han subido a esta herramienta más de cinco mil millones de imágenes; estas cifras fueron logradas al menos hasta que la compañía decidiera lanzarse el mes pasado al precipicio de la infamia con los cambios que propuso en sus términos de uso, pero, bueno, esa es otra historia.